
PIN…UNA DE CAL
Hablar de Bruce Springsteen son palabras mayores. Es hablar de un tipo que, en sus primeros discos en los setenta, logró aunar toda la tradición rock anterior para dar con una nueva manera de expresar viejos sentimientos. De uno que nunca se ha escondido ni ha mantenido la boca cerrada ante cuestiones comprometidas (la guerra, la pobreza, el racismo…). De un artista que grabó uno de los álbumes más vendidos de la historia (‘Born In The USA’). Que tiene suficientes Grammys como para forrar las paredes de su salón junto al Oscar obtenido por la banda sonora de ‘Philadelphia’. Que allí donde va, donde sigue yendo, llena estadios y provoca multitudes. Y podríamos seguir.
Por algo le llaman The Boss. Y sí, puede que en los últimos tiempos estemos sufriendo un aluvión de lanzamientos en forma de discos de versiones (genial la idea de recuperar al gran Pete Seeger), directos y DVDs; no menos cierto es que sus nuevos trabajos no tienen punto de comparación con clásicos como ‘Greetings From Asbury Park, NJ’ o ‘The River’.
Aunque, pensándolo bien, aquellos fueron álbumes recibidos con tibieza en su momento; y es que a las canciones de Bruce les ocurre como al buen vino: que mejoran con el paso del tiempo. Quienes entonces se sintieron decepcionados, ahora adoran esos viejos discos; lo mismo les pasará a los nuevos. Y si no, al tiempo.
En menos de una semana se lanza al mercado su nuevo trabajo, ese que le vuelve a reunir con su mítica banda, la E Street Band. Aprovechando la (magnífica) ocasión, The Boss volverá a lucir actitud y saber estar sobre nuestros escenarios a ritmo de rock ejemplarmente facturado. Que lo aprovechen ustedes.
PON…UNA DE ARENA
¿Un nuevo disco? ¿Otro? Como se nota que este tío ya ha alcanzado la edad de jubilarse e intenta aparentar una invisible inspiración. Claro, el pobre se aburre. Tomando en cuenta que no sabe ni jugar al golf, ni al mus y tampoco parece muy interesado en acudir a centros para la tercera edad como Marina D’or, entonces Bruce prefiere matar el tiempo acribillándonos con canciones a cada cual más monótonas y cuyas melodías no generarán novedad alguna.
Resulta importante subrayar que esas estrellas mediáticas, en cuanto dejan de monopolizar las pantallas de televisión, la frecuencias radiofónicas, las portadas de las revistas o las primeras páginas de los periódicos ya piensan en recuperar aquella repercusión mediante acciones que generen mucho ruido.
¿Un intento de suicidio por ejemplo? Oye… pues ¿no se le ha ocurrido jamás esa idea? Porque así dejaría finalmente su sitio a unas jóvenes promesas que esperan con ansias a que, de una vez por todas, mueva aquel culo embutido desde décadas bajo esos asfixiantes pantalones vaqueros.
Además, criticar la guerra no tiene mucho mérito si uno se limita a luchar contra ella sentado cómodamente sobre los escenarios del planeta mientras dedica tópicos vacíos a un público engañado por un destacable trabajo de marketing. ¿Cuándo se decidirá a poner punto y final a una carrera que ya debería haber finalizado años atrás? Pero al fin y al cabo la peor parada fue, es y será siempre su harmónica que lleva mucho tiempo ahogándose bajo unas babas cada día más viscosas…
