
Cierto. Narcisista, chulo, extravagante, cool y ¿qué? Donde mucha gente ve egocentrismo yo veo a un músico que con un par (no hace falta especificar de qué, ¿o sí?) ha sido capaz de reinventarse en cada uno de sus discos. En todos y cada uno de ellos: no hay uno igual que otro, de igual modo que no hay nadie igual que Enrique Bunbury.
Enrique es un camaleón, un animal escénico que no pisa el escenario, lo quema. Como te lo cuento. Capaz de recoger las influencias estéticas de Jim Morrisson, ser tan amanerado como Raphael, idolatrar e influenciarse del mejor Dylan y colaborar con todo bicho viviente con un potencial talento (desde Mónica Naranjo hasta Quique González). Ha tenido errores, como todos; pero es que sin ellos no se llega a ser grande.
Si sólo le preocupara su imagen no habría trabajado con Nacho Vegas, jamás hubiera abandonado un grupo que le proporciona ganancias incalculables.
Pero Enrique es humano, más humano que cualquiera. Por eso se bajó del escenario en Zuera; porque amigo, con cuarenta de fiebre tú no te mueves ni de debajo de las sábanas.
‘Hellville Deluxe’, su próximo disco previsto para octubre, ya promete. Empezando por el título, tan poco convencional, tan original, tan referencial, tan Enrique, tan Bunbury.
Es verdad que a nivel puramente artístico, resultaría complicado destacar los puntos débiles de este indiscutible artista. Liderando a Héroes Del Silencio, Bunbury marcó un antes y un después en el panorama cultural de nuestro país… aunque también lo hiciera en cuanto a falta de modestia se refiere. Cada entrevista suya, cada aparición en medios de comunicación muestran a un personaje recreado en sí mismo, obsesionado en provocar a los espectadores y tan artificial como forzado.
Narcisista, sólo le preocupa su imagen, pesando con máxima precaución sus palabras, gestos y movimientos. Su indiscutible soberbia le ayuda a la hora de cancelar giras o, directamente, de interrumpir un concierto a la media hora dejando así al público con cara de idiota. Y luego se extrañará que a la salida del recinto ciertos asistentes se dedicaran a lanzar piedras contra ese autobús donde se refugió para escapar, sin dar ni siquiera una explicación coherente.
Aunque se relacione mucho la genialidad con la excentricidad, la mala educación parece seguir siendo válida incluso para todos aquellos vocalistas convertidos, algún día, en líderes espirituales. Con el mundo a sus pies, la realidad se distorsiona y, acostumbrado a la veneración, no concibe una vida sin caprichos o exigencias varias.
Por lo tanto, no es de extrañar que hace unos años tuviese la idea de ambientar sus directos bajo la carpa de un circo. ¿Qué mejor lugar para un payaso?
Ese es el Bunbury que llena estadios. Pero seguro que detrás de ese actor, Enrique Ortiz de Landázuri Yzarduy vive una vida normal…