
PIN…UNA DE CAL
En ciertos casos excepcionales, el tiempo no afecta. Inmune a la decadencia, Bon Jovi mito viviente, sigue con una trayectoria que ya lleva más de 24 años ofreciendo memorables éxitos. ‘Livin’ On A Prayer’, ‘You Give Love A Bad Name’, ‘Bad Medicine’ y ‘I’ll Be There For You’, entre otros, lograron construir alrededor de esta formación una leyenda que se recordará para siempre. Incluso las enciclopedias recogerán su nombre, dejando así claro la indiscutible hegemonía de la que, vayan donde vayan, seguirán disfrutando.
130 millones de álbumes vendidos por todo el mundo resulta motivo suficiente para no perderle jamás el respeto a este cuarteto que en junio se presentará ante el público barcelonés, provocando consecuentemente la locura entre los presentes. Todos quieren acudir, todos quieren aplaudirles, todos quieren dejarse invadir por esos himnos maravillosamente interpretados por ese inmortal vocalista. ¿Quién se quedará a las puertas sin entrada?
Pero la cualidad principal de Bon Jovi reside en su acierto a la hora de acercar el heavy metal al sonido más popular. Suavizando las formas, convirtió esos repertorios inaccesibles para muchos en melodías pegadizas e hipnóticas. Además, como demuestran sus dos últimos álbumes titulados ‘Have A Nice Day’ y ‘Lost Highway’, no viven del pasado, arrastrando así su éxito hasta donde les dejen. Si cada nueva propuesta se coloca en el primer plano de la actualidad musical, será por algo. Le quieren, le admiran y mientras eso ocurra, el espectáculo tendrá que seguir.

PON…UNA DE ARENA
¿Cómo que el tiempo no afecta? Que yo sepa, ya no quedan dinosaurios sobre la faz de la Tierra. Bueno sí, miento. Queda uno: se hace llamar Jon Bon Jovi y su corte de pelo (cualquiera de los que ha lucido a lo largo de su vida) pasó ya de moda en el Cuaternario. ¿Qué tipo de champú utilizará el tipo este?
Puede que, veinte años atrás en el mismo, un grupo como Bon Jovi tuviera sentido, que lo dudo. Pero ahora ya no. El mismo Pin lo reconoce implícitamente al destacar cuatro canciones, todas ellas con cerca de veinte años de antigüedad. Desde entonces lo suyo ha sido una caída libre por la senda de la decadencia pop, tratando torpe y patéticamente de adaptarse a las nuevas tendencias.
Hace tiempo que dejó de ser metal, si es que alguna vez lo fue sin el prefijo ‘hair’ con el que se denominó (peyorativamente) a muchas bandas de la época. La mayoría de las cuales, por cierto, ha tenido la decencia de dejar paso a otras con cosas más interesantes y novedosas que contar. No es el caso de Bon Jovi, cuya prepotencia y ganas de mantenerse en el ajo parece haber borrado todo rastro de decoro y amor propio.
Dejémoslo en que Bon Jovi es un grupo de rock para aquellos a los que les asusta el de verdad; es pop para fans histéricos que llenan las primeras filas de sus conciertos en plazas de toros donde ovacionan al cantante como si de Curro Romero se tratase. Las suyas son melodías para cuarentones que ya vivieron sus mejores tiempos (o al menos más divertidos) y guitarras para secretarias con la libido por las nubes.
Aunque bien pensado, a lo mejor es peor el remedio que la enfermedad: ¿quién nos asegura que, una vez abandonado el mundo de la música, Jon Bon Jovi no decida dedicarse de pleno al cine? ¡Horror!