Espacio publicitario
terra.es Blogs Oficiales

Artículos - octubre 2008

jueves, 30 de octubre de 2008 13:36

PINK

PIN…UNA DE CAL

Miren ustedes por donde pero, pese al rechazo que este tipo de propuestas suelen causarme, a mi Pink me cae bien. Es más, me gustan unas canciones (las suyas…o las que le escriben otros) que, sin ser nada del otro mundo, dejan un agradable regusto al pasar por mi cerebro desde un oído camino del otro.

Será por su eterna pose de rebelde sin causa, de niña problemática sin problemas, de eterna adolescente llegada a la treintena; o será que la tipa no tiene pelos en la lengua, que sus vídeos son de lo más salvajes que te puedas encontrar en la tele (y ya sé que eso no es mucho, pero es algo) y que sabe reírse tanto de los demás como de ella misma.

Por otro lado, digo yo que a lo largo de sus cinco publicados alguna canción buena habrá. Por ejemplo ‘Stupid Girls’, donde ponía a bajar de un burro a todas esas celebridades con menos cerebro que un mosquito. Las mismas a las que muchos confunden con la propia Pink. Pero nada más lejos de la realidad.

Pink, desde luego, no está aquí para cambiar el rumbo de la música ni iniciar ninguna revolución sonora. Sus canciones son de rápido consumo y es probable que no superen la prueba del tiempo. Pero harías mal en compararla con cualquier otra sensación de temporada tipo Kathy Perry.

Porque Pink, y antes no lo había comentado, tiene algo que las demás no poseen: actitud. Y con ella se puede llegar muy lejos en este mundo.

 

PON…UNA DE ARENA

Antes de nada, ¿alguien me podría explicar la siguiente e incomprensible contradicción: cómo es posible que esta vocalista tan marimacho haya optado por esconder sus carencias femeninas detrás del apodo ‘Pink’?

Porque de rosita, poco tiene: pelo corto, rostro cuadrado, cuerpo de culturista, tatuajes dignos de cualquier preso peligroso de las cárceles más vigiladas de Estados Unidos… Porque aunque la versión oficial de la cantante hable de Mr Pink -uno de los personajes de la película ‘Reservoir Dogs’- como motivo principal de tal seudónimo, el argumento sigue resultando paradójico.

Y a nivel musical… ¿qué queréis que os diga que ya no sepáis? Melodías típicas, fotocopiadas del género seudo-punk/rock made in MTV, que entran con facilidad en los oídos de un oyente perezoso sin ganas de complicarse la existencia explorando el verdadero mundo sonoro. Porque esto, de artístico no tiene absolutamente nada.

Como salida de una fábrica de muñecas rebeldes hiper-realistas, Alecia Beth Moore se limita a entretener al pueblo hasta que su tiempo sobre los escenarios se agote y, de paso, se le termine, de una vez por todas, el chollo. ¿Quién se acordará de ella en el 2020? ¿Algún treintañero con síndrome de Peter Pan?

En cualquier caso, Pink rima con efímero, rima con marketing y rima con ‘retírate ya por favor’. 

 

jueves, 23 de octubre de 2008 12:41

ROSARIO

PIN…UNA DE CAL

Vamos a poner un poquito de sal sobre la superficie de este mundo, bailar con mucho arte a cualquier hora de la madrugada, en cualquier lugar y con quien sea. Pero sólo a una condición: que sea en compañía de la música de Rosario, una mujer que nació artista.

Entre los ‘oles’ de la audiencia, la hija de la mismísima Lola Flores y hermana del desaparecido Antonio, ha sabido aguantar con casta y talento la presión de formar parte de una de las familias más fértiles a nivel artístico en la historia de nuestro país. Tras deshacerse rápidamente de cualquier tipo de complejo, la vocalista ya pasea con orgullo su larga y característica melena morena por la actualidad sonora.

¿Por qué? Más que nada por haber logrado difundir el flamenco por las ondas más mediáticas acercándolo así al público popular. A pesar del gran respeto que se tiene hacia este género en España y fuera de sus fronteras, pocas son las personas que se atrevían a ambientar regularmente su vida a ritmo de tablados. Pero la llegada de esta mujer cambió las costumbres y derribó el miedo que muchos tenían a acercarse a ese estilo de raíces tan profundas.

Sin embargo, unos van a lo fácil, argumentando que su éxito como profesional del espectáculo se debe en gran medida a ser “la hija de…”. ¿Verdad, Pon? No obstante, ni casualidades ni enchufes forman parte del vocabulario de una Rosario que ya lleva demasiados años ganándose la vida en este mundo.

Poniendo así un punto y final a una discusión sin sentido.

PON…UNA DE ARENA

En este país parece ser que lo de ser artista te viene de nacimiento. Es decir, que nos creemos a pies juntillas, como imbéciles, el sambenito ese de que se nace artista. Así nos va: aguantando a ‘artistillas’ de medio pelo que están ahí por el mero hecho de tener un apellido famoso. Algo que, como no, también ocurre en el resto del mundo; pero no de la manera que se da en España.

En el caso de Rosario la cosa se agrava al ser ya la tercera fémina de la familia Flores por parte de Lola (es decir, sin contar primas, tías y demás ramificaciones) en dedicarse a esto de dar el cante. Cosa que da, y mucho. Con ojo se deberían andar en el clan, porque la cosa va de mal en peor. Lo de la madre tenía un pase; a la hija mayor se le podía consentir; pero lo de Rosario es de juzgado de guardia.

Porque ella, además, se ha dedicado a pervertir las esencias de esa música que tanto dice adorar de la manera más vil. Diluyéndola, como si de un licor fuerte necesitado de agua se tratara, para hacerla soportable a audiencias demasiados vagas e incultas como para aceptar las cosas tal y como son. Porque siempre habrá quien necesite que su mamá le meta la comida en la boca ya masticada. Si no, se atragantará.

Por el camino, mientras tanto, vamos aguantando cada cierto tiempo un nuevo trabajo discográfico de la pequeña de los Flores. Un tormento que sobrellevamos como podemos…aunque no perdemos la esperanza de que un día acabe

jueves, 16 de octubre de 2008 12:33

THE CURE

PIN…UNA DE CAL

Criticar a estas alturas a una banda como The Cure, además de fácil y factible (todo el mundo puede hacerlo y está en su pleno derecho), resulta del todo innecesario. Me temo que, tras más de dos décadas de carrera se tienen ganado a pulso el estatus de mitos de la música pop.

A los hechos, es decir, a su casi quincena de discos en estudio (por no contar directos y otras rarezas), me remito. Y ante ellos nada queda por discutir: The Cure pasarán a la historia como uno de los grandes grupos en surgir de la resaca punk…y lograr mantenerse en el tiempo.

Es aquí, entonces, donde surge la polémica: en la validez de sus últimos pasos discográficos. Y más concretamente, del último y homónimo. Trabajo en el que, quizás aburridos de las brumas que siempre han poblado sus canciones, se atrevieron a abrir las ventanas y dejar entrar la luz procedente de las praderas americanas.

Porque sí, ese disco puede sonar por momentos a grunge o a simple rock. Pero no deja de ser un loable intento de una banda que ya no tiene nada que demostrar por abrirse a nuevos sonidos y nuevas posibilidades. Y haríamos mal, dada la desidia y la mediocridad generalizada en el mundo de la música, en tirar piedras sobre el tejado de bandas que tratan de escapar de corsés y caminos marcados.

PON…UNA DE ARENA

¿A estos chicos nadie les ha hablado aún de la jubilación, del ‘retírate-antes-de-que-sea-demasiado-tarde’ o del Expediente de Regulación de Empleo? Sin pensar en las nuevas generaciones dispuestas a quitarles el puesto, siguen publicando discos a lo bestia con, además, unos cuantos EPs convertidos en la antesala de un final patético que, al fin y al cabo, no se merecen.

Y mientras tanto, unos poco fanáticos (los de siempre, los fieles cegados por la luz del tubo catódico) esperan ansiosos la publicación de ese nuevo álbum que nunca llega.  

Necesitaríamos una máquina del tiempo de última generación para recordar aquella época en la que el (des)peinado de Robert Smith levantaba pasiones, creaba escuela y provocaba la aparición de innumerables imitadores. Pero el intentar mantener ese estilo desenfadado (como dirían los mejores peluqueros) acabó por dibujarle esta triste y actual caricatura de si mismo que nada tiene que ver con el retrato del creador de himnos como ‘Killing An Arab’, ‘Pictures Of You’, ‘A Forest’ o ‘Friday I’m In Love’.

Aunque descubrieron la cura para luchar contra enfermedades culturales de todo tipo y lograron sanear la salud de un mundo sonoro en continuo peligro de muerte, el nuevo siglo marca la imparable decadencia de un mito convertido en timo.

En cualquier caso, todos los anteriores argumentos sobran. Porque el que más peso tiene es el siguiente:

http://www.youtube.com/watch?v=h7-vMMKivwY

Trágico…

jueves, 09 de octubre de 2008 13:35

EXTREMODURO

PIN…UNA DE CAL

Hablar de Extremoduro es hablar de cultura popular, de las ganas de divertirse a lo loco sin rebuscar entre las marañas de un arte abstracto muchas veces defendido por puristas con gafas de pasta fundiéndose bajo un alo de luminosidad artificial.

Aquí, con un par de cañas en el aparato digestivo y otra entre las manos y los labios, se rinde homenaje al rock & roll directo que, con muchísimo mérito, consigue llenar y rellenar estadios de fútbol. Una proeza de la que tan sólo unos pocos pueden sentirse orgullosos.  

De esas guitarras eléctricas y esos ritmos acelerados, casi sucios, nacen himnos de barrio dedicados a seres humanos naturales, sin pretensiones por disimular sus innumerables defectos bajo absurdas poses de aparente perfección. La cultura sencilla de asimilar evita dolores de cabeza, facilita las relaciones interpersonales y el entendimiento social para, así, dibujarle una sonrisa a un ambiente demasiadas veces herido por nuestra sed de distinciones.

Sus letras hablan de la vida, de una existencia real y palpable en la que la gran mayoría le gusta sentirse identificada. Amor, desamores, igualdades, desigualdades, sueños o pesadillas marcan la línea editorial de una de las formaciones nacionales que ha sabido convertir el género musical por excelencia en un lugar de encuentro, placeres y, no lo olvidemos, actuaciones inolvidables.

Ni al extremo de los paletos, ni al extremo de los iluminados. Extremoduro, esencia equilibrada para la gente tal cual.

PON…UNA DE ARENA

Porque tú poeta eres, porque tú versos compones, bájame la bragueta y tócame los c…En este santo país todo quisqui se cree un poeta. Basta que le ría las gracias un amigo o el amante se quede obnubilado ante determinada ocurrencia. Pero que a mil tontos se les caiga la baba con algo no quiere decir que ese algo tenga valor alguno. Y eso es lo que ocurre con Extremoduro.

Como en la telebasura, aquí ha bastado con airear un pasado (dicen que) maldito y un presente supuestamente rebelde, componer unos versos arregladitos y ponerles un fondo de rock urbano para que las ovejas acudan en masa (y mansamente) al redil. Se ponen las vergüenzas al descubierto, se sirve uno de ellas para sacar tajada en mentes impresionables y…¡a vivir del cuento!

Robe Iniesta y su grupo, Extremoduro, hace tiempo que perdieron todo atisbo de credibilidad. Se lo dejaron por el camino aliándose con los poderosos (SGAE) y arremetiendo contra los indefensos (su público, los de la manta…). Además, hace tiempo que sus canciones no aportan nada nuevo a lo ya oído.

Pero no quisiera despedirme sin centrarme en su líder, Robe. Verdadero artífice de esta fiebre pies-negrista que nos asola, pero en el fondo una ‘prima-donna’ como otra cualquiera dentro de este negocio, por mucho que se disfrace de pulgoso 'jipi-punk'. Por algo le llaman por ahí la Reina de la Metadona

jueves, 02 de octubre de 2008 13:08

GEORGE MICHAEL

PIN…UNA DE CAL

Adelantándome a la sarta de sandeces con las que Pon se explayará a continuación, he de decir que, efectivamente, Giorgios Kyriacos Panayiotou no es un nombre muy artístico que se diga; sin embargo, por supuesto que George Michael tiene más de tres canciones conocidas: ‘Wake Me Up Before You Go-Go’ (con Wham!), ‘I Want Your Sex’, ‘Faith’, ‘Father Figure’, ‘Freedom’, ‘Heal The Pain’…Imagino que no hace falta seguir.

No es nada nuevo que George Michael ande envuelto en polémicas. Ya durante su época en Wham! protagonizó diversos escándalos que le otorgaron una fama de chico malo que sus últimas hazañas en distintos baños públicos han terminado convirtiendo en fama de maduro medio tonto y algo perdido. Pero eso no quita para que nuestro querido cantante inglés posea una de las voces mejor preparadas del ‘showbiz’ contemporáneo.

Aquí lo que ocurre es que el chico, por su abierta homosexualidad, su opinión sincera acerca de las drogas y sus usos, y sus posicionamientos políticos, cae mal. En ciertos ambientes, dichos deslices no se perdonan; y desde allí son enviados los perros de la prensa sensacionalista para convertir en carnaza amarillenta una carrera fluctuante, pero con grandes momentos de provecho.

A George Michael, como a otros artistas problemáticos, deberíamos dejarle seguir su propio camino. ¿Quiénes somos nosotros, en todo caso, para inmiscuirnos en sus asuntos? Puede que, de esa manera, acabe mal; cosa que tampoco logrará evitar esta sobre exposición mediática cada vez que se sale de tono. Aunque, por el contrario, solo de esa manera tiene alguna posibilidad de volver por sus fueros.

 

PON…UNA DE ARENA

¿Quién demonios se esconde detrás de la figura de George Michael, detrás de esos cristales oscuros convertidos en las inseparables gafas de sol de un hombre que por motivos obvios, esconde la tenebrosidad de su mirada? Pues simplemente Giorgios Kyriacos Panayiotou, un anglo-greco-chipriota cuyo nombre no pareció convencerle del todo a la hora de lanzarse en el mundo del espectáculo.

Normal… ¿Hasta dónde llegarías con ese apellido tan poco glamoroso más adecuado para cualquier vendedor urbano de musaka?

Pero realmente, lo que uno se encuentra al analizar en profundidad la figura de este vocalista, es una estrategia parecida a la de los peores charlatanes y timadores. No hay nada como saber presentarse al público en el momento y en el lugar más adecuado.

Porque por muchos discos que haya vendido en su carrera, ¿cuántas personas serían capaces de nombrar tres canciones de este artista más conocido por sus peripecias en los baños públicos que por un talento aún por descubrir?

Además, basándose en una música que podríamos denominar como ‘sosa’, ‘aburrida’ y, por supuesto, ‘sobrevalorada’, el artista que incomprensiblemente tuvo el privilegio de reemplazar en alguna ocasión a Freddy Mercury en el seno de Queen logra, no obstante, seducir a un público mayoritariamente gay y, sobre todo, atraído por toda esa simbología rebelde.

George Michael, incluso, podría seguir triunfando y cobrando sus millonadas anuales sin siquiera publicar nuevos discos. En el fondo, ¿a quién le importan sus composiciones? ¿A quién?