
PIN... UNA DE CAL
Quizá no sea la hija que toda madre sueña con tener. Además, es verdad que sus preocupantes adicciones al alcohol y a las drogas, amplificadas por su sensibilidad a flor de piel, podrían interrumpir de forma prematura una de las aventuras artísticas más fascinantes del nuevo siglo. ¡Dios nos libre de tal tragedia! Porque Amy Winehouse no es solamente una voz prodigiosa, una portentosa compositora o una personalidad única, sino que también se ha ganado la distinción de “lugar común”. Alrededor de canciones como ‘Rehab’, ‘You Know I’m No Good’ o ‘Love Is A Losing Game’ se reúnen poblaciones enteras: niños, adolescentes, adultos, ancianos, hombres, mujeres, rockeros, poperos, clásicos, adictos a las radiofórmulas y un largo etcétera. Todos, o casi todos la respetan. Y no podía ser de otra manera.
Catapultada hasta la cima de las listas de éxito gracias a su segundo e insuperable álbum titulado ‘Black To Black’ la joven británica sigue siendo hoy en día víctima de los teleobjetivos, más nocivos que cualquiera de todos esos estupefacientes que se relacionan a menudo con su nombre. Portada de numerosos “escándalos”, supuestas infidelidades, supuestos graves problemas de salud, supuesto flirteo con la muerte o imágenes en topless se empeñan en intentar pudrir a una mujer que lo tiene todo, absolutamente todo para convertirse en un nuevo icono generacional.
Su descarado peinado, su remarcado maquillaje y sus atrevidos escotes ya han marcado tendencias en el mundo de la moda, hasta influenciar a muchas chicas que, a pesar de todo, cambiarían su existencia por la de Amy Winehouse... y con los ojos cerrados.

PON... UNA DE ARENA
Adivina, adivinanza. ¿Qué tiene que ver la mujer elegante, estilosa e incluso atractiva que aparece en los videos oficiales con esa yonki demacrada paseándose por las calles de Londres?
Respuesta: todo. Aunque parezca mentira, es la misma. Patrocinada por Photoshop, esta artista no parece ser consciente de la voz que Dios se equivocó en entregarle. En vez de regalar ese don divino a cualquier chica dispuesta a hacer buen uso de él, prefirió concedérselo a una irresponsable atraída por el olor a whisky. Además, aunque la calidad de su segunda publicación no pueda discutirse, la vocalista aún no ha demostrado absolutamente nada. Su ópera prima era un disco regular, sin más… y a pesar de ello, el público ya se arrodilla ante su altar que, si sigue así, pronto se convertirá en su tumba.
De hecho, lo mejor que podría hacer Amy Winehouse sería seguir los pasos de personajes como Kurt Cobain, Jeff Buckley o Buddy Holly y morir trágicamente tirándose de un puente, ahogándose o, aunque no sea muy original, sucumbir a los efectos de una sobredosis. Entonces, esa imagen de chica mala, caprichosa y desequilibrada se borraría para siempre dejando su sitio a una leyenda que, incluso, se ganaría un puesto en las enciclopedias internacionales.
Por otra parte, ¿quién espera realmente que Amy Winehouse tenga la intención de sacar a la venta un tercer álbum en estudio? Ysi finalmente se da el caso, que nadie dude de su fracaso artístico (que no comercial, obviamente).