
PIN…UNA DE CAL
Una vez más, ni te creas todo lo que te cuentan (aplícalo a lo que leerás por parte de Pon) ni te dejes engañar por lo que te enseñan aquellos que ostentan el monopolio de las imágenes y las ondas. Llámese MTV o 40 Principales, mismos perros con distinto collar. Porque, en el caso de Eminem, nos encontramos con un MC superlativo.
¿Qué quiere esto decir? Pues que puede que el tipo salga más en la tele que el anuncio de Nocilla, que sea más chulo (sin gracia) que un ocho y que sus discos cada vez sean de peor calidad; pero eso no quita para que, con un micro en las manos, Eminem sea el mejor rapero blanco de todos los tiempos.
Me diréis que vaya mérito con competidores como, ejem, Vanilla Ice. Os digo que no soy yo quien lo asegura, sino algunos de los grandes popes del género (Dr. Dre). Y que tiene mucho mérito destacar, como bien dice Pon (por una vez y sin que sirva de precedente), en un mundo de negros.
¿Por qué él (blanco, rubio y de ojos azules) y no otro (de piel morena, pelo ensortijado y ojos azabache)? Yo tengo mis razones y ustedes tendrán las suyas, en muchos casos seguramente coincidentes. Pero no estamos aquí para discutir el racismo dentro del negocio musical, sino para debatir la valía artística de Eminem.
No dejes que los de siempre nublen tu criterio: Eminem sólo es culpable de saber rapear y, últimamente, de elegir malamente la música que acompañe a dichos raps.
PON…UNA DE ARENA
Dime quienes son tus seguidores y te diré quien eres. Rubias platino con la gorra blanca de medio lado mandando besos a la ‘webcam’; gordos con la perfecta excusa del “soy rapero” para disimular con una camiseta XXXXXL los kilos de más; adolescentes intentando camelarse a unas niñas sin tetas ni cerebro; o asalariados en una gran empresa que, justamente por trabajar en una gran empresa, tienen amplias posibilidades de no tener ni idea de música.
Y así lo demuestran, justamente, escuchando a Eminem a todo volumen desde el cómodo asiento de su espectacular coche descapotable.
Si crees que la música clásica pertenece a los empollones, el rock a los guarros, el pop a los afeminados y encima vomitas versos gratuitos sobre tu mesilla de noche recubierta de revistas Superpops, entonces bienvenido al club de Eminem.
Pijito con pintas de malote, pegando al primer opositor que se topa por su camino de rosas, el blanco que se atrevió a jugar en un mundo de negros demuestra una actitud forzada, rebuscada y sobreactuada. Originando (como no podía ser de otra manera) desprecio entre los clásicos del género.
Pero ese tipo de personajes interesan a los canales temáticos como la despreciable MTV que supo convertir esta ‘víctima de la sociedad’ en un héroe nacional, internacional y, pronto, intersideral. Eminem, por mucho que se ría de sus compañeras de trabajo (Britney Spears o Cristina Aguilera) también pertenece a esa chusma televisiva creada sobre bases tan artificiales como inestables.
A Eminem se le escucha con 13 años como mucho. Si conocéis a alguien que, superada esa edad, sigue atraído por el repertorio en cuestión, corred lejos… muy lejos o vuestro intelecto se autodestruirá en quince segundos.