
PIN…UNA DE CAL
Sus razones tendrá, digo yo, para dejar de lado una formación de éxito y embarcarse en una carrera en solitario con muy buenos augurios (aunque solo sea porque detrás está la multinacional de siempre) aunque, de momento, ninguna certeza (más que nada porque el disco todavía está en las mezclas y no sé sabe a ciencia cierta cuándo verá la luz).
Me refiero, como mis muy avispados internautas habrán adivinado ya (y si no, para eso está el título del post), a Amaia Montero. Esa chica eternamente rubia (teñida) y profundamente preocupada por su silueta (corre el rumor de que no deja que la fotografíen, en concierto, por debajo de la cintura) que a tantos jovencitos (y no tanto) ha encandilado con su voz y su estética.
Y, sigo diciendo, sus razones tendrá para tal paso haber dado. Me temo que la de mayor peso será, como no, el dinero. Ese que ella cree que puede ganar en mayores cantidades sin el concurso de sus ya ex compañeros de grupo. Se acaba así una bonita historia de amor (musical) y comienzan otras dos a su vez. Pero nada podemos, ni debemos, objetar (simplemente porque nosotros haríamos lo mismo en su situación).
A ambas aventuras les deseamos la mayor de las suertes en este mundo. Simplemente porque, cuando el río suena, es que agua lleva. Me explico: si tantas personas han acudido al centro comercial correspondiente a adquirir su copia de La Oreja De Van Gogh será porque algo les dará la escucha de sus canciones.
Y ahora, además, van a poder comparar y elegir: comprobar que la voz de Amaia era el motor de la banda donostiarra, a la cual mal porvenir le espera si no es capaz de compensar el glamour y la presencia que la cantante dotaba al grupo, factores ahora desaparecidos; y, por lo tanto, decantarse por ella en esta fraticida lucha.
Se lo merece.
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PON…UNA DE ARENA
La actualidad musical no espera a nadie. Ese monstruo hambriento se nutre de éxitos pasajeros, tendencias y modas con fechas de caducidad claramente expuestas sobre el envase en cuestión. Por ello, si el futuro de La Oreja De Van Gogh se escribe con una tinta sospechosa, la nueva aventura de su ex líder, Amaia Montero, parece condenada al naufrago incluso antes de levantar anclas.
Parece muy improbable que estas historias paralelas lleguen ambas a buen puerto, repitiendo cada una por su lado el incomprensible éxito de un cuarteto tan cursi como empalagoso… aunque, al menos, esperemos que finalmente enterrado para siempre. Esa sí que sería una buena noticia.
Como bien sabemos, las segundas partes nunca fueron buenas y más aún si al mando se halla una mujer con un carisma invisible, o quizá demasiado bien escondido bajo sus litros de tinte rubio. Ya hemos tenido nuestra dosis de ese pop fotocopiado…y pensar que ahora en vez de una tendremos dos. Ha llegado el momento de hacer un agujero en el suelo y escondernos hasta que esta tormenta decida dejarnos tranquilos pasando de largo.
Por ello, desde aquí, le deseamos la peor suerte del mundo con la esperanza de que sus apariciones televisivas y radiofónicas sean lo más escasas posibles. El ciclo ha terminado. Ha llegado el momento de dar paso a nuevas generaciones que, desgraciadamente, se limitarán a hacerlo tan mal como los predecesores… Es, me temo, ley de vida.