PIN... UNA DE CAL
Es verdad que en estos nuevos tiempos aparecen, cada semana, innumerables promesas que los medios de comunicación se encargan de vender como si fuesen los futuros Elvis Presley o las futuras Nina Simone. Sin embargo, aunque la gran mayoría queda rápidamente relegada a un segundo plano, existen casos aislados al que pertenece, por ejemplo, una perla en bruto llamada Duffy.
Esta jovencísima chica habrá salido de un reality televisivo, habrá disfrutado de un descomunal apoyo marketing y habrá monopolizado las ondas radiofónicas, pero ninguna de todas esas excusas parecen suficientes para intentar destronar a la portavoz número uno de lo que se conoce hoy como el neo soul, género en el que también deambulan artistas de la talla de Adele o Amy Winehouse.
Acostumbrados a dar la bienvenida a miserables niñas post-adolescentes incapaces de afinar cuatro notas seguidas, la llegada de la autora de ‘Mercy’ aporta una importante dosis de elegancia a una actualidad musical plagada de seudo artistas que viven exclusivamente de la imagen, de sus fotos en las portadas de las revistas más comerciales del momento.
Pero Duffy, por encima de todo, es voz. Una voz contundente, una técnica infalible, una máquina de transmitir emociones, de convertir las tristezas, las inseguridades o las esperanzas en obras de arte. Ahora, tan sólo le queda confirmar su grandeza con un segundo álbum que la podría catapultar hacia el estrellato de los clásicos.
PON... UNA DE ARENA
Veamos. Para empezar, varias cosas que no me han quedado del todo claras. ¿Cómo se puede decir que la portavoz número uno del nuevo soul es Duffy estando de por medio la inigualable Amy Winehouse? ¡Calamidad! Aquella rubia no le llega ni a los talones, por favor. De hecho, ella simplemente aprovechó el tirón provocado por la autora de ‘Rehab’ para chupar cámara y aburrirnos con esa sobrevaloradísima canción que parece ser la única de todo su repertorio. ¿Cómo serán las demás? podría pensar un oyente desinformado, Su historia es la de una chica bienaventurada que supo estar en el lugar adecuado en el momento adecuado. Ni más ni menos.
Reina del politono, Duffy disfruta de un éxito descomunal que tarde o temprano le pasará factura. De hecho, su segundo disco tiene todas las papeletas para pasar desapercibido… al menos que incluya en él una nueva versión de ‘Mercy’. ¿Cuántas personas conocen a Duffy? Muchas, efectivamente. ¿Y cuántas serían capaces de dar el título de otra canción que no sea la anteriormente citada? Muy pocas, sin duda.
Y de un ‘single’ no se vive hasta la eternidad. Se arrasa durante un tiempo, hasta que la fecha de caducidad se imponga a la paciencia de una audiencia en continuo reciclaje sonoro. Pronto, la arrojarán a la basura como un simple kleenex para dar la bienvenida a otra artista condenada también a la fugacidad.
¿Piedad para Duffy? I say no, no, no.