
PIN…UNA DE CAL
Hoy, por lo visto, me toca ejercer de abogado del diablo. Defender a unos post adolescentes que por salir en televisión, radio o revistas musicales ya creen poder competir en la primera división sonora. Pero ellos, en el fondo, no tienen la culpa. Si los recintos se abarrotan de niñas con la estética aún por definir o descubrir, los componentes del cuarteto en cuestión no tienen motivos para corregir una filosofía que les permite disfrutar, hoy por hoy, de un éxito tan comercial como egocéntrico.
Vivimos en un país libre, democrático y aparentemente respetuoso donde cada persona tiene la posibilidad de llevar a cabo un proyecto, sea cual sea su género. Aunque parezca que estos chicos acaban de salir de una fábrica mediática de la que brotan productos congelados, listos para comer y tirar, nadie debería cerrarles el paso hacia esa discutible vida que se están construyendo.
Por otra parte, ya tendrán tiempo más adelante para darse cuenta de que aunque se imaginen involucrados en la lucha punk, cada gesto efectuado se limita a plagiar con poco acierto todo lo que las mentalidades anarquistas como The Clash o The Ramones escondían detrás de sus distorsiones, ritmos y chillidos.
Mientras no dañen a nadie, que sigan en esa discutible línea musical. Cierto público se lo agradece y mientras la educación artística no llegue hasta ellos, todo seguirá igual. ¿Para qué luchar? ¿Por qué lamentarse?

PON…UNA DE ARENA
¿Desde cuando el punk es un estilo hecho por y para niños y niñas de papá? ¿Desde cuando es, simplemente, una pose? ¿Un cabello estudiadamente despeinado, hacer propaganda de una determinada marca de ropa o someterse a los dictados de una multinacional? Lo siento, pero eso no es punk. Eso es (mal)vender el punk.
Un estilo rebelde e iconoclasta que, con dos décadas a sus espaldas, nos ha dejado discos imprescindibles, artistas geniales y conciertos para mantener en el recuerdo, además de ser el primero en reclamar (y lograr) la democratización de la música: ya no hace falta dominar un instrumento para saltar a un escenario; basta con creérselo.
Pero que, en manos de este trío (antes cuarteto) de imberbes pagados de si mismos, se convierte en un sonido empalagoso y aburrido aderezado con unas letras que dan pena: por ñoñas y estúpidas. El primer single de su nuevo trabajo, ‘Lo Mismo’, es un claro ejemplo de lo expuesto.
Y no me vengáis ahora con acusaciones de radical, cerrado de mente, talibán o abuelo cebolleta. Yo también he tenido dieciocho años, y aún así sabía distinguir una canción de Bad Religión de una de Mecano. Son grupos como No Way Out los que están haciendo un daño terrible al punk. No yo.