
PIN…UNA DE CAL
Para defender los intereses de esta formación, parece imprescindible distinguir primero las diferentes naturalezas que abarca la música. Porque su objetivo, su fin en si, traspasa los limites del arte como algo puramente intelectual. Lo mismo ocurre con el cine o la literatura. A uno no le apetece concentrarse siempre ante largometrajes de Kurosawa o novelas de Dostoyevsky (o estamos entonces haciendo referencia a un prepotente de gafas de pasta al que le encanta aparentar algo irreal).
Porque en ocasiones también resulta agradable, liberador y casi necesario dejarse llevar por las sencillas intrigas de un ‘best-seller’ o los atractivos fotogramas de la última película de Jim Carrey.
Por ello, aunque My Chemical Romance no marcarán una época ni se convertirán en grupo de culto, su repertorio popular gusta a un público mayoritariamente adolescente que, en esa época de transición entre la infancia y la era adulta, necesita identificarse con algún tipo de moda. En este caso, les gusta vestirse con medias de cebra, cinturones de tachas, flequillos, muñequeras adornadas por cuadrados blancos y negros o maquillajes tétricos entre otros. ¿Algún problema al respecto?
Sin embargo, liderado por grupos de la talla de 30 Seconds To Mars, Fall Out Boy o Good Charlotte, el renovado movimiento emo al que también pertenecen My Chemical Romance se ha convertido injustamente en el enemigo público número uno de una generación en blanco vacía de estéticas sociales. Estuvieron los punks, los grunge, los heavys, incluso los popis… ¿Por qué no habría sitio para los emos?

PON…UNA DE ARENA
Podrá contarme usted, señorita Pin, las pamplinas que le vengan en gana respecto a un grupete de la talla de Chemical Romance, a los que por cierto tuve el horror de soportar durante una de las ediciones del Metrorock hace un par de años. Pero no me voy a creer ninguna de ellas.
Para empezar, porque My Chemical Romance son tan emo como AC/DC monjas de clausura. No señorita, no. Eso no es emo sino lo que intentan, desde las revistas de moda y las multinacionales del disco, hacernos pasar por emo. Estilo que hunde sus raíces en el hardcore de los 90 y poco tiene nada que ver con estéticas siniestras y sonoridades pop.
Una vez aclarado esto, decir que My Chemical Romance son, además y en dura competencia con Fall Out Boy, los New Kids On The Block de esta nueva generación alternativa que, en realidad, de alternativa tiene poco.
Una masa de adolescentes desinformados que se creen diferentes por no caer en las garras de productos como Britney Spears o El Canto Del Loco; pero que no dejan de ser más de lo mismo, aunque con diferentes pintas.
Se les ha vendido la moto del nuevo emo y ellos y ellas la han comprado sin rechistar. Por muy listos y diferentes que se crean, no dejan de ser otro filón al que explotar.