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Artículos - noviembre 2007

# viernes, 30 de noviembre de 2007 11:12

BON JOVI

PIN…UNA DE CAL

 

En ciertos casos excepcionales, el tiempo no afecta. Inmune a la decadencia, Bon Jovi  mito viviente, sigue con una trayectoria que ya lleva más de 24 años ofreciendo memorables éxitos. ‘Livin’ On A Prayer’, ‘You Give Love A Bad Name’, ‘Bad Medicine’ y ‘I’ll Be There For You’, entre otros, lograron construir alrededor de esta formación una leyenda que se recordará para siempre. Incluso las enciclopedias recogerán su nombre, dejando así claro la indiscutible hegemonía de la que, vayan donde vayan, seguirán disfrutando.

 

130 millones de álbumes vendidos por todo el mundo resulta motivo suficiente para no perderle jamás el respeto a este cuarteto que en junio se presentará ante el público barcelonés, provocando consecuentemente la locura entre los presentes. Todos quieren acudir, todos quieren aplaudirles, todos quieren dejarse invadir por esos himnos maravillosamente interpretados por ese inmortal vocalista. ¿Quién se quedará a las puertas sin entrada?

 

Pero la cualidad principal de Bon Jovi reside en su acierto a la hora de acercar el heavy metal al sonido más popular. Suavizando las formas, convirtió esos repertorios inaccesibles para muchos en melodías pegadizas e hipnóticas. Además, como demuestran sus dos últimos álbumes titulados ‘Have A Nice Day’ y ‘Lost Highway’, no viven del pasado, arrastrando así su éxito hasta donde les dejen. Si cada nueva propuesta se coloca en el primer plano de la actualidad musical, será por algo. Le quieren, le admiran y mientras eso ocurra, el espectáculo tendrá que seguir.

 

PON…UNA DE ARENA

 

¿Cómo que el tiempo no afecta? Que yo sepa, ya no quedan dinosaurios sobre la faz de la Tierra. Bueno sí, miento. Queda uno: se hace llamar Jon Bon Jovi y su corte de pelo (cualquiera de los que ha lucido a lo largo de su vida) pasó ya de moda en el Cuaternario. ¿Qué tipo de champú utilizará el tipo este?

 

Puede que, veinte años atrás en el mismo, un grupo como Bon Jovi tuviera sentido, que lo dudo. Pero ahora ya no. El mismo Pin lo reconoce implícitamente al destacar cuatro canciones, todas ellas con cerca de veinte años de antigüedad. Desde entonces lo suyo ha sido una caída libre por la senda de la decadencia pop, tratando torpe y patéticamente de adaptarse a las nuevas tendencias.

 

Hace tiempo que dejó de ser metal, si es que alguna vez lo fue sin el prefijo ‘hair’ con el que se denominó (peyorativamente) a muchas bandas de la época. La mayoría de las cuales, por cierto, ha tenido la decencia de dejar paso a otras con cosas más interesantes y novedosas que contar. No es el caso de Bon Jovi, cuya prepotencia y ganas de mantenerse en el ajo parece haber borrado todo rastro de decoro y amor propio.

 

Dejémoslo en que Bon Jovi es un grupo de rock para aquellos a los que les asusta el de verdad; es pop para fans histéricos que llenan las primeras filas de sus conciertos en plazas de toros donde ovacionan al cantante como si de Curro Romero se tratase. Las suyas son melodías para cuarentones que ya vivieron sus mejores tiempos (o al menos más divertidos) y guitarras para secretarias con la libido por las nubes.

 

Aunque bien pensado, a lo mejor es peor el remedio que la enfermedad: ¿quién nos asegura que, una vez abandonado el mundo de la música, Jon Bon Jovi no decida dedicarse de pleno al cine? ¡Horror!

 

# jueves, 22 de noviembre de 2007 9:55

CELINE DION

PIN...UNA DE CAL 

Obviamente, la música de Celine Dion no va dirigida hacia ese público más vanguardista que directamente se ríe en su cara. Pero por respeto, no deberían. ¿Quién cuenta hoy en día con una voz tan poderosa como la que ella lleva ofreciendo desde 1981? 26 años de carrera profesional. Repito: 26 años recorriendo países, escenarios y enamorando a un publico atrapado desde el primer día. Y lo que queda aún por llegar…

Nuevo disco, nuevos objetivos, nuevas pretensiones. 16 canciones para demostrar al planeta entero su consolidación como la artista más importante de toda la historia de Canadá.

Se le podrá tachar de todo lo que uno quiera, pero nadie, absolutamente nadie lograría mantenerse vivo en este negocio tan cruel si no fuese por méritos propios, calidad y esa simpatía que derrocha su imborrable sonrisa. Vale, a todos no les gustó su aportación creativa al largometraje Titanic. ¿Pero a cuantos sí? Mayoría, seguro. Y como pertenecemos, afortunadamente, a un país civilizado (en ciertos aspectos) y disfrutamos de una sólida democracia, por muchos insultos que se la quieran dedicar, su hegemonía no se resentirá en ningún momento.

Y ya, para rematar, una aportación de datos que cerrará la boca a toda mente crítica, incapaz de abrir los ojos ante la obviedad: 180 millones de discos vendidos, 5 premios Grammy y, ni más ni menos que 3 Oscars.

¿Alguna duda más?

 

PON...UNA DE ARENA  

En verdad, no se por cuál decidirme: en mi ranking personal e intransferible de músicos más odiados hay dos que, por meritos propios, se disputan denodadamente la primera plaza. Ellos son Kenny G y Celine Dion. Dos tipos cuya sola mención hace que mi cuero cabelludo se erice cual puercoespín y que los peores sentimientos hacia la raza humana acudan a mi mente.

Ahora que acaba de publicar su enésimo álbum repleto de gorgoritos y producciones infladas hasta la saciedad con efectos rimbombantes y engañosos, tal honor se lo lleva la canadiense. Y es que nadie como Celine Dion representa ese ideal (es un decir) de cantante glamorosa que le canta al amor de las más diversas formas (porque en realidad no hace otra cosa que repetirse a si misma) en canciones que suenan hasta la saciedad por las radio fórmulas.

Siendo estas las culpables en última instancia de mi animadversión hacia este tipo de artistas que, más que música, lo que venden es una predeterminada imagen: la de un mundo de riquezas en el que todo es felicidad, de adultos acomodados cuya vida es una sucesión de placeres, de tonos pastel y sonidos melosos hasta empalagar. Pues bien, existe un mundo ahí fuera; y no es precisamente tal y como lo pinta la Dion.

Un par de galas benéficas dan la impresión de solucionarlo todo. Pero como todos sabemos, hasta los que no quieren reconocerlo, que un par de parches mal puestos no son la solución. Por nuestro bien, mejor haría Celine Dion en callarse (nuestros oídos se lo agradecerían) y emplear sus esfuerzos (y dineros) en todas esas causas que tanto parecen importarle.

 
Porque no, no queremos otro ‘Titanic’ por favor.

 

 

# jueves, 15 de noviembre de 2007 16:16

DAVID BUSTAMANTE

PIN…UNA DE CAL

 

Ante todo, las cifras. Y estas, como el algodón, no engañan. David Bustamante ha sido cuatro veces número uno en las listas de ventas españolas desde que dejara la Academia de Operación Triunfo. Eso sin contar su éxito en Latinoamérica, donde el cántabro se ha convertido en un fenómeno social a la altura del que ha tenido lugar (y sigue teniendo) en nuestro país.

 

Además, su club de fans es el más extenso de los existentes en España y, no hay más que acudir a ellos para comprobarlo, sus conciertos se convierten asiduamente en comuniones masivas del cantante con su numeroso público. No es posible, por lo tanto, que toda esa gente esté totalmente equivocada o engañada. Y tampoco está bien pensar que lo demás son tontos y es uno el que siempre tiene razón.

 

Algo tendrá Bustamante. ¿Será su voz? ¿Serán esos deslices amorosos que le han convertido en carnaza, al menos hasta el momento de su boda con Paula Echevarría, para la prensa del corazón? ¿Será que ha grabado junto a productores del calibre de Emilio Estefan o Marcello Acevedo? ¿Serán sus bailes? ¿O será que él mismo se implica en el proceso de composición de las canciones que después entonará con su potente voz?

 

He de reconocer que yo nunca he sido fan de los distintos productos (algunos de ellos realmente aberrantes) salidos de la factoría OT. Pero es de rigor dar la razón a aquellos que piensan que David Bustamante es de lo mejor que ha salido de la Academia. Para ellos, el lanzamiento de su quinto álbum, ‘Al Filo De La Irrealidad’, es la mejor prueba.

 

 

PON…UNA DE ARENA

 

¿Bustamante? ¿Criticarle? ¿De verdad? ¿Es necesario? ¿Para hacerle aún más daño?  ¿No tiene suficiente el pobre ya con ser quien es y simbolizar esa diana contra la que muchos les encantaría disparar con pelotas de goma… o de metal? ¿A quién le gusta hundir, gratuitamente, aunque en casos como este resulte casi obligatorio?

 

¿No resultaría mejor dejar el tema de lado y pasar a otra conversación un tanto más constructiva? ¿Dedicar minutos, segundos o incluso milésimas hablando de esta aberración musical no acabaría por aburrir a un público cuyo interés por ese flamante ‘vigoréxico’ pierde, día a día, interés? 

 

¿Y si intentamos olvidarle? ¿Para siempre? ¿Le enterramos bajo la indiferencia y escupimos sobre ese suelo con la esperanza de que florezcan árboles sólidos? ¿Mezclar su cuerpo y sus camisas Zara con el estiércol para ayudar a fertilizar los cultivos no lograría dar vida a nuevas expectativas?

 

¿Pero, por Dios, qué hay que hacer para pasar página y quemar esa academia con tintes sectarios de la que suelen salir jóvenes descerebrados y tan innecesarios para la evolución cultural? ¿No confunden los productos enlatados con la palabra Arte creyéndose así personajes históricos?

 

¿Existe remedio alguno contra el mal gusto? ¿Dónde? ¿Por cuánto tiempo? ¿Y si este petardo saca disco nuevo, a quién le importa? ¿A ti? ¿Seguro? ¡Allá tú!

 

# jueves, 08 de noviembre de 2007 17:56

MÄGO DE OZ

PIN…UNA DE CAL

 

Todos necesitamos algo de fantasía en nuestro día a día para poder sacarlo adelante. Por eso desde siempre nos han gustado libros como ‘La Historia Interminable’, películas como ‘El Señor De Los Anillos’ y sonidos como los que extraen de sus instrumentos Mägo De Oz.

 

Y es que, aunque sea de una manera un tanto cañí, los madrileños consiguen trasladarnos a través de sus canciones hasta otros mundos, poblados en su caso por piratas, caballeros medievales, fiestas paganas, Don Quijotes y conquistadores. Mezclando todo ello con nuestra cotidianeidad más cercana y sin olvidar la crítica a los grandes males del mundo.

 

Todo ello, junto a sus estrafalarias vestimentas y el abuso de pirotecnia en sus conciertos (por no hablar de sus declaraciones públicas), marcan unas diferencias que separa a  Mägo De Oz del resto de bandas afines en sonido, actitud y público, siendo los más populares del lote. 

 

Al igual que su música establece diferencias con el resto a través de una mezcla a partes iguales de melodías pop (sobre todo de un tiempo a esta parte), riffs heredados del heavy-metal más clásico y toques de folk de origen céltico a lomos de un violín y una flauta. 

 

Sin olvidar la calidad que atesoran todos y cada uno de sus músicos…

 

 

PON…UNA DE ARENA

 

El gran problema de esta formación madrileña reside en su ambigüedad. Aún no queda claro si las pintas que exponen sin vergüenza alguna, forman parte de un sentido del humor difícilmente asimilable o si, por el contrario, tienen alma de payasos inconscientes.

 

Pelo largo, chupas de cuero y pantalones marcando paquete para luego, interpretar canciones tan cursis como ‘Quiero Ser Feliz’ que podrían haber sido escritas por alguna adolescente de nombre Britney o de apellido Hilton. ¿A quién quieren engañar? No pueden pretender parecerse a Iron Maiden y verse luego comparados con los respetables y racionales Celtas Cortos.

 

Mucha fiesta pagana, mucha inquisición, mucho diablo, mucha guitarra eléctrica, pero poca violencia musical y una voz en busca de las notas perdidas. A medio camino entre todo, perdidos en un desierto artificial, resulta difícil entender la respuesta social a tal absurdidad, solo comparable a obras de Ionesco.

 

Está claro que, como grupo de barrio, podrían tener hasta su encanto. Tocando muy de vez en cuando en alguna feria, el público les aplaudiría mientras disfrutan de grasientos churros, metáfora que, sin lugar a dudas, le queda como un guante a dicho esperpéntico espectáculo. Lamentablemente en épocas festivas, la tolerancia se apodera del sentido común convirtiendo al ser humano en ciudadanos capaces incluso hasta de aplaudir insultos al buen gusto, a la literatura y, ¿cómo no? a la música.

 

Con Mägo De Oz… Halloween todos los días.

 

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