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Artículos - noviembre 2008

# jueves, 27 de noviembre de 2008 13:23

THE POLICE

PIN…UNA DE CAL

Ja ja ja. Me veo obligado a reírme en la cara de mi querido amigo Pon. ¿Cómo se puede uno atrever a criticar, como lo hará unas líneas más abajo, a una banda que ha vendido más de 55 millones de álbumes por todos los rincones del planeta, que revienta estadios de fútbol en el marco de su resurrección y que compuso himnos generacionales de la talla de ‘Roxanne’, ‘De Do Do Do De Da Da Da’ o ‘Every Little Thing She Does Is Magic’?

Liderada por el carismático Sting, la formación ha demostrado a lo largo de esta última temporada musical el gancho popular que sigue teniendo incluso dos décadas después de su disolución oficial en 1984. Desgraciadamente, ese “come back” no parece tener futuro alguno, limitando esa aparición a un reencuentro con la melancolía sentida sobre todo por toda esa generación que ya se había resignado a ver a The Police en DVD.

Además, el trío cuenta entre su arsenal con un disco considerado como uno de los mejores de la historia del rock. ‘Synchronicity’ incluye la maravillosa ‘Every Breath You Take’ (que Puff Dady se encargaría de versionar unos cuantos años después), que ha sido comparada, ni más ni menos, que con ‘Yesterday’, escrita originalmente por John Lennon.

Ahora sólo queda rezar para que The Police vuelvan a regalarnos conciertos como aquel vivido en el Rock In Rio de Madrid.

PON…UNA DE ARENA

Por lo que veo, se ha vuelto a abrir la temporada de caza. Salvo que, en este caso, en lugar de cazar ciervos, perdices o jabalíes, de lo que se trata es de perseguir, acosar y matar a uno de los últimos dinosaurios de la música que ha decidido revivir sus días de gloria para solaz de viejos fans incapaces de olvidar tiempos pretéritos y escarnio de aquellos que, como yo, opinan que el pasado, pasado es.

Para empezar, no debería extrañarnos que sin venir a cuento The Police hayan decidido volver a los escenarios. Ya sabemos cómo se las gasta Sting, quien con una mano se presenta como defensor de toda causa perdida y con la otra recibe el debido pago por cada paso que da. Habiendo olido el dinero, ni un instante dudó en poner de nuevo la maquinaria en marcha.

Una vez dejado claro que esto no es amor a los fans, sino pasión por las cuentas bancarias con unos cuantos ceros, deberíamos acudir al tópico de la (nula) necesidad que el mundo de la música tiene de andar reviviendo muertos. The Police tuvieron su momento, más o menos bueno en función del humor con te levantes; pero, a estas alturas del partido, lo suyo suena rancio, fuera de onda y apoltronado.

Mal ejemplo para unas generaciones futuras que comprueban que sí, se puede vivir de los réditos sin rendir cuentas a nadie, se puede abusar de la nostalgia sin aportar nada nuevo y se pueden pasear cadáveres por esos escenarios del mundo sin que ningún juez ponga orden.

En fin, así nos va…

# jueves, 13 de noviembre de 2008 15:46

IL DIVO

PIN…UNA DE CAL

¿Qué tiene de malo cantar bien? ¿Qué tiene de malo ser guapo? ¿Qué tiene de malo tratar de llevar la alta cultura, esa en la que supuestamente se encuadra la música clásica, al gran público? Por una vez dejémonos de excusas y admitamos la verdad: Il Divo, por sus características, caen mal.

Y esa es la razón de que gente como Pon lacen sus dardos envenenados en contra de estos cuatro tenores. A buen seguro, no los mejor dotados del mundo; probablemente, no seleccionados únicamente por sus capacidades vocales; y, desde luego, publicitados hasta una extenuación que comienza a cansar.

Pero eso no deber ser óbice a la hora de reconocerles el mérito de haber llevado algunas canciones clásicas a sitios donde antes era inimaginable, para acercar dos mundos (el del pop y el de la ópera) hasta ahora separados por un océano de incomprensión y desdén.

No han sido los primeros en intentarlo -ahí están, por ejemplo, los conatos de Andrea Bocelli e incluso Los Tres Tenores)- pero sí los que más alto han llegado. Cosa que, como no, suele provocar envidia en aquellos prestos a la crítica. Aquí, como antes apuntábamos, además lo tienen fácil.

Pero no todo producto inventado en un laboratorio tiene que resultar malo. No siempre la música tiene que ser hecha por amigos que se conocen desde el instituto. Se pueden lograr cotas de calidad artística con las canciones de otros, simplemente vistiéndolas con nuevos ropajes.

Y, en eso, Il Divo han demostrado ser unos maestros.

PON…UNA DE ARENA

Comprar un álbum de Il Divo, producto de plástico barato compuesto por cuatro supuestos hombres con aires de muñecos hinchables, es contribuir a la destrucción del arte o, lo que es lo mismo, fortalecer la artificialidad del mercado discográfico.

Diseñado desde los despachos de Sony BMG por el conocidísimo productor Simon Cowell (uno de los jueces de American Idol, el Factor X británico), la confección de ese Frankenstein ópera/pop, lejos de espantar al público, logró vender más de 22 millones de álbumes por todo el mundo. Pero, por favor, ¿cómo es posible?

Esos cuatro guaperas en cuestión, acostumbrados a pasar más tiempo expuestos a los rayos uva que al aire libre, se limitan a versionar canciones ultra-conocidas como ‘Without You’, ‘My Way’ o incluso el ‘Ave María’, para que ese público analfabeto convertido en cliente puro y duro no se pierda ante una actualidad sonora siempre dispuesta a mantenerles en esa agradable inactividad cerebral.

¿Y qué decir de la aportación española con la inclusión de Carlos Marín? ¡Vergüenza nacional! ¡Depórtelo lejos de aquí, señor presidente! Muy lejos…

Máquina de hacer dinero, Il Divo confunde lo presuntuoso con la sensibilidad, la frivolidad con el romanticismo y la vulgaridad con la galantería. Cuatro grandes voces tiradas a la basura pero recicladas por millones de oyentes con la urgente necesidad de apuntarse a intensivas clases particulares de estética

# jueves, 06 de noviembre de 2008 13:25

OASIS

PIN…UNA DE CAL

Te guste o no, los únicos fundadores del sonido ‘brit-pop’ (del que han bebido formaciones actuales tan exitosas como Franz Ferdinand o Kaiser Chiefs) no son otros que Oasis. Ni Blur, ni leches. ¡Oasis! ¿Te ha quedado claro? ¿Seguro? Mejor que así sea.

Pues bien, una vez aclarado este tema ¿quién se atreve ahora a criticar la grandeza de unos hermanos Gallagher convertidos en la compañía sonora de toda esa generación nacida a principios y mediados de los 80?

Ambientando la realidad adolescente a base de himnos inolvidables como ‘Don’t Look Back In Anger’ o ‘Supersonic’, el cuarteto de entonces se convirtió rápidamente en la referencia número uno del pop internacional haciendo olvidar incluso a los mismísimos Beatles. Y aunque ‘Wonderwall’ le pueda provocar ahora mismo arcadas a su propio vocalista, esa canción quedará como el principal legado de una banda que algunos se atrevieron a enterrar viva.

Se atrevieron a crear escuela re-actualizando los peinados al estilo tazón, poniendo de moda las chapas multicolores y provocando la llegada de miles de grupos ‘maqueteros’ sin personalidad alguna en busca de ese mismo pero irrepetible éxito musical. Y es que todos ellos quieren ser como Noel: ese líder controvertido, provocador y objetivo número uno de la prensa tanto especializada como del corazón.

Pronto volverán a subirse sobre unos escenarios españoles. Y cuando los carteles exhiban el siempre temido ‘No quedan entradas’, entonces, ¿quién se atreverá a ponerles en duda?

 

PON…UNA DE ARENA

Dado en lo que ha quedado el ‘brit-pop’ a estas alturas de la jugada (un estilo que ha terminado por aburrirse a si mismo…aunque antes caímos nosotros), flaco favor se le hace a un grupo como Oasis tachándole de fundador del mismo. Una vez finiquitado todo el interés de este, su busque insignia se ha ido a pique con él.

Oasis, como tantos otros grupos a lo largo de la historia del pop, tuvo su momento de gloria. Su problema, como el de otros muchos, es que no han sabido retirarse a tiempo. No solo musicalmente, ya que podrían haber seguido editando discos tranquilamente para su menguante legión de fans. Lo que indigna es la importancia que ellos mismos se arrogan.

Un peso específico dentro de la actual coyuntura musical, cambiante de un mes a otro, que lejos del de Tyson se asemeja al de una pluma que depende de los vaivenes del humor de dos hermanos que, hace tiempo, perdieron toda su gracia. Y buena parte de su inspiración.

Sus patochadas solo divierten cuando les tienen a ellos por objeto (como en un reciente concierto en Canadá) y sus canciones ya nunca alcanzan la excelencia de sus primeras obras.

Oasis ha quedado por tanto en refugio para ‘indies’ que, como ellos, no han sabido ni envejecer ni readaptarse a tiempo. Obsoletos, sus próximos conciertos por aquí solo servirán para certificar su condición de dinosaurios del pop. ¿Quién se lo iba a decir a ellos, rebeldes como era y pretenden seguir siendo?

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