
PIN…UNA DE CAL
Todos necesitamos algo de fantasía en nuestro día a día para poder sacarlo adelante. Por eso desde siempre nos han gustado libros como ‘La Historia Interminable’, películas como ‘El Señor De Los Anillos’ y sonidos como los que extraen de sus instrumentos Mägo De Oz.
Y es que, aunque sea de una manera un tanto cañí, los madrileños consiguen trasladarnos a través de sus canciones hasta otros mundos, poblados en su caso por piratas, caballeros medievales, fiestas paganas, Don Quijotes y conquistadores. Mezclando todo ello con nuestra cotidianeidad más cercana y sin olvidar la crítica a los grandes males del mundo.
Todo ello, junto a sus estrafalarias vestimentas y el abuso de pirotecnia en sus conciertos (por no hablar de sus declaraciones públicas), marcan unas diferencias que separa a Mägo De Oz del resto de bandas afines en sonido, actitud y público, siendo los más populares del lote.
Al igual que su música establece diferencias con el resto a través de una mezcla a partes iguales de melodías pop (sobre todo de un tiempo a esta parte), riffs heredados del heavy-metal más clásico y toques de folk de origen céltico a lomos de un violín y una flauta.
Sin olvidar la calidad que atesoran todos y cada uno de sus músicos…
PON…UNA DE ARENA
El gran problema de esta formación madrileña reside en su ambigüedad. Aún no queda claro si las pintas que exponen sin vergüenza alguna, forman parte de un sentido del humor difícilmente asimilable o si, por el contrario, tienen alma de payasos inconscientes.
Pelo largo, chupas de cuero y pantalones marcando paquete para luego, interpretar canciones tan cursis como ‘Quiero Ser Feliz’ que podrían haber sido escritas por alguna adolescente de nombre Britney o de apellido Hilton. ¿A quién quieren engañar? No pueden pretender parecerse a Iron Maiden y verse luego comparados con los respetables y racionales Celtas Cortos.
Mucha fiesta pagana, mucha inquisición, mucho diablo, mucha guitarra eléctrica, pero poca violencia musical y una voz en busca de las notas perdidas. A medio camino entre todo, perdidos en un desierto artificial, resulta difícil entender la respuesta social a tal absurdidad, solo comparable a obras de Ionesco.
Está claro que, como grupo de barrio, podrían tener hasta su encanto. Tocando muy de vez en cuando en alguna feria, el público les aplaudiría mientras disfrutan de grasientos churros, metáfora que, sin lugar a dudas, le queda como un guante a dicho esperpéntico espectáculo. Lamentablemente en épocas festivas, la tolerancia se apodera del sentido común convirtiendo al ser humano en ciudadanos capaces incluso hasta de aplaudir insultos al buen gusto, a la literatura y, ¿cómo no? a la música.
Con Mägo De Oz… Halloween todos los días.