
PIN…UNA DE CAL
Ja ja ja. Me veo obligado a reírme en la cara de mi querido amigo Pon. ¿Cómo se puede uno atrever a criticar, como lo hará unas líneas más abajo, a una banda que ha vendido más de 55 millones de álbumes por todos los rincones del planeta, que revienta estadios de fútbol en el marco de su resurrección y que compuso himnos generacionales de la talla de ‘Roxanne’, ‘De Do Do Do De Da Da Da’ o ‘Every Little Thing She Does Is Magic’?
Liderada por el carismático Sting, la formación ha demostrado a lo largo de esta última temporada musical el gancho popular que sigue teniendo incluso dos décadas después de su disolución oficial en 1984. Desgraciadamente, ese “come back” no parece tener futuro alguno, limitando esa aparición a un reencuentro con la melancolía sentida sobre todo por toda esa generación que ya se había resignado a ver a The Police en DVD.
Además, el trío cuenta entre su arsenal con un disco considerado como uno de los mejores de la historia del rock. ‘Synchronicity’ incluye la maravillosa ‘Every Breath You Take’ (que Puff Dady se encargaría de versionar unos cuantos años después), que ha sido comparada, ni más ni menos, que con ‘Yesterday’, escrita originalmente por John Lennon.
Ahora sólo queda rezar para que The Police vuelvan a regalarnos conciertos como aquel vivido en el Rock In Rio de Madrid.

PON…UNA DE ARENA
Por lo que veo, se ha vuelto a abrir la temporada de caza. Salvo que, en este caso, en lugar de cazar ciervos, perdices o jabalíes, de lo que se trata es de perseguir, acosar y matar a uno de los últimos dinosaurios de la música que ha decidido revivir sus días de gloria para solaz de viejos fans incapaces de olvidar tiempos pretéritos y escarnio de aquellos que, como yo, opinan que el pasado, pasado es.
Para empezar, no debería extrañarnos que sin venir a cuento The Police hayan decidido volver a los escenarios. Ya sabemos cómo se las gasta Sting, quien con una mano se presenta como defensor de toda causa perdida y con la otra recibe el debido pago por cada paso que da. Habiendo olido el dinero, ni un instante dudó en poner de nuevo la maquinaria en marcha.
Una vez dejado claro que esto no es amor a los fans, sino pasión por las cuentas bancarias con unos cuantos ceros, deberíamos acudir al tópico de la (nula) necesidad que el mundo de la música tiene de andar reviviendo muertos. The Police tuvieron su momento, más o menos bueno en función del humor con te levantes; pero, a estas alturas del partido, lo suyo suena rancio, fuera de onda y apoltronado.
Mal ejemplo para unas generaciones futuras que comprueban que sí, se puede vivir de los réditos sin rendir cuentas a nadie, se puede abusar de la nostalgia sin aportar nada nuevo y se pueden pasear cadáveres por esos escenarios del mundo sin que ningún juez ponga orden.
En fin, así nos va…