Espacio publicitario
terra.es Blogs Oficiales

Artículos - julio 2007

# jueves, 26 de julio de 2007 12:21

MARTA SÁNCHEZ

PIN…UNA DE CAL…

Tanto la crítica como la opinión popular pueden llegar a causar injustos estragos en la vida profesional de algunos artistas. Sin motivos aparentes, se obsesionan negativamente con un actor, un escritor o, en este caso, con una talentosa vocalista. Aprovechando la fuerza mediática que poseen, agarran a la víctima en cuestión para sacarle los colores ante un influenciable e insolente público.

De hecho, aquellos inadmisibles ataques nacen de misiles sin argumento, quizá elaborados para satisfacer las ansias de una cínica sociedad necesitada de blancos a los que ridiculizar. Porque la trayectoria de la citada cantante expone un sufrimiento y una lucha sin cuartel para hacerse con un sitio en el concurrido mundo de la música. Y a pesar de las múltiples dificultades perversamente colocadas en su camino, esta madrileña logró sentarse en el trono de un estrellato feliz de compartir espacio y tiempo con la diva del pop español por excelencia.

Además, no todo el mundo puede presumir de haber colaborado con músicos internacionales de la talla de Slash (guitarrista de Guns’N’Roses), Alaska, o Andrea Bocelli entre otros. Por lo tanto, si añadimos además el enorme éxito del que está disfrutando con su último trabajo publicado bajo el nombre de ‘Miss Sanchez’, sobran motivos para declarar, de una vez por todas, la jerarquía de su carrera profesional dentro de la cultura de nuestro país.

Y para los eternos escépticos, aún les quedan esperanzas para dar un vuelco de 180 grados a sus infundadas opiniones. La gira actual les ofrece la oportunidad de acudir, disfrutar y darse por fin cuenta de la grandeza y belleza de uno de nuestros patrimonios nacionales.

PON…Y OTRA DE ARENA…

Dice Alaska, otra que tal, que Marta Sánchez es la gran "estrella del pop nacional". Pues qué quieren que les diga: que si así es, apañados vamos. Claro que, en el fondo, eso no sería más que un reflejo de la escasa cultura musical que tenemos en este país. Cosa que poco a poco y gracias a las nuevas tecnologías (algo bueno tenían que tener) parece ir subsanándose.

En todo caso, que la también llamada ‘reina del pop español’ tenga ya 41 tacos resulta, cuanto menos, contradictorio. Y, una vez más, espejo de lo mal que van las cosas por aquí. Marta Sánchez parece además sufrir un complejo de Peter Pan que la lleva a lucir -a estas alturas- peluca chillona, minifalda, escote y plataformas (sólo tenéis que acudir a su último vídeo) cuando lo más recomendable sería ir pensado en la jubilación o el cambio de registro artístico.

No sé si es culpa o no de la propia Marta Sánchez. En realidad, ella no es nueva en el negocio y algo debe de saber acerca del mismo. Lleva en ello desde mediados de los ochenta, cuando debutó con Cristal Oskuro antes de sustituir a Vicky Larraz en Olé Olé. Y cuenta con siete álbumes en solitario; el último de ellos, como casi todos los anteriores, un éxito de público ninguneado por la crítica.

Razones para ello hay varias. Entre ellas, el llegar siempre tarde y mal a las últimas modas importadas desde extranjero (para cuando ha querido recuperar los ochenta, dicha tendencia ya estaba más que superada); la de mimetizar los pasos de estrellas del firmamento musical internacional (y no miramos a cierta cantante pop estadounidense de origen italiano); o la de, como ha ocurrido recientemente con Depeche Mode, apropiarse de la música de otros para perpretar verdaderos atentados sonoros (échenle parte de la culpa en esto a Carlos Jean; o, dime con quien vas y te diré de qué pie cojeas).

Súmenle a lo anterior una modestia olvidada en la puerta de casa (“soy la mejor cantante de este país, sinceramente”: una bonita voz no significa ser la mejor) y cierta disposición a ausentarse de la realidad más palpable (“voy a seguir arriesgándome en la música; gracias al riesgo llevo tantos años cantando”: ejem, que alguien me explique donde está el susodicho riesgo en su música) y obtendrán un producto cuyo mejor escaparate sigue siendo el papel couché en lugar del escenario.


# jueves, 19 de julio de 2007 8:55

MANÁ

PIN…UNA DE CAL…

Mucho antes de alcanzarnos el fenómeno ‘Paulina Rubio’, la banda mexicana Maná ya ejercía de triunfante embajadora de los ‘oralés’ y ‘güeys’. Canciones como ‘En el muelle de San Blas’, ‘Hechicera’ o ‘Clavado en un bar’ hacían retumbar las radios europeas, allá por el 96. Y ‘Sueños Líquidos’, disco en el que se contaban todos estos pelotazos, se convertía en catapulta planetaria de los guadalajarenses.

¿Éxito y laureles fueron merecidos? Sí. Primero, por avalar el triunfo los tres Grammys estándar y los 5 Grammys Latinos que descansan con orgullo en el salón de algún Maná. Segundo, por vender la friolera de 22 millones de discos en todo el mundo. Y tercero, porque a pesar de dejarse llevar a veces por sus ‘yos’ más almibarados, véase en ‘Vivir sin aire’ –uno de los temas más solicitados en La Gramola y emisiones sucedáneas, en las que chico demuestra su amor a chica regalándole una canción- los mexicanos no olvidan sus raíces rockeras (las mismas que les llevaban a versionar a sus idolatrados Led Zeppelin en tiempos de Sombrero Verde, su anterior formación). ¿Si no de qué iba seguir Fher, el vocalista, con sus zarrapastrosas greñas?

Señores, súmenle a esto su buen par de obras y sociales y críticas anti-gobierno y el cielo estará ganado. Bien conocida es la fundación Selva Negra, que creara la banda en 1995 con el objetivo de salvaguardar la flora y fauna americanas, que ya ha salvado la vida de más de un millón de tortuguitas marinas del Pacífico. Así como el apoyo de los rockeros mexicanos al ideal independentista puertorriqueño, o las críticas al gobierno del ex - presidente Vicente Fox, por no promover mejoras en la educación sexual y el acceso a los anticonceptivos en México.

Hay quien piensa que Maná tuvo su momento en los noventa, y se esfumó. Pero con esto del cambio climático y los desastres ecológicos que nos vienen encima, me da a mí que el rollito ‘rockeros concienciados’ bien pudiera seguir triunfando…

PON…Y OTRA DE ARENA…

A pesar de sus aires de adulto, Maná se merece el mismo trato que todas aquellas formaciones post-adolescentes patrocinadas por emisoras radiofónicas tan infectas como ‘Los 40 Principales’. Sus canciones desbordan inverosímiles lamentos, seduciendo así a un público engañado por aquellas absurdas y superficiales declaraciones de amor. De hecho, existe un grave error de apreciación en el seno de nuestra sociedad, cuyo concepto de la palabra 'poesía' resulta totalmente equivocado. Si los versos de Maná consiguen enamorar, urge contrastarlo consultando obras de Baudelaire o escuchando letras de Leonard Cohen.

Aunque la salud cultural del pueblo deja mucho que desear, sería importante recordar que la literatura no se cierra a novelas como El Código Da Vinci, Los Pilares De La Tierra o demás barbaridades. Porque si la multitud saliese de la burbuja mediática, se toparía con fértiles jardines dispuestos a ofrecer sus mejores productos de una incomparable calidad. Pero para ello, es imprescindible atreverse a romper con los moldes de la comodidad, ofrecidos por aquellas composiciones sencillas e irreversiblemente cursis.

Al igual que otros músicos como Juanes, el uso tan recurrente de términos como ‘sol’, ‘lágrimas’, ‘corazón’, ‘labios’, ‘pecho’, ‘boca’, ‘mar’, ‘ojos’ o ‘cielo’ entre otros, provoca unas justificadas arcadas cuyo vómito acabará recubriendo los agujeros negros de esta formación mexicana. Ingenuos cegados por el éxito, pretenden desprender una fragancia floral pero solo logran salpicar sus discos con un ligero toque a ambientador de gasolinera.

En definitiva, mientras ciertas multinacionales sigan alimentando al demonio, los inocentes seguirán soportando como pueden esas atroces melodías resonando tanto en los supermercados, como en casa de aquel vecino con el que uno lleva años sin hablarse. Por ello, llegó el momento de unirse a la lucha pacifista contra toda señal de monotonía y falta de originalidad gritando alto y fuerte ¡Pop sí, Maná no!




# jueves, 12 de julio de 2007 11:55

PRINCE

PIN…UNA DE CAL…

Nos guste o no su música, Prince es un artista como la copa de un pino; genio y figura capaz de tocar el cielo, a pesar de medir poco más de 1m 50cm. Tras casi 30 años de andadura musical, y más de 25 discos publicados, sólo podemos echarle en cara esa debilidad -justificada- por los tacones de plataforma.

Profética muestra de talento fue ‘For You’, su debut en 1978, en el que Prince tocaba él mismo los nada más y nada menos que 27 instrumentos que se escuchan en el disco. Y es que desde sus comienzos, el de Minneapolis siempre ha mirado por innovar y superarse como músico, sin importarle abrirse a nuevos estilos -como la new-wave, el pop, el rock, el blues, el jazz y el hip hop-, que poco a poco se fueron incorporando a las raíces R&B, soul y funk de sus primeros trabajos.

Prince ha sido y es todo un modelo de desenfreno creativo, esfuerzo y audacia, recompensado con el respeto de grandes maestros como Maceo Parker o el mismísimo Miles Davis, quien llegó a decir de él que era ‘‘el artista más excitante que jamás hubiera conocido’’, añadiendo que ‘‘bien pudiera llegar a ser un nuevo Duke Ellington’’. Y el Sr Davis -uno de los mejores trompetistas de toda la historia- sabía un rato de música.

Pero es que aparte de componer mucho y bien -¿quién no recuerda ‘Purple Rain’, o el ‘Nothing Compares To You’ que le regaló a Sinéad O´Connor?-, Prince ha demostrado ser un hombre de principios, furiosamente en contra del aplastante poder de ciertas discográficas. Cambiar el nombre de Prince por el de un símbolo que fusionaba el masculino y el femenino no fue un mero capricho de mega-estrella aburrida del éxito, sino una forma de contraatacar a la Warner, quien, según Prince, se había apropiado sin derecho de su nombre (aquel con el que fue bautizado en honor a la banda en que tocaba de joven su padre, la Prince Rogers Trio) para convertirlo en una marca.

A pesar de que su lucha contra Warner le haya valido disgustos (pérdida de interés mediático, etc.), Prince ha sabido hacer frente a las complicaciones: en 2000, al finalizar su contrato legal con la Warner, recuperó por fin su nombre; en 2004 entraba en el Rock and Roll Hall of Fame y en 2006 en el UK Music Hall of Fame. Por mucho que digan algunos, el príncipe sigue conservando su corona.


PON…Y OTRA DE ARENA…

Nadie niega que en un momento dado Prince llegó a ser un genio. Apurando un poco, podríamos llegar a afirmar que durante una década -la que va de finales de los setenta a los primeros balbuceos de los noventa- no hubo músico más excitante y original que él. Durante dicho periodo el de Minneapolis publicó álbumes clásicos como ‘For You’, ‘1999’ o ‘Sing ‘O’ The Times’; trabajos que redefinieron la música negra y cuyos resultados han sido mil veces imitados, y pocas veces superados, con posterioridad.

Pero a partir de entonces la cosa cayó en picado. Dicen que la culpa la tuvo Warner, compañía discográfica encargada de publicar las primeras obras del artista, que en su afán por controlar la carrera de Prince se encontró con un artista que no sólo se cambió de nombre (aquel famoso símbolo que unía lo masculino y lo femenino) sino que además se dedicaba a grabar cualquier cosa que se le pasara por la cabeza con el fin de publicarla y librarse cuanto antes del leonino contrato firmado con la multinacional. Cosas de tener un estudio propio.

Consecuencia: discos mediocres que provocan la pérdida de interés por parte de público y medios mientras aumenta progresivamente el cabreo con el mundo de un Prince que se siente atacado por todos los lados y comienza a ver conspiraciones allí donde sólo hay sequía creativa. Y ya sabemos lo que implica tener a un genio, o a uno que se lo cree, en dicho estado: caprichos, caprichos y más caprichos.

Líbreme yo de quitar toda culpa al sello, pero bien es cierto que una vez libre Prince no ha demostrado estar a la altura de su leyenda. Lograda la ansiada independencia, el pequeño multiinstrumentista creó su propio sello; pero no tardó en darse cuenta de las dificultades que dicho paso conllevaba. De manera que, viendo los escasos resultados obtenidos, finalmente ha vuelto a caer en manos de una multinacional de la música a la que luego se la juega de mala manera en el Reino Unido poniendo su nuevo disco a la venta junto al periódico de los domingos.

Y es que no hay quien le entienda. Como no hay quien comprenda que, visto su bagaje pasado, Prince se empeñe en publicar canciones como esa ‘Guitar’ elegida como primer single de su nuevo álbum, ‘Planet Earth’ (Sony-BMG, 07). Un tema que desde luego no merece figurar al lado de clásicos de la talla de ‘When Doves Cry’ o ‘Rapsberry Beret’.


# jueves, 05 de julio de 2007 11:57

RICKY MARTIN

PIN…UNA DE CAL…

Para dejarlo claro desde el principio, jamás existió ningún perro respondiendo al nombre de Ricky Martin cuyo pasatiempo favorito consistía en lamer la mermelada que su dueña se untaba estratégicamente en los rincones más íntimos de su entrepierna. Dicho esto, y más allá de aquel lamentable rumor, este personaje conocido a nivel planetario logró alcanzar la fama por méritos propios gracias a canciones comoVuelve’ o ‘Livin La Vida Loca’.

Pero en el seno de una sociedad dividida, conviven distintos bandos enfrentados por unos simples gustos estéticos y personales. Como si de ideales políticos se tratase, luchan por defender un estilo cultural por encima de los demás, sin tomar en cuenta la importancia de la diversidad. Por ello, el género latino que tanto éxito cosecha estos últimos años, provoca en muchas mentes intolerantes e intolerables unas risas infundadas. Afortunadamente, tales ilógicos pensamientos se extinguen rápidamente ante la visión nocturna que ofrecen las pistas de baile. Concretamente, rebosan de cuerpos agradeciendo a esos ritmos tan atrayentes y pegadizos el poder desconectar de la rutina a la que les somete el día a día.

Sin duda alguna, no estamos ante uno de esos hombres históricos capaces de implantar un movimiento revolucionario destinado a deleitar a un elitista sector. Pero, contrariamente a muchos de esos personajes de culto, nuestro hombre consigue mediante su hirviente sangre, despertar los instintos más animales.

De hecho, ¿cuantos chicos hormonalmente revueltos deberían de agradecer personalmente a Ricky Martin algún íntimo acercamiento? Las ardientes melodías hipnotizan a las féminas víctimas, momento rápidamente aprovechado por los buitres de la noche para comerse el primer trozo de carne disponible.

Además, ante tal notoriedad, otros como Carlos Baute intentaron con más o menos acierto emularle la fórmula del éxito. Pero ¿quién podría poner en duda el liderazgo de este puertorriqueño que consiguió incluso desbancar al mismísimo Chayanne?


PON…Y OTRA DE ARENA…

El problema de intentar quedar bien con todos es que al final no le caes en gracia a casi ninguno. A ninguno, digo, con un mínimo de criterio. Y eso es lo que, poco a poco, le está pasando a Ricky Martin. El que sus conciertos se sigan llenando (como en su actual gira por nuestra país) y el que continúe vendiendo discos como churros (bien es cierto que cada vez menos) no debería nublar nuestra razón ni interferir en nuestra honestidad.

Ricky Martin es como una veleta: se orienta en función del viento que más fuerte sopla. Por eso su trayectoria artística es una montaña rusa en la que pasamos de los ritmos calientes de origen latino al hip hop, la balada romántica, el pop mainstream, el flamenco, el reggaetton, la música electrónica y casi cualquier cosa que se ponga por delante con tal de mantenerse en el candelero. Con tal, en definitiva, de contentar tanto a los fans de Chayanne como a los de Robbie Williams. Y claro, así no hay quien se aclare.

Por otro lado, todo en Ricky Martin parece calculado hasta el milímetro y todo tiene un aspecto demasiado aseado. Por mucho que intente transmitir una imagen de estrella natural y con los pies en el suelo, preocupada por los desfavorecidos a través de su fundación (nada que objetar en este caso), las canciones del puertorriqueño siguen paso a paso los cánones establecidos para este tipo de producciones cuyo objetivo prioritario son las radio fórmulas: sonido de temporada con fecha de caducidad al dorso (¿habéis escuchado sus primeras canciones?), colaboraciones de relumbrón que no aportan nada (Madonna, ¡por favor!), letras que inciden en todos los tópicos -mil y una veces escuchados- del amante/macho latino…

Eso es lo que ocurre cuando tu carrera musical se convierte en una prolongada sesión de travestismo: con cada nueva temporada te tienes que inventar un nuevo disfraz para poder distraer a los que acuden al circo. Así que, como ahora voy de duro, voy y me tatúo.

Dicho todo esto, no está de más advertir que todavía puede haber salvación para el bueno de Ricky (persona encantadora por otro lado): en ‘Life’, su último trabajo, resulta que las mejores canciones son las que ha escrito él mismo. Quizás ahí radique el secreto: hacer lo que a uno le pide el corazón, y no lo que recomienda el departamento de marketing de la compañía de discos.

Publicidad


Recomendaciones

Síguenos

Buscar