
PIN…UNA DE CAL
Antes que criticar a Manu Chao, me escucho la discografía entera de Rosa y la de todos los triunfitos si es necesario. ¿Cómo dedicar tan sólo una palabra despreciativa hacia ese mito que lideró durante tantas temporadas una de las formaciones más revolucionarias y singulares del último siglo?
Mano Negra, tan provocadores como inteligentes, a pesar de su frustrante desaparición seguirá brillando en la mente de infinitas generaciones. Por otra parte cuando tu expediente cuenta con álbumes como ‘Casa Babylon’, menospreciar al hombre que puso en pie aquel proyecto debería castigarse de manera severa.
Quizá su carrera en solitario no llegue a la vertiginosa altura alcanzada por su ya antigua banda, pero de ahí a rebuscar sus puntos débiles… Su último trabajo titulado ‘La Radiolina’ que sigue su línea rebelde e inconformista ofrece cortes grandiosos como ‘Rainin In Paradize’, ‘Politik Kills’ o ‘Panik Panik’.
Aunque no lograrán secar las lágrimas de aquellos melancólicos aún disgustados tras la disolución de Mano Negra, su nueva aventura responde a las expectativas más exigentes. Y sino, que se lo pregunten a todas aquellas personas capaces de tararear sus tan resonadas composiciones como ‘Desparecido’ o ‘Me Gustas Tú’.
Me gusta Mano Negro, me gusta Manu Chao.
PON…UNA DE ARENA
Vayamos por partes. Primero, se impone desligar a la persona del artista. A José Manuel Arthur Chao, francés de origen español a cuenta de unos padres que tuvieron que emigrar al país vecino cuando por aquí la cosa pintaba mala, de Manu Chao, el músico que se ha convertido en bandera de una forma de pensar gracias a unas canciones que se oyen ya por todos los rincones del mundo.
Respecto al primero, nada que objetar salvo su progresivo proceso de canonización por cierta parte de la izquierda más dada al folclore; la misma que imita unos patrones estéticos con los que, para ser sincero, tampoco estoy nada de acuerdo. Está claro que no sólo la Iglesia tiene sus santos. El problema viene cuando nos traemos entre manos al artista, aquel que se según la Academia (la de la Lengua, no la de OT) ejercita alguna bella arte.
Porque bellísimas, sin duda, además de apasionantes y electrizantes, fueron sus composiciones mientras figuró el frente de los añorados Mano Negra. Incluso durante sus primeros pasos en solitario consiguió seguir alimentando una llama que, desgraciadamente, se ha ido extinguiendo poco a poco. Muerta de soberano aburrimiento.
Digamos que el último Manu Chao se ha acostumbrado a un soniquete que, no por conocido, deja de atraer como abejas al panal a sus seguidores más acérrimos (o más sordos). Aquellos a los que les da igual que sus dos últimos trabajos suenen como un flujo amorfo de sonidos reciclados (no de otros, sino de sus propias sobras) en el que es imposible distinguir una canción de otra. Un collage que, de tan mascado, ha perdido todo sabor.
Manu Chao ha quedado secuestrado por unas maneras de hacer y por lo que el público espera de él. O, en otras palabras, ha caído en lo que él mismo defenestra: el aburguesamiento.
DESCUBRE EL PERFIL DE MANU CHAO Y ESCUCHA GRATIS 'LA RADIOLINA'