
PIN…UNA DE CAL
¿Qué tiene de malo cantar bien? ¿Qué tiene de malo ser guapo? ¿Qué tiene de malo tratar de llevar la alta cultura, esa en la que supuestamente se encuadra la música clásica, al gran público? Por una vez dejémonos de excusas y admitamos la verdad: Il Divo, por sus características, caen mal.
Y esa es la razón de que gente como Pon lacen sus dardos envenenados en contra de estos cuatro tenores. A buen seguro, no los mejor dotados del mundo; probablemente, no seleccionados únicamente por sus capacidades vocales; y, desde luego, publicitados hasta una extenuación que comienza a cansar.
Pero eso no deber ser óbice a la hora de reconocerles el mérito de haber llevado algunas canciones clásicas a sitios donde antes era inimaginable, para acercar dos mundos (el del pop y el de la ópera) hasta ahora separados por un océano de incomprensión y desdén.
No han sido los primeros en intentarlo -ahí están, por ejemplo, los conatos de Andrea Bocelli e incluso Los Tres Tenores)- pero sí los que más alto han llegado. Cosa que, como no, suele provocar envidia en aquellos prestos a la crítica. Aquí, como antes apuntábamos, además lo tienen fácil.
Pero no todo producto inventado en un laboratorio tiene que resultar malo. No siempre la música tiene que ser hecha por amigos que se conocen desde el instituto. Se pueden lograr cotas de calidad artística con las canciones de otros, simplemente vistiéndolas con nuevos ropajes.
Y, en eso, Il Divo han demostrado ser unos maestros.

PON…UNA DE ARENA
Comprar un álbum de Il Divo, producto de plástico barato compuesto por cuatro supuestos hombres con aires de muñecos hinchables, es contribuir a la destrucción del arte o, lo que es lo mismo, fortalecer la artificialidad del mercado discográfico.
Diseñado desde los despachos de Sony BMG por el conocidísimo productor Simon Cowell (uno de los jueces de American Idol, el Factor X británico), la confección de ese Frankenstein ópera/pop, lejos de espantar al público, logró vender más de 22 millones de álbumes por todo el mundo. Pero, por favor, ¿cómo es posible?
Esos cuatro guaperas en cuestión, acostumbrados a pasar más tiempo expuestos a los rayos uva que al aire libre, se limitan a versionar canciones ultra-conocidas como ‘Without You’, ‘My Way’ o incluso el ‘Ave María’, para que ese público analfabeto convertido en cliente puro y duro no se pierda ante una actualidad sonora siempre dispuesta a mantenerles en esa agradable inactividad cerebral.
¿Y qué decir de la aportación española con la inclusión de Carlos Marín? ¡Vergüenza nacional! ¡Depórtelo lejos de aquí, señor presidente! Muy lejos…
Máquina de hacer dinero, Il Divo confunde lo presuntuoso con la sensibilidad, la frivolidad con el romanticismo y la vulgaridad con la galantería. Cuatro grandes voces tiradas a la basura pero recicladas por millones de oyentes con la urgente necesidad de apuntarse a intensivas clases particulares de estética.