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Artículos - mayo 2008

# jueves, 29 de mayo de 2008 12:54

THE OFFSPRING

PIN…UNA DE CAL

 

¿Eres de los que gustan de comer palomitas en el cine o de los que asiste con gesto serio como si se tratara de un entierro? ¿Te gusta, de cuando en cuando, atiborrarte a comida basura hasta reventar? ¿Conservas ese toque gamberro y adolescente pese a ya no ser un niño? ¿Te aburren las convenciones sociales? ¿Te gusta patinar? Porque entonces eres de los míos.

 

Y probablemente compartas mi cariño por bandas como The Offspring, muchas de las cuales le pusieron banda sonora a una adolescencia llena de excitación, aventuras y descubrimientos que nos han marcado por el resto de nuestros días.

 

Bien es cierto que los californianos no son los mejores en esto, habiendo grupos mucho más capaces dentro del hardcore melódico; pero no lo es menos que el grupo liderado por Dexter Holland nos ha dejado para el recuerdo canciones inolvidables como ‘Come Out And Play’, ‘Self Steem’, ‘Gotta Get Away’ o ‘The Kids Aren’t Allright’. Razones suficientes como para reservarles un hueco en nuestro corazón punk.

 

Sí, punk. Porque no todo dentro de ese cajón de sastre así llamado tienen que ser crestas y pinchos. Es más, el punk no debería ser un compartimiento estanco en el que seguir una serie de normas de ningún tipo. En ese caso le estaríamos quitando su razón de ser y apoyando todo aquello por lo que un día se hizo necesario.

 

PON…UNA DE ARENA

 

Punk sólo hay uno. Sus derivados van aparte y cuando más lejos, mejor. Influenciados por los grandes, los pocos, los únicos, esa copia barata generalmente adolescente se autoincluye dentro de un género que gracias a Dios, no les pertenece.

 

Sin embargo, pasean sus cadenas, sus pantalones caídos (y por lo tanto sus horribles gayumbos de Snoopy o Mafalda), sus gorras y sus monopatines por la ciudad con aires de grandeza y diferencia. “Hey nenas, venid a mí. Soy diferente, escuchad la lista de canciones de mi lector MP3: Nofx, Pennywise o, en este caso, The Offspring. ¡¡Waowwwww!!”

 

En cierto modo, dan pena. Bastante, de hecho. Ellos se ríen de Britney Spears, Christina Aguilera y compañía sin darse cuenta de que sus ídolos forman parte del mismo mundillo artificial. Diseñados para los jóvenes menos desarrollados (intelectualmente hablando), esos repertorios podrían compararse a productos cinematográficos tales como ‘American Pie’, ‘Scary Movie’ o cualquiera de esas basuras proyectadas en los supermercados del arte. En todo caso, ellos se gustan así y, en un mundo tan depresivo, esa confianza en uno mismo jamás les sobrará.

 

¿Y centrándonos en la formación en cuestión? ¿Qué queréis que os diga? Porque introducir la mediocridad dentro del catálogo cultural parece motivo suficiente para despreciar un proyecto que nació, vive y sobrevivirá gracias a las limitaciones estéticas de una población mundial a punto de abrir la boca para tragar mierda.

 

Quienes quieran llamarlo punk, pueden dirigirse a cualquier librería especializada y comprobar en vivo su craso error.

# jueves, 22 de mayo de 2008 11:33

PORTISHEAD

PIN…UNA DE CAL

 

Mientras las agujas del reloj seguían girando, el silencio se amplificaba. Nadie se acercaba. Ni siquiera una voz para justificar la espera. Tan sólo los recuerdos aportaban algo de oxígeno a una insoportable angustia. Así, aires como ‘Only You’, ‘All Mine’ o ‘Sour Times’ resonaban en todas esas mentes que decidieron acercarse al ficticio velatorio.

 

Sin embargo, con la llegada del inesperado tercer álbum titulado ‘Third’, la luz volvió a brillar sobre Bristol… y sobre el mundo. A pesar de tomar una dirección sonora distinta a los dos anteriores trabajos, esa oscuridad presente en lo último de Portishead se mezcla magistralmente con una melancolía que jamás abandonaron.

 

Un trío sin puntos débiles, un proyecto decidido a no dejarse influenciar por un calendario marcado por el negocio audiovisual, una formación casi perfecta. Gracias a un repertorio grandioso, se colocan como la gran atracción, la apuesta número uno del Primavera Sound que este año se celebrará los días 29, 30 y 31 de mayo.

 

Emocionales, pasionales, o simplemente distintos, Beth Gibbons, Geoff Barrow
y Adrian Utley
  ya no tienen que demostrar nada a nadie. Tocaron el cielo y, desde entonces, nos observan desde lo alto de unas nubes bautizadas “estética”. Su música perdurará en el tiempo y aunque pasen décadas el grupo británico tendrá siempre su  hueco reservado en una actualidad cultural encantada con su regreso al paraíso.

PON…UNA DE ARENA

 

Muerto el trip-hop por culpa de anunciantes y modernos de medio pelo que abusaron del mismo, ¿qué sentido tiene el regreso de una de sus figuras clave, Portishead? Me temo que ninguno.

 

Vale, no son exactamente los mismos que nos dejaron una década atrás; vuelven cambiados, con nuevos ropajes. Pero resulta este un cambio de orientación un tanto forzado, que gustar, lo que se dice gustar, sólo ha gustado a los cuatro que siempre quieren dárselas de listillos y enterados. Al resto poca gracia nos ha hecho.

 

Me temo, y siento repetirme, que nombre y pasado (glorioso, eso sí) pesan más que un presente que no resiste comparación alguna. A Portishead, simplemente, se les ha pasado el arroz: ‘Third’ no está, ni de coña, a la altura de obras maestras como ‘Dummy’ o ‘Portishead’. Ya lo siento.

 

Podremos pecar de cierta intransigencia, pero con una formación como Portishead tenemos la obligación (de nuevo, pasado obliga) de ser exigentes y pedirles, siempre, lo máximo. Y en esta ocasión, como me apena decirlo, no han sido capaces de entregárnoslo.

 

Mejor habrían hecho quedándose en casa que rompiendo nuestras ilusiones y mancillando nuestro recuerdo.

# miércoles, 14 de mayo de 2008 14:59

COLDPLAY

PIN…UNA DE CAL

 

Pobres Coldplay. Lo tienen todo para que esa tropa de modernillos ‘gafapasta’ que van de enterados por la vida, se cebe con ellos: venden discos a porrillo, salen a todas horas en todos los medios (y hasta en las radiofórmulas), les gustan a las chicas, su cantante es guapo, llenan estadios y los festivales se pelean por ellos, van de comprometidos, su música es mesiánica y tocan baladas al piano. ¿Qué más se puede pedir?

 

El problema para todos estos ‘haters’, como les llaman los anglosajones, es que Coldplay cuentan en su haber con uno de los mejores discos de lo que llevamos de siglo: ‘Parachutes’. Eso es así y ni siquiera el chasco que nos llevamos con su anterior ‘X&Y’ puede evitarlo. De manera que mejor si se van acostumbrando.

 

Porque además el cuarteto inglés está de vuelta con un nuevo álbum que saldrá a la venta en pocas semanas. Trabajo del que todo el mundo anda comentando, a mofa, tanto su portada como su título (‘Viva La Vida Or Death And All His Friends’). Dos homenajes en toda regla (a Frida Kahlo y a Delacroix) con los que no sólo recuerdan al cuarenta aniversario del Mayo del 68 francés.

 

Portada y título también nos descubren un hasta ahora insospechado sentido del humor en el seno de una banda de llorones (en el mejor sentido del término) como ellos. Resulta, por tanto, que lo de Coldplay no es tan sencillo como parecía. ¿O te pensabas que lo de Brian Eno como productor era una broma?

PON…UNA DE ARENA

 

Antes de nada, y para evitar las mismas reacciones de siempre dignas de cualquier fan de Coldplay, aclarar que no siento ninguna envidia.

 

¿Qué decir de unos artistas que desde el primer día en las ondas radiofónicas ya se creían los nuevos Dioses del género pop? Esa falta de modestia podría, en cualquier momento, afectarles gravemente poniendo un brusco punto y final a una carrera profesional muy protegida por los medios de comunicación… demasiado protegida. No es que hagan mala música, pero tampoco componen melodías del otro mundo.

 

En cualquier caso, a los pijos o a los pseudo alternativos, les encanta todo lo que hacen Chris Martin y compañía. Claro, porque Coldplay mola. Mola tanto como El Canto Del Loco, Pignoise o cualquier single playero de turno. Y aunque no hayan abierto otro libro que no sea el Don Balón o la Superpop, el escuchar a este cuarteto británico les da el derecho a introducirse en el maravilloso mundo de los intelectuales de plástico.

 

Ahora vuelven con un álbum cuyo título (Viva La Vida Or Death And All His Friends, digno de Chayanne) hace presagiar lo peor. ¿Se habrán vuelto aún más cursis? ¿O quizá hayan diseñado nuevas coreografías para el directo? Las manos arriba, las manos abajo, las manos en el parqué…

 

A pesar de los cuatro discos con los que ya cuentan en el mercado, me arriesgaría incluso a apostar por una decadencia popular a corto plazo. Monótono y limitándose siempre al mismo sonido, la banda acabará por cansar a los que se tragan cualquier producto. 

 

En fin. Como dicen sus seguidores, es lo que hay. ¿Qué se le va a hacer?

 

# jueves, 08 de mayo de 2008 13:20

AMARAL

PIN…UNA DE CAL

 

Ganar un premio Goya, teniendo en cuenta la situación cinematográfica del país, no significa en muchas ocasiones, haber logrado la mejor película. Sino, la menos mala de todas. Algo parecido ocurre en la música comercial española. Sin embargo, aunque no tenga mucho mérito dominar el paisaje sonoro popular habitado por proyectos como La Oreja De Van Gogh, El Sueño De Morfeo, Estopa y compañía, Amaral se sitúa a una distancia incalculable de tales supuestos artistas.

 

Desarrollando -desde 1998 con la salida de su homónimo álbum de debut- un pop de corte magistral, el dúo compuesto por Eva Amaral y Juan Aguirre lograron tres temporadas atrás editar un trabajo extraordinario titulado ‘Pájaros En La Cabeza’. Jugando con el contraste, supieron alternar, como lo demuestran los títulos ‘Revolución’ o ‘Mi Alma Perdida’, entre las emociones más felices, las sensaciones más melancólicas y la crítica inteligente.

 

Pero todo ese repertorio no hubiese triunfado sin esa voz angelical también capaz, sin embargo, de expresar rabia, dolor y descontento. La de Amaral. El guitarrista, por su parte, se merece otra mención especial: mimando las seis cuerdas con precisión y mucho tacto, Juan es un virtuoso que completa un puzzle que quedará para siempre en los anales del arte multitudinario pero no por ello menor.

 

Distribuyendo belleza tanto para los adultos, los niños, los ancianos, los entendidos, los debutantes o los sin criterio, Amaral simboliza la unión construyendo, finalmente, un lugar común donde por fin, todo el mundo dialogará a lo largo de la noche en la calle.

 

 

PON…UNA DE ARENA

 

¿Por qué será que odio tanto a Amaral? ¿Será por su falsa molestia? ¿Por sus pretensiones indies, esas que les impiden mostrarse tal y como son? ¿Por los aires supuestamente poéticos y profundos de unas letras de primero de la ESO? ¿O será porque últimamente me los encuentro allí donde voy o poso mis ojos: en la tele, en las revistas, en Internet, en la calle, en mi mail…?

 

En cualquier caso, preparado estoy para la brasa que nos van a dar estos dos durante los próximos meses: no contentos con ponerle banda sonora a los fastos de la Expo (¿donde están ahora esos valores?), Amaral han decidido amargarnos el verano con un nuevo trabajo discográfico de cuyo título no quiero ni acordarme. Todo ello escudado, además, en esa supuesta autenticidad de pasado crudo: se lo tuvieron que currar, dicen: ¿y quién no?, respondo yo.

 

Excusa que Amaral aprovechan para repetirse más que el ajo: hacen un tema bueno y lo fotocopian hasta la saciedad. Si la fórmula funciona, vaya si lo hace, ¿para qué cambiarla? ¿Para probar cosas nuevas, no hechas antes ni por ellos ni por otros? ¿Por amor al arte? ¡Ja! La pela es la pela, que diría el gran Eugenio.

 

En fin, demasiadas preguntas las planteadas por un grupo que, la verdad, no pasa de mediocre.

 

 

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