
PIN…UNA DE CAL
Ganar un premio Goya, teniendo en cuenta la situación cinematográfica del país, no significa en muchas ocasiones, haber logrado la mejor película. Sino, la menos mala de todas. Algo parecido ocurre en la música comercial española. Sin embargo, aunque no tenga mucho mérito dominar el paisaje sonoro popular habitado por proyectos como La Oreja De Van Gogh, El Sueño De Morfeo, Estopa y compañía, Amaral se sitúa a una distancia incalculable de tales supuestos artistas.
Desarrollando -desde 1998 con la salida de su homónimo álbum de debut- un pop de corte magistral, el dúo compuesto por Eva Amaral y Juan Aguirre lograron tres temporadas atrás editar un trabajo extraordinario titulado ‘Pájaros En La Cabeza’. Jugando con el contraste, supieron alternar, como lo demuestran los títulos ‘Revolución’ o ‘Mi Alma Perdida’, entre las emociones más felices, las sensaciones más melancólicas y la crítica inteligente.
Pero todo ese repertorio no hubiese triunfado sin esa voz angelical también capaz, sin embargo, de expresar rabia, dolor y descontento. La de Amaral. El guitarrista, por su parte, se merece otra mención especial: mimando las seis cuerdas con precisión y mucho tacto, Juan es un virtuoso que completa un puzzle que quedará para siempre en los anales del arte multitudinario pero no por ello menor.
Distribuyendo belleza tanto para los adultos, los niños, los ancianos, los entendidos, los debutantes o los sin criterio, Amaral simboliza la unión construyendo, finalmente, un lugar común donde por fin, todo el mundo dialogará a lo largo de la noche en la calle.
PON…UNA DE ARENA
¿Por qué será que odio tanto a Amaral? ¿Será por su falsa molestia? ¿Por sus pretensiones indies, esas que les impiden mostrarse tal y como son? ¿Por los aires supuestamente poéticos y profundos de unas letras de primero de la ESO? ¿O será porque últimamente me los encuentro allí donde voy o poso mis ojos: en la tele, en las revistas, en Internet, en la calle, en mi mail…?
En cualquier caso, preparado estoy para la brasa que nos van a dar estos dos durante los próximos meses: no contentos con ponerle banda sonora a los fastos de la Expo (¿donde están ahora esos valores?), Amaral han decidido amargarnos el verano con un nuevo trabajo discográfico de cuyo título no quiero ni acordarme. Todo ello escudado, además, en esa supuesta autenticidad de pasado crudo: se lo tuvieron que currar, dicen: ¿y quién no?, respondo yo.
Excusa que Amaral aprovechan para repetirse más que el ajo: hacen un tema bueno y lo fotocopian hasta la saciedad. Si la fórmula funciona, vaya si lo hace, ¿para qué cambiarla? ¿Para probar cosas nuevas, no hechas antes ni por ellos ni por otros? ¿Por amor al arte? ¡Ja! La pela es la pela, que diría el gran Eugenio.
En fin, demasiadas preguntas las planteadas por un grupo que, la verdad, no pasa de mediocre.