
PIN…UNA DE CAL
Como todo ser humano, Annie Lennox tendrá sin lugar a dudas algún que otro inevitable defecto. Pero de ahí a criticar una brillante carrera profesional, existen kilómetros y kilómetros de argumentos a favor de su defensa. Sin ir más lejos, se podrían citar los prestigiosos premios que le fueron otorgados como reconocimiento oficial por sus aportaciones artísticas. Ni más ni menos que un Oscar, un Brit Award, un Grammy y un Golden Globe. ¿Quién puede jactarse de poseer esa impresionante colección en sus vitrinas personales?
Además, aunque Eurythmics puso punto y final a su aventura musical, ella, empecinada en continuar su carrera profesional, decidió abrirse paso en solitario para ofrecer a sus seguidores un proyecto muy distinto al anterior. Ahora, dedicada exclusivamente a defender la condición humana, mientras colma sus letras con inteligentes críticas hacia los más influyentes, también deja un hueco para un futuro más esperanzador.
Con la salida de su nuevo álbum titulado ‘Songs Of Mass Destruction’, esta fabulosa vocalista intentará y conseguirá seguramente mantener el altísimo nivel impuesto por sus tres anteriores trabajos con los que logró la escalofriante cifra de quince discos de platino.
Y si a todo ello le sumamos su imponente presencia escénica, su inconformismo y su sensibilidad para transmitir emociones fuertes a unos oyentes hipnotizados, cada vez queda menos espacio por donde intentar atacarla. De hecho, quien se atreva a reprocharle cualquier gesto ligado a su impecable historial, demostrará tanto una falta de criterio como unas graves lagunas intelectuales.

PON…UNA DE ARENA
Suele ocurrir con los artistas favoritos de cada uno: los juicios acerca de su ética personal se mezclan con aquellos referentes a su valía artística. De manera que personas maravillosas que han llegado a grabar auténticas bazofias pasan por ser estupendos músicos gracias a su carisma personal, cuando no a algo tan banal como su belleza.
No es este el caso de Annie Lennox, quien ya no puede presumir del atractivo que antaño atesoraba aunque es evidente que su trayectoria artística, hasta no hace mucho, quedaba fuera de toda duda. Ni, por supuesto, estamos aquí para someterla a un juicio moral.
Demostrado está que se trata de una persona con una sensibilidad especial hacia los menos favorecidos y con un don innato para cantarle a la cara oscura del amor. Pero, ¿de verdad que es necesario otro disco de la Lennox? ¿A estas alturas del nuevo siglo y tal y como está el patio discográfico? No lo creo.
Al contrario de lo que ocurre en la Naturaleza, la ley de selección natural no funciona en el mundo de la música. Ahí tenemos a The Rolling Stones, arrastrando sus arrugas por esos escenarios del mundo, cobrando una pasta gansa por ello y repitiendo una y otra vez las mismas canciones de siempre. La Lennox, al menos, agobia menos: en quince años de carrera en solitario apenas ha grabado cuatro álbumes, siendo uno de ellos de versiones.
Pero la tipa sigue empeñada en dejarse ver de tanto en tanto. Y nosotros somos los que tenemos que sufrir la publicidad que nos la vende como la enésima diva del pop (ya no son edades), unas canciones de pop adulto que aburren al más pintado (pese a esa gran voz) y esas fotos en las que se esfuerza por aparecer intensa y sofisticada (pero que huelen a egocentrismo mal digerido).
No seré yo quien caiga otra vez en el engaño.