
PIN…UNA DE CAL
¿Eres de los que gustan de comer palomitas en el cine o de los que asiste con gesto serio como si se tratara de un entierro? ¿Te gusta, de cuando en cuando, atiborrarte a comida basura hasta reventar? ¿Conservas ese toque gamberro y adolescente pese a ya no ser un niño? ¿Te aburren las convenciones sociales? ¿Te gusta patinar? Porque entonces eres de los míos.
Y probablemente compartas mi cariño por bandas como The Offspring, muchas de las cuales le pusieron banda sonora a una adolescencia llena de excitación, aventuras y descubrimientos que nos han marcado por el resto de nuestros días.
Bien es cierto que los californianos no son los mejores en esto, habiendo grupos mucho más capaces dentro del hardcore melódico; pero no lo es menos que el grupo liderado por Dexter Holland nos ha dejado para el recuerdo canciones inolvidables como ‘Come Out And Play’, ‘Self Steem’, ‘Gotta Get Away’ o ‘The Kids Aren’t Allright’. Razones suficientes como para reservarles un hueco en nuestro corazón punk.
Sí, punk. Porque no todo dentro de ese cajón de sastre así llamado tienen que ser crestas y pinchos. Es más, el punk no debería ser un compartimiento estanco en el que seguir una serie de normas de ningún tipo. En ese caso le estaríamos quitando su razón de ser y apoyando todo aquello por lo que un día se hizo necesario.
PON…UNA DE ARENA
Punk sólo hay uno. Sus derivados van aparte y cuando más lejos, mejor. Influenciados por los grandes, los pocos, los únicos, esa copia barata generalmente adolescente se autoincluye dentro de un género que gracias a Dios, no les pertenece.
Sin embargo, pasean sus cadenas, sus pantalones caídos (y por lo tanto sus horribles gayumbos de Snoopy o Mafalda), sus gorras y sus monopatines por la ciudad con aires de grandeza y diferencia. “Hey nenas, venid a mí. Soy diferente, escuchad la lista de canciones de mi lector MP3: Nofx, Pennywise o, en este caso, The Offspring. ¡¡Waowwwww!!”
En cierto modo, dan pena. Bastante, de hecho. Ellos se ríen de Britney Spears, Christina Aguilera y compañía sin darse cuenta de que sus ídolos forman parte del mismo mundillo artificial. Diseñados para los jóvenes menos desarrollados (intelectualmente hablando), esos repertorios podrían compararse a productos cinematográficos tales como ‘American Pie’, ‘Scary Movie’ o cualquiera de esas basuras proyectadas en los supermercados del arte. En todo caso, ellos se gustan así y, en un mundo tan depresivo, esa confianza en uno mismo jamás les sobrará.
¿Y centrándonos en la formación en cuestión? ¿Qué queréis que os diga? Porque introducir la mediocridad dentro del catálogo cultural parece motivo suficiente para despreciar un proyecto que nació, vive y sobrevivirá gracias a las limitaciones estéticas de una población mundial a punto de abrir la boca para tragar mierda.
Quienes quieran llamarlo punk, pueden dirigirse a cualquier librería especializada y comprobar en vivo su craso error.