
PIN…UNA DE CAL
Pana, déjame decirte tres cosas: Calle 13 molan, la parten y se salen por los cuatro costados. Y la razón es muy sencilla: no hay nadie como ellos. De manera que no te dejes confundir: aquí no estamos hablando de salsa, hip hop, cumbia u (¡horror! dicen los bienpensantes) reggaeton, sino de todos ellos juntos y revueltos. Dando como resultado un sonido urbano de origen latino nunca antes oído.
Porque en la Calle 13 confluyen una amalgama de músicas representativas de un continente entero, desde la Tierra de Fuego hasta Alaska. Un sueño bolivariano que ellos condensan en canciones que, directamente, parten culos allí donde pasan.
Solo aquellos incapaces de dejarse pervertir por su ritmo (o sea, de mover sin disimulo y arte dicha parte del cuerpo; o, al menos, de intentarlo) siguen anclados en ese racismo musical que les impide participar de esta fiesta continua que nos proponen los de Puerto Rico.
Les acusan de misóginos y violentos en sus letras normalmente aquellos que no se han parado tres segundos a escuchar sus letras. Quien así lo haga se dará cuenta de que, detrás de la retranca, hay mucha más miga de la que se pudiera imaginar: verbo incontenible, verdades como puños, humor negro, historias surrealistas…
Por una vez, y sin que sirva de ejemplo, deja tus prejuicios en casa, olvida que no te gusta la salsa y créete capaz de mover tus nalgas cual mulato cubano. Aparca la corbata y los modales, dale un poco de alegría al cuerpo y déjalo fluir.
¡A fuego hermano!

PON…UNA DE ARENA
Lo que en un principio nacía con aires de callejón sin salida (lugar donde, dicho sea, se acumulan los contenedores, las ratas y los vagabundos) se ha convertido en toda una señora calle dispuesta incluso a retar a la superstición. Porque ni siquiera ese número 13 ha impedido que el ‘macarrismo’ latino en cuestión se haga un hueco entre los raperos más populares de la actualidad sonora. Y eso ya es mucho decir… aunque con un tal Porta rondando por allí, ¿qué pensarían gigantes como Public Enemy de la escena hispana actual?
Con un estilismo comparable al de atracadores criados en barrios bajeros, los dos hermanos (¡de padres distintos!) cambiaron las navajas o las pistolas por unos versos afilados, cortantes y, muchas veces, incapaces de ver donde se encuentra el límite entre la provocación y el asesinato verbal. Misóginos y machistas, el dúo camufla su odio hacia el sexo femenino bajo el término ‘ironía’, siempre eficaz para exculpar unos gestos denigrantes e incompatibles con el nuevo siglo.
Prestarles un micrófono, regalarles voz y difusión mediática parece una de las peores ideas en un mundo donde la juventud, sin personalidad ni capacidad de reflexión, deja influenciarse por unos ‘artistas’ convertidos en ídolos que tanto “molan” y que tanto gustan a las chicas post-adolescentes. Cuando el humor se confunde con la aberración, quizá resulte preferible obviar ofertas musicales de este calibre.
¿Calibre? 9 milímetros por lo menos. Entre ceja y ceja. Y luego lo llaman arte.