
PIN... UNA DE CAL
Ante todo, vamos a cerrar los ojos y concentrarnos para
llevar a cabo un simple pero necesario ejercicio. Imaginaos ahora que bajáis a
comprar el pan y, tras doblar la esquina de la calle, os encontráis de repente ante
un cartel gigante anunciando un concierto de Mecano en vuestra ciudad. ¿Qué se
siente? ¿Notáis como los latidos del corazón se aceleran dificultando así la
respiración? Si experimentáis esos desagradables síntomas, no os preocupéis…
todo lo contrario, es normal.
Sinceramente, aquellas personas que admiten no notar ninguna
atracción hacia la formación nacional más importante de la historia escondiendo
su desequilibrio estético detrás de frases como “para gustos los colores”,
pueden dejar de escuchar música para el resto de su existencia o hacer el favor
de, si lo hacen, cerrar bien las ventanas para no contaminarnos con sus
múltiples poluciones sonoras.
Aunque el milagro parezca difícil de cumplirse, ¿por qué no
soñar con un regreso de Mecano a los escenarios para, al menos una vez, regalar
un espectáculo a esas nuevas generaciones que no tuvieron la suerte de nacer en
el momento indicado? Como lo han ido demostrando bandas como The Police, Sex
Pistols y demás, estamos viviendo en tiempos de resurrecciones donde quizá
podamos soñar con la vuelta de los únicos: Mecano.

PON... UNA DE ARENA
Es difícil entender el
éxito de Mecano con perspectiva. Con su música proAznar consiguieron que una
chavalería sin cerebro les siguiera a todas partes, aún siendo los claros
responsables de destrozar una de las etapas más fructíferas creativamente
hablando: la movida madrileña.
¿La clave? Dos hermanos
con mucho ego enfrentados públicamente en plan telenovela sudamericana y una
conciliadora e inocente (ja ja) mujercita de menudo cuerpo (menudo de
esquelético) y voz celestial. Con el tiempo nos dimos cuenta que escuchar más
de cinco minutos seguidos la voz de Ana Torroja era como tener que aguantar a
una gata histriónica gimiendo mientras es cortejada por la mascotita del
vecino/a de turno.
Se las dieron de
profundos, de comprometidos y, en verdad, sólo sirvieron para hacer más fácil
que la música que tenemos hoy en día sea la que es. Intranscendentes, pesados y
encima horteras (para recordar los vestiditos de Ana en los conciertos o el
pelo en pecho de Nacho Cano creyendo que lo que estaba haciendo sobre las
tablas era lo más grande)
El remate fue el
despropósito de Ana Torroja de enfundarse en minifalda negra (a sus 50 años) y
meter cualquier cosa que emitiera sonidos (aunque ella no supiera ni el nombre
de la susodicha cosa) en su disco 'Me Cuesta Tanto Olvidarte', una revisión de
los clásicos de Mecano en clave “Siglo XXI”. O sea, una forma de volver a
engordar la cartera tras unos años de absoluto fracaso en solitario.