
PIN…UNA DE CAL
Jennifer López es una
mujer hecha a si misma, cosa que no pueden decir muchas de las que actualmente
compiten por ella por el trono del ‘dance-pop’. Nacida en el Bronx, uno de los barrios más conflictivos de Nueva
York, la Jenny
es una chica de barrio (como se encargó de recordarnos en uno de sus temas
más conocidos) que ha ido escalando posiciones poco a poco hasta convertirse en
la artista latina más importante de los
Estados Unidos.
Una Juani, para entendernos, que tuvo el atrevimiento de
dedicar su vida al arte bajo unas circunstancias nada fáciles. Siendo todavía
una niña debutó en el teatro para, ya en plena edad del pavo, probar fortuna
detrás de la gran pantalla. Y precisamente fue
el cine el que encumbró a una mujer acostumbrada desde entonces a verse
protagonista, a su pesar, de la prensa amarilla.
Una vez alcanzado el éxito en Hollywood (es la actriz latina
mejor pagada del mundo), Jennifer López decidió probar suerte con la música, su
otra pasión. Los que pensaron que aquello se trataba de un simple capricho de niña rica se han visto obligados a callar la
boca después de seis álbumes editados
(el último hace apenas unos días) y
cuatro números uno en las listas de su país. Todo ello ganado con el sudor
de su frente.
No especialmente dotada, su voz sin embargo se adapta como
un guante a unas canciones que van de la balada romántica al r&b sexy pasando
por el pop latino. Canciones para las que ha demostrado tener un excelente
criterio a la hora de rodearse de los mejores productores (Puff Daddy, Emilio
Estefan Jr., su marido Marc Anthony…) y en las que sabe conjugar como nadie herencia latina, actitud hip hop y pegada pop.
PON…UNA DE ARENA
En esta nueva era
donde las atractivas apariencias lo resuelven todo (o casi), ni siquiera
entender un mínimo de música resulta imprescindible para sacar discos y
triunfar con ellos por todos los rincones del planeta. Tal afirmación
podría demostrarse con un ejemplo claro llamado Jennifer López que, a base de
movimientos corporales y publicidad, mucha publicidad, logró situarse en las
listas de éxito.
Pero ¿quién se imagina realmente a esta mujer componiendo
sus melodías tumbada en una de sus colchonetas flotando apaciblemente sobre una
de sus majestuosas piscinas en uno de los descomunales jardines de una de sus
grandiosas mansiones? Limitada a
interpretar, espera a que los genios escondidos detrás de los estudios la
llamen para intentar cantar sobre las bases inteligentemente diseñadas.
Si
sus canciones agarran a los oyentes, el mérito se lo lleva sin lugar a dudas
aquellos científicos
del arte ocultos tras la sombra de las estrellas artificiales. A
la ‘‘artista’’ en cuestión luego, con enseñar un poco de escote, piernas y
menear el trasero, le basta holgadamente para seducir a un público MTV que por
cierto podría pagarse unas cuantas clases de estética. Dostoievski ya lo dijo: “la belleza cambiará el mundo”, pero mientras
se siga venerando a productos mercantiles, seguiremos sufriendo las nefastas
consecuencias.
Además, ¿nadie se ha fijado todavía en las similitudes
existentes entre ella y el resto de cantantes R&B? Cual fotocopias andantes, luchan entre ellas
intentando acercarse lo más cerca posible de la exclusividad. Y finalmente,
las ineptitudes cinematográficas de la
Jenny… mejor no citarlas, ¿no?