
PIN... UNA DE CAL
Cantante, compositora, imagen estética, juventud, belleza o
todo lo que ustedes quieran. Pero Lily Allen representa muchísimo más que todos
esos términos juntos. Porque tras atravesar múltiples problemas que a punto
estuvieron de acabar con su vida, (intentó cortarse las venas en una ocasión) la
artista inglesa se ha convertido, sobre todo, en el reflejo de toda esta nueva
generación desorientada e incapaz, muchas veces, de ubicarse entre tanta
crueldad.
En plena adolescencia, conocida por su fragilidad
psicológica, todos tuvimos en algún momento la necesidad de agarrarnos a un
personaje mediático, un héroe o simplemente a alguien con quien pudiésemos
identificarnos. Además, si a ello le sumamos la indiscutible calidad vocal y
musical que ya pudo demostrar con su primer álbum titulado 'Alright Still', la
simple referencia se convierte finalmente en un portentoso pilar.
Aunque su rebeldía pudo llenar de sangre las revistas
especializadas en crear polémicas absurdas, frases como “todos aquellos que
hayan comprado el disco de Paris Hilton deben morir” marcan el carácter tan
radical como irónico de la hija del comediante Keith Allen y de la productora
de cine Alison Owen.
Gustará o no su forma de ser, pero nadie debería criticar el
comportamiento de un ser humano tan natural como único. En un mundo tan
artificial y superficial como el de los escenarios, tanta espontaneidad se
agradece…
PON... UNA DE ARENA
¿Qué hace una chica tan maleducada monopolizando las últimas
miradas del mundo musical? Lo que ella necesita por ahora, más allá de clases
de canto y de estética, son horas intensivas para aprender a convivir en
sociedad. Acaba de aterrizar publicando su primer álbum y, por lo visto, la
presencia de cámaras, micrófonos y periodistas ha hinchado su ya de por sí
enorme ego.
Gran parte del público incapaz de ver más allá del gurú
(también conocido como radiofórmula) ya se come las uñas esperando la llegada
de su próximo trabajo cuya publicación se está demorando… ¿Por qué será? ¿Por
problemas de competencia con otros lanzamientos que acabarían por eclipsar su
limitada capacidad de creación? ¿Por pura inseguridad? ¿O quizá por intentar
corregir los errores de un producto mediocre? Pues un poquito de todo.
Mientras tanto, la Britney
Spears anarquista que, no lo olvidemos, llegó hasta donde
está gracias al peso de su apellido, se dedica como de costumbre a provocar
gratuitamente a diestro y siniestro para recordar su presencia a la audiencia. Acaparará
muchas portadas, pero su futuro se prevé negro… muy negro. Dentro de unos años,
el veneno presente dentro de aquellos dardos lanzados desde su arrogancia, se
diluirán en sus propias venas.