PIN…UNA DE CAL…
Nos guste o no su música, Prince es un artista como la copa de un pino; genio y figura capaz de tocar el cielo, a pesar de medir poco más de 1m 50cm. Tras casi 30 años de andadura musical, y más de 25 discos publicados, sólo podemos echarle en cara esa debilidad -justificada- por los tacones de plataforma.
Profética muestra de talento fue ‘For You’, su debut en 1978, en el que Prince tocaba él mismo los nada más y nada menos que 27 instrumentos que se escuchan en el disco. Y es que desde sus comienzos, el de Minneapolis siempre ha mirado por innovar y superarse como músico, sin importarle abrirse a nuevos estilos -como la new-wave, el pop, el rock, el blues, el jazz y el hip hop-, que poco a poco se fueron incorporando a las raíces R&B, soul y funk de sus primeros trabajos.
Prince ha sido y es todo un modelo de desenfreno creativo, esfuerzo y audacia, recompensado con el respeto de grandes maestros como Maceo Parker o el mismísimo Miles Davis, quien llegó a decir de él que era ‘‘el artista más excitante que jamás hubiera conocido’’, añadiendo que ‘‘bien pudiera llegar a ser un nuevo Duke Ellington’’. Y el Sr Davis -uno de los mejores trompetistas de toda la historia- sabía un rato de música.
Pero es que aparte de componer mucho y bien -¿quién no recuerda ‘Purple Rain’, o el ‘Nothing Compares To You’ que le regaló a Sinéad O´Connor?-, Prince ha demostrado ser un hombre de principios, furiosamente en contra del aplastante poder de ciertas discográficas. Cambiar el nombre de Prince por el de un símbolo que fusionaba el masculino y el femenino no fue un mero capricho de mega-estrella aburrida del éxito, sino una forma de contraatacar a la Warner, quien, según Prince, se había apropiado sin derecho de su nombre (aquel con el que fue bautizado en honor a la banda en que tocaba de joven su padre, la Prince Rogers Trio) para convertirlo en una marca.
A pesar de que su lucha contra Warner le haya valido disgustos (pérdida de interés mediático, etc.), Prince ha sabido hacer frente a las complicaciones: en 2000, al finalizar su contrato legal con la Warner, recuperó por fin su nombre; en 2004 entraba en el Rock and Roll Hall of Fame y en 2006 en el UK Music Hall of Fame. Por mucho que digan algunos, el príncipe sigue conservando su corona.
PON…Y OTRA DE ARENA…
Nadie niega que en un momento dado Prince llegó a ser un genio. Apurando un poco, podríamos llegar a afirmar que durante una década -la que va de finales de los setenta a los primeros balbuceos de los noventa- no hubo músico más excitante y original que él. Durante dicho periodo el de Minneapolis publicó álbumes clásicos como ‘For You’, ‘1999’ o ‘Sing ‘O’ The Times’; trabajos que redefinieron la música negra y cuyos resultados han sido mil veces imitados, y pocas veces superados, con posterioridad.
Pero a partir de entonces la cosa cayó en picado. Dicen que la culpa la tuvo Warner, compañía discográfica encargada de publicar las primeras obras del artista, que en su afán por controlar la carrera de Prince se encontró con un artista que no sólo se cambió de nombre (aquel famoso símbolo que unía lo masculino y lo femenino) sino que además se dedicaba a grabar cualquier cosa que se le pasara por la cabeza con el fin de publicarla y librarse cuanto antes del leonino contrato firmado con la multinacional. Cosas de tener un estudio propio.
Consecuencia: discos mediocres que provocan la pérdida de interés por parte de público y medios mientras aumenta progresivamente el cabreo con el mundo de un Prince que se siente atacado por todos los lados y comienza a ver conspiraciones allí donde sólo hay sequía creativa. Y ya sabemos lo que implica tener a un genio, o a uno que se lo cree, en dicho estado: caprichos, caprichos y más caprichos.
Líbreme yo de quitar toda culpa al sello, pero bien es cierto que una vez libre Prince no ha demostrado estar a la altura de su leyenda. Lograda la ansiada independencia, el pequeño multiinstrumentista creó su propio sello; pero no tardó en darse cuenta de las dificultades que dicho paso conllevaba. De manera que, viendo los escasos resultados obtenidos, finalmente ha vuelto a caer en manos de una multinacional de la música a la que luego se la juega de mala manera en el Reino Unido poniendo su nuevo disco a la venta junto al periódico de los domingos.
Y es que no hay quien le entienda. Como no hay quien comprenda que, visto su bagaje pasado, Prince se empeñe en publicar canciones como esa ‘Guitar’ elegida como primer single de su nuevo álbum, ‘Planet Earth’ (Sony-BMG, 07). Un tema que desde luego no merece figurar al lado de clásicos de la talla de ‘When Doves Cry’ o ‘Rapsberry Beret’.
