
PIN…UNA DE CAL
Hoy toca defender al grupo más prestigioso de la última década: Radiohead. Resulta casi ridículo buscar argumentos a favor para demostrar que a esta formación inglesa le sobra calidad, ingenio y esa rara capacidad para siempre posicionarse por delante de la actualidad musical.
Con el término “vanguardia” tatuado sobre sus espaldas, Thom Yorke y compañía lograron incluso publicar el álbum perfecto. Así, ‘Ok Computer’, que cuenta con himnos como ‘Karma Police’, ‘Paranoid Android’, ‘Lucky’ o ‘Airbag’, se convirtió en una obra maestra admirada por millones y millones de extasiados oyentes.
¿Qué más se les podría pedir? Exploran territorios inhabitados y acondicionan caminos abriendo entonces el paso a múltiples jóvenes que intentarán repetir una irrepetible hazaña. Experimentan con las notas, juegan con los silencios; se divierten.
A principio de los años 90, presentaron su candidatura con ‘Pablo Honey’ colgándose al cuello la etiqueta rock para, más adelante, probar los placeres de un pop mágico. Ahora, dejando de lado los intereses puramente comerciales, dando prioridad al arte en estado puro. ‘Kid A’, ‘Amnesiac’ e ‘In Rainbow’ son testigos directos de tal cambio de filosofía sonora.
Para todas aquellas personas aún dubitativas, el quinteto paseará su inteligencia por Barcelona el próximo 12 de junio, inaugurando al mismo tiempo el Daydream festival. Ocasión perfecta pues para deshacerse de cualquier prejuicio o pensamiento equivocado. La emoción personificada no puede dejar a nadie indiferente…
PON…UNA DE ARENA
El grupo de Oxford goza del prestigio dado por cierto tipo de prensa que, como por arte de magia, ha acabado trasladándose a parte del gran público. Principalmente, a aquel con presunciones intelectuales que no resisten el más mínimo examen. La prueba está en su entronización de Radiohead como piedra filosofal del rock, cuando en realidad simplemente han pasado de ‘grunges’ del montón a plastas perdidos en sus abstracciones sonoras (“pajas mentales tocadas con instrumentos” lo llamo yo).
Aburridos, pesados, pretenciosos, rayados y ‘rayantes’, grupo de canciones que no de álbumes, de sensibilidad fingida y (por tanto) poco creíble, tristones y francamente insoportables, Radiohead son considerados por esos mismos como el acabóse de la experimentación y el riesgo aplicado al pop cuando la mezcla de guitarras y electrónica ya fue inventada hace tiempo (y no precisamente por ellos) y cuenta con mejores (y más atrevidos) ejemplos.
Su único mérito radica en no parecerse a nada (loable por otro lado) picoteando de aquí y de allá. Pero de ahí a considerarlos como una de las mejores bandas de la historia va un buen trecho que sus rizos musicales (más bien permanentes con rulos) no han conseguido recorrer de momento. Ya que, a fin de cuentas, a lo largo de su carrera Radiohead se han mostrado lastimosamente incapaces de prevalecer sobre sus múltiples influencias, de colocarse por delante de sus maestros.
Mucho peor resulta, por otro lado, referirse a sus discípulos. Aquellos que, como Coldplay, Muse o Keane, se han dedicado a explotar la parte más comercial y sensiblera de su legado. Para echarse a llorar…
La última jugada de Radiohead para seguir en el candelero ha sido la de proporcionar su nuevo disco a través de Internet y al precio que consideraran conveniente los propios compradores. Aquí tampoco han resultado ser tan revolucionarios como algunos han proclamado: no fueron ellos los primeros ni en pensarlo ni en ponerlo práctica.
Sí lo fueron en cambio a la hora de utilizar el ardid como engaño: ya existe una edición de lujo aumentada del mismo lanzamiento a precio desorbitado y el 31 de diciembre verá la luz otra normal al costo acostumbrado, con su caja y su libreto. Quien se lo haya descargado puede empezar a tirarse de los pelos.