
PIN…UNA DE CAL
El humor nunca está de más. Menos aún en los tiempos de crisis que vivimos: una sonrisa a tiempo puede salvarnos de un pésimo día, una realidad agobiante, un entorno gris, un jefe con malas pulgas, un compañero de piso con alergia a la limpieza o una parienta que se haya levantado en ‘uno de esos días’.
Es en esos momentos cuando uno agradece tener a mano una canción de este grupo catalán (que no les confunda el acento) con más de una década de carrera discográfica a sus espaldas. Que se dice pronto, pero asi es. Lo que me lleva a pensar que algo bueno tendrán; algo le darán al público para que este vuelva a comprar sus lanzamientos y acudir a sus conciertos.
Ese algo bien puede ser un rock tan clásico como bien hecho, tan común y mil veces oído como con maestría interpretado. Sin embargo, son sus letras (soeces, irreverentes, escatológicas…en una palabra, humorísticas) las que me temo que se terminan llevando el gato al agua.
¿Qué hay de malo en ello? Mucho, si nos atenemos a lo dicho por los cuatro críticos sesudos de siempre; esos que parecen empeñados en amargar nuestra existencia con su (supuestamente) infalible criterio. Poco o nada, si hacemos caso de aquellas personas que han convertido a los Mojinos en una de las bandas más populares de nuestro país.
Digan lo que digan por ahí.

PON…UNA DE ARENA
¿Esta es la imagen de España que queremos exportar al resto de Europa? Si es así, no es de extrañar que luego nadie nos tome en serio y se siga pensando que el único motor de nuestro país es el cachondeo (pronunciado con acento andaluz), la mediocridad y la atracción hacia lo puramente escatológico.
¡Ay… si una grande como Lola Flores levantara cabeza! La pobre se enfrentaría entonces a una realidad distorsionada donde la elegancia y la distinción han perdido su estatus de “intocable” para pasar a ser escupidos a diario por formaciones de la talla (o más bien del peso) de los Mojinos Escozíos.
No obstante, la culpa no la tienen estos seudo artistas que confunden las canciones de barraca con la música. El problema se halla en el cerebro de un público dispuesto a desembolsar dinero (¡y en tiempos de crisis!) para adquirir esos álbumes. O alguna entrada que le dé derecho a presenciar uno de los conciertos donde el alcohol resulta imprescindible.
Porque con nombres de discos como ‘Pa Pito El Mio’ o el “tan esperado ‘Los Novios Que Las Madres Nunca Quisieron Para Sus Hijas Y El Novio Que Las Hijas Nunca Quisieron Para Su Madre’, la única medicina viable para soportar tal disparate parece hallarse en la receta del ‘kalimotxo’ y derivados.
Ala, venga… brindemos pues por la España del mal gusto, por la España del ‘caca, pedo, pis’ y digamos adiós con el corazón (y la boca llena de vómito) a Julio Iglesias.