PIN…UNA DE CAL
Mientras el séptimo arte español, a base de absurdas y grotescas propuestas, sigue haciendo el ridículo allá donde vaya, Leonor Watling pone un poco de paz entre tanto descontrol. Con una voz sublime logra, ni más ni menos, hacer olvidar una crisis cinematográfica sin precedentes que relega la cultura audiovisual de este país a la cola del mundo.
En un principio, las malas y desconfiadas lenguas criticaron aquel proyecto pensando que, una vez más, una actriz inconformista buscaba probar suerte en el mundo de la música. Pero con cuatro álbumes ya en el mercado y unas memorables giras, aquellos malintencionados vieron sus argumentos derretirse bajo el calor de la formación en cuestión.
Porque Marlango, claramente influenciado por el ambiente del cabaret o del piano bar, recupera aquellos antiguos sonidos para, con talento y mucha sutileza, actualizarlos a este nuevo siglo XXI. Así, el resultado final se encarga de distribuir melancolía por todos los rincones de un país hipnotizado ante una imponente belleza tanto física como melódica.
¿Qué defecto se le podría detectar a un trío que supo convertir la sencillez en grandeza? Porque a pesar de un inicio marcado por la sombra del “enchufe”, rápidamente supieron deshacerse de esa esperada imagen triunfando por los escenarios de nuestra actualidad.
Además, para finalizar, ello confirma que, contrariamente a los hombres, las mujeres sí saben hacer dos cosas a la vez… y bien.
PON…UNA DE ARENA
Aprovechando la senda abierta por la modelo Carla Bruni con su álbum de debut (totalmente recomendable, a decir verdad), hace cosa de tres años una discográfica de las llamadas independientes (aunque bañada en los millones de Dover) nos intentó vender su propia versión de grupo elegante y afrancesado con chica fina y guapa al frente. Dicho grupo se llamaba, y se sigue llamando, Marlango.
Pero, detrás de esa imagen pretendidamente ‘cool’, de la innegable belleza de su cantante (Leonor Watling) y del aspecto aseado y profesional de sus dos comparsas (Alejandro Pelayo y Óscar Ybarra), ¿qué se esconde? La respuesta es muy sencilla: nada.
Marlango es el típico grupo sobrevalorado a través de una masiva campaña de publicidad orquestada por unos medios de comunicación -de toda clase y condición- que han aprovechado la condición de actriz de la Watling para magnificar todo aspecto relacionado con su proyecto musical: sus discos vulgares llenos de canciones insípidas que no transmiten nada, sus aburridos conciertos, su estudiadísima pose (entre sofisticada y de andar por casa) y su actitud ensayada, entre adulta y culta aunque, en el fondo, vacía.
Y lo que te rondará morena…A finales de mes se pone a la venta su tercer álbum de estudio. Una nueva excusa para ofrecer más de la misma nadería. Espero que, al menos, en esta ocasión la crítica no se llene la boca con palabras como jazz, chanson o Portishead. Ya que, siendo benévolos, Marlango no dejan de ser el grupo ideal para todos aquellos fans de La Oreja De Van Gogh que pretenden ir de cultos y enterados.