PIN…UNA DE CAL…
Mucho antes de alcanzarnos el fenómeno ‘Paulina Rubio’, la banda mexicana Maná ya ejercía de triunfante embajadora de los ‘oralés’ y ‘güeys’. Canciones como ‘En el muelle de San Blas’, ‘Hechicera’ o ‘Clavado en un bar’ hacían retumbar las radios europeas, allá por el 96. Y ‘Sueños Líquidos’, disco en el que se contaban todos estos pelotazos, se convertía en catapulta planetaria de los guadalajarenses.
¿Éxito y laureles fueron merecidos? Sí. Primero, por avalar el triunfo los tres Grammys estándar y los 5 Grammys Latinos que descansan con orgullo en el salón de algún Maná. Segundo, por vender la friolera de 22 millones de discos en todo el mundo. Y tercero, porque a pesar de dejarse llevar a veces por sus ‘yos’ más almibarados, véase en ‘Vivir sin aire’ –uno de los temas más solicitados en La Gramola y emisiones sucedáneas, en las que chico demuestra su amor a chica regalándole una canción- los mexicanos no olvidan sus raíces rockeras (las mismas que les llevaban a versionar a sus idolatrados Led Zeppelin en tiempos de Sombrero Verde, su anterior formación). ¿Si no de qué iba seguir Fher, el vocalista, con sus zarrapastrosas greñas?
Señores, súmenle a esto su buen par de obras y sociales y críticas anti-gobierno y el cielo estará ganado. Bien conocida es la fundación Selva Negra, que creara la banda en 1995 con el objetivo de salvaguardar la flora y fauna americanas, que ya ha salvado la vida de más de un millón de tortuguitas marinas del Pacífico. Así como el apoyo de los rockeros mexicanos al ideal independentista puertorriqueño, o las críticas al gobierno del ex - presidente Vicente Fox, por no promover mejoras en la educación sexual y el acceso a los anticonceptivos en México.
Hay quien piensa que Maná tuvo su momento en los noventa, y se esfumó. Pero con esto del cambio climático y los desastres ecológicos que nos vienen encima, me da a mí que el rollito ‘rockeros concienciados’ bien pudiera seguir triunfando…
PON…Y OTRA DE ARENA…
A pesar de sus aires de adulto, Maná se merece el mismo trato que todas aquellas formaciones post-adolescentes patrocinadas por emisoras radiofónicas tan infectas como ‘Los 40 Principales’. Sus canciones desbordan inverosímiles lamentos, seduciendo así a un público engañado por aquellas absurdas y superficiales declaraciones de amor. De hecho, existe un grave error de apreciación en el seno de nuestra sociedad, cuyo concepto de la palabra 'poesía' resulta totalmente equivocado. Si los versos de Maná consiguen enamorar, urge contrastarlo consultando obras de Baudelaire o escuchando letras de Leonard Cohen.
Aunque la salud cultural del pueblo deja mucho que desear, sería importante recordar que la literatura no se cierra a novelas como El Código Da Vinci, Los Pilares De La Tierra o demás barbaridades. Porque si la multitud saliese de la burbuja mediática, se toparía con fértiles jardines dispuestos a ofrecer sus mejores productos de una incomparable calidad. Pero para ello, es imprescindible atreverse a romper con los moldes de la comodidad, ofrecidos por aquellas composiciones sencillas e irreversiblemente cursis.
Al igual que otros músicos como Juanes, el uso tan recurrente de términos como ‘sol’, ‘lágrimas’, ‘corazón’, ‘labios’, ‘pecho’, ‘boca’, ‘mar’, ‘ojos’ o ‘cielo’ entre otros, provoca unas justificadas arcadas cuyo vómito acabará recubriendo los agujeros negros de esta formación mexicana. Ingenuos cegados por el éxito, pretenden desprender una fragancia floral pero solo logran salpicar sus discos con un ligero toque a ambientador de gasolinera.
En definitiva, mientras ciertas multinacionales sigan alimentando al demonio, los inocentes seguirán soportando como pueden esas atroces melodías resonando tanto en los supermercados, como en casa de aquel vecino con el que uno lleva años sin hablarse. Por ello, llegó el momento de unirse a la lucha pacifista contra toda señal de monotonía y falta de originalidad gritando alto y fuerte ¡Pop sí, Maná no!
