PIN…UNA DE CAL
Está claro que Hard-Fi no han inventado nada. Nada nuevo al menos. Bandas como The Clash, The Smiths, The Jam, The Specials o Blur ya habían intentado algo parecido, si no del todo similar, con anterioridad -y, de momento, con mejores resultados-a la aparición pública de estos cuatro londinenses. Ellos son simplemente unos hijos de los tiempos que les han tocado vivir que se limitan a rastrear la tradición musical británica de las tres últimas décadas, las que van del ‘nothern soul’ a los primeros lanzamientos del sello Warp.
Pero lo hacen con conocimiento de causa, desparpajo y saber hacer. Tres características que sitúan a Hard-Fi en una posición que, sin llegar a la cabeza del pelotón del pop-rock inglés, de momento tampoco les relega a la cola del mismo.
Cabe también aclarar que, frente a las sospechas que levanta su militancia en un multinacional discográfica, Hard-Fi no son el típico producto de marketing diseñado en un despacho con el solo fin de reventar las listas de ventas de medio mundo. No debemos olvidar a este respecto que el grupo grabó las canciones de su debut, de forma casera y por su cuenta y riesgo, en unas viejas oficinas abandonadas. Y que Atlantic sólo les fichó cuando las 500 copias prensadas ya habían desaparecido rápidamente en manos de sus ansiosos fans y el nombre del grupo resonaba en los ambientes musicales de Londres.
Y, en cualquier caso, merece la pena destacar que uno de los puntos fuertes de Hard-Fi se encuentra en sus letras, fiel reflejo de las experiencias y pensamientos de todo joven urbanita que, como tú y como yo, vive para el fin de semana en el pub o en el club mientras consume los días de diario en alguno de los muchos trabajos basura que la sociedad tiene reservados para nosotros.
A principios de septiembre sale su nuevo disco. Yo no dudaría en darle una oportunidad.
PON…UNA DE ARENA
La prensa especializada se acostumbra, en muchas ocasiones, a condecorar sin motivos aparentes a formaciones que, por si solas, jamás lograrían ni siquiera acariciar los cimientos de la actualidad musical. Porque bombardear de halagos a estos indeseables post adolescentes solo tiene una explicación lógica: soborno. Osar, simplemente osar compararlos con The Clash o The Smiths entra dentro de la insensatez más rebuscada o simplemente pertenece a un plan marketing bien financiado por todos los mandatarios discretamente escondidos detrás de aquellas marionetas.
Así, programados para atraer la atención de los más ingenuos, se diseñan como si tuviesen algo que aportar a un historial que preferiría poder pasarse de aquella molesta presencia. Aunque ya hablen de ellos en futuro como prometedores músicos, lo tienen todo para durar el tiempo de una canción. Insulsos, repetitivos, aburridos, pagarían por poder lamer los pies al genio Morrissey o para simplemente componer cualquiera de sus peores canciones.
¿Punks? ¿Ellos? Hoy en día cualquiera se merece tal calificación y, consecuentemente, ello provoca una grave falta de respeto hacia toda gran formación desaparecida como pudieron ser The Ramones o The Sex Pistols. Porque aquel género simboliza, por encima de todo, una filosofía y una forma de resistir ante las desigualdades sociales. ¿Contra qué injusticias piensa luchar este cuartetito? Pasándose los días y las noches con mujeres en mente, los enfrentamientos benéficos que liderarán jamás conseguirán remover las consciencias que otros si sacudieron.
En resumidas cuentas, llegó la hora de reajustar las percepciones para así, diferenciar por fin el bien del mal y lo auténtico de la imitación. Cuatro jóvenes más en la cola, esperando su turno para acabar finalmente entre los tentáculos de lo efímero. ¿Cuántos años aguantarán? Pocos, sin duda…