PIN…UNA DE CAL…
Tanto la crítica como la opinión popular pueden llegar a causar injustos estragos en la vida profesional de algunos artistas. Sin motivos aparentes, se obsesionan negativamente con un actor, un escritor o, en este caso, con una talentosa vocalista. Aprovechando la fuerza mediática que poseen, agarran a la víctima en cuestión para sacarle los colores ante un influenciable e insolente público.
De hecho, aquellos inadmisibles ataques nacen de misiles sin argumento, quizá elaborados para satisfacer las ansias de una cínica sociedad necesitada de blancos a los que ridiculizar. Porque la trayectoria de la citada cantante expone un sufrimiento y una lucha sin cuartel para hacerse con un sitio en el concurrido mundo de la música. Y a pesar de las múltiples dificultades perversamente colocadas en su camino, esta madrileña logró sentarse en el trono de un estrellato feliz de compartir espacio y tiempo con la diva del pop español por excelencia.
Además, no todo el mundo puede presumir de haber colaborado con músicos internacionales de la talla de Slash (guitarrista de Guns’N’Roses), Alaska, o Andrea Bocelli entre otros. Por lo tanto, si añadimos además el enorme éxito del que está disfrutando con su último trabajo publicado bajo el nombre de ‘Miss Sanchez’, sobran motivos para declarar, de una vez por todas, la jerarquía de su carrera profesional dentro de la cultura de nuestro país.
Y para los eternos escépticos, aún les quedan esperanzas para dar un vuelco de 180 grados a sus infundadas opiniones. La gira actual les ofrece la oportunidad de acudir, disfrutar y darse por fin cuenta de la grandeza y belleza de uno de nuestros patrimonios nacionales.
PON…Y OTRA DE ARENA…
Dice Alaska, otra que tal, que Marta Sánchez es la gran "estrella del pop nacional". Pues qué quieren que les diga: que si así es, apañados vamos. Claro que, en el fondo, eso no sería más que un reflejo de la escasa cultura musical que tenemos en este país. Cosa que poco a poco y gracias a las nuevas tecnologías (algo bueno tenían que tener) parece ir subsanándose.
En todo caso, que la también llamada ‘reina del pop español’ tenga ya 41 tacos resulta, cuanto menos, contradictorio. Y, una vez más, espejo de lo mal que van las cosas por aquí. Marta Sánchez parece además sufrir un complejo de Peter Pan que la lleva a lucir -a estas alturas- peluca chillona, minifalda, escote y plataformas (sólo tenéis que acudir a su último vídeo) cuando lo más recomendable sería ir pensado en la jubilación o el cambio de registro artístico.
No sé si es culpa o no de la propia Marta Sánchez. En realidad, ella no es nueva en el negocio y algo debe de saber acerca del mismo. Lleva en ello desde mediados de los ochenta, cuando debutó con Cristal Oskuro antes de sustituir a Vicky Larraz en Olé Olé. Y cuenta con siete álbumes en solitario; el último de ellos, como casi todos los anteriores, un éxito de público ninguneado por la crítica.
Razones para ello hay varias. Entre ellas, el llegar siempre tarde y mal a las últimas modas importadas desde extranjero (para cuando ha querido recuperar los ochenta, dicha tendencia ya estaba más que superada); la de mimetizar los pasos de estrellas del firmamento musical internacional (y no miramos a cierta cantante pop estadounidense de origen italiano); o la de, como ha ocurrido recientemente con Depeche Mode, apropiarse de la música de otros para perpretar verdaderos atentados sonoros (échenle parte de la culpa en esto a Carlos Jean; o, dime con quien vas y te diré de qué pie cojeas).
Súmenle a lo anterior una modestia olvidada en la puerta de casa (“soy la mejor cantante de este país, sinceramente”: una bonita voz no significa ser la mejor) y cierta disposición a ausentarse de la realidad más palpable (“voy a seguir arriesgándome en la música; gracias al riesgo llevo tantos años cantando”: ejem, que alguien me explique donde está el susodicho riesgo en su música) y obtendrán un producto cuyo mejor escaparate sigue siendo el papel couché en lugar del escenario.
