PIN…UNA DE CAL

Te guste o no, los únicos fundadores del sonido ‘brit-pop’ (del que han bebido formaciones actuales tan exitosas como Franz Ferdinand o Kaiser Chiefs) no son otros que Oasis. Ni Blur, ni leches. ¡Oasis! ¿Te ha quedado claro? ¿Seguro? Mejor que así sea.
Pues bien, una vez aclarado este tema ¿quién se atreve ahora a criticar la grandeza de unos hermanos Gallagher convertidos en la compañía sonora de toda esa generación nacida a principios y mediados de los 80?
Ambientando la realidad adolescente a base de himnos inolvidables como ‘Don’t Look Back In Anger’ o ‘Supersonic’, el cuarteto de entonces se convirtió rápidamente en la referencia número uno del pop internacional haciendo olvidar incluso a los mismísimos Beatles. Y aunque ‘Wonderwall’ le pueda provocar ahora mismo arcadas a su propio vocalista, esa canción quedará como el principal legado de una banda que algunos se atrevieron a enterrar viva.
Se atrevieron a crear escuela re-actualizando los peinados al estilo tazón, poniendo de moda las chapas multicolores y provocando la llegada de miles de grupos ‘maqueteros’ sin personalidad alguna en busca de ese mismo pero irrepetible éxito musical. Y es que todos ellos quieren ser como Noel: ese líder controvertido, provocador y objetivo número uno de la prensa tanto especializada como del corazón.
Pronto volverán a subirse sobre unos escenarios españoles. Y cuando los carteles exhiban el siempre temido ‘No quedan entradas’, entonces, ¿quién se atreverá a ponerles en duda?

PON…UNA DE ARENA
Dado en lo que ha quedado el ‘brit-pop’ a estas alturas de la jugada (un estilo que ha terminado por aburrirse a si mismo…aunque antes caímos nosotros), flaco favor se le hace a un grupo como Oasis tachándole de fundador del mismo. Una vez finiquitado todo el interés de este, su busque insignia se ha ido a pique con él.
Oasis, como tantos otros grupos a lo largo de la historia del pop, tuvo su momento de gloria. Su problema, como el de otros muchos, es que no han sabido retirarse a tiempo. No solo musicalmente, ya que podrían haber seguido editando discos tranquilamente para su menguante legión de fans. Lo que indigna es la importancia que ellos mismos se arrogan.
Un peso específico dentro de la actual coyuntura musical, cambiante de un mes a otro, que lejos del de Tyson se asemeja al de una pluma que depende de los vaivenes del humor de dos hermanos que, hace tiempo, perdieron toda su gracia. Y buena parte de su inspiración.
Sus patochadas solo divierten cuando les tienen a ellos por objeto (como en un reciente concierto en Canadá) y sus canciones ya nunca alcanzan la excelencia de sus primeras obras.
Oasis ha quedado por tanto en refugio para ‘indies’ que, como ellos, no han sabido ni envejecer ni readaptarse a tiempo. Obsoletos, sus próximos conciertos por aquí solo servirán para certificar su condición de dinosaurios del pop. ¿Quién se lo iba a decir a ellos, rebeldes como era y pretenden seguir siendo?