
PIN... UNA DE CAL
Bah. En la vida no es cuestión de buscarle un sentido a todo. Y menos en el ámbito del arte. El pop que practica Coti no tiene ninguna finalidad vanguardista, ni mucho menos. Su objetivo principal es alegrar los días de sus oyentes a base de una música sencilla, optimista y alegre que permita hacer olvidar los malos momentos y, de paso, ornamentar una existencia no siempre sencilla.
Quizá no sea ningún precursor de nada, pero seguro que su repertorio sonoro ha salvado más de una vida, reanimado la moral de algún joven atravesando un mal momento hasta provocarle una tímida sonrisa. Esa es su función; por encima de las ventas, de la evolución estética y de cualquier aportación a la historia del sonido.
Por ello, resulta simplemente absurdo criticar su oferta analizándola desde una perspectiva de atrevimiento, de abstracción. Son letras dirigidas al mundo entero sobre una base instrumental clásica, vehículo más rápido para llegar a su destino, a sus receptores. Ni más ni menos.
No todo es intelecto, poses y propuestas indies. También hay momentos para los Best-Sellers, las películas dobladas o la radio-fórmula. Y Coti pertenece a ese mundo, al mundo de los humildes, al mundo de una inocencia hecha industria.
PON... UNA DE ARENA
¿Seguro que nada de eso fue un error? ¿Acaso no fue un error darle una
oportunidad? ¿Acaso no fue un error regalarle una guitarra? ¿Acaso no
fue un error tenderle un micrófono? ¿Acaso no fue un error ofrecerle
las tablas de un escenario? Ahora, ya nadie logrará quitárnoslo de
encima. Demasiado tarde… Estamos destinados a convivir eternamente con
su repertorio veraniego tan molesto como una camiseta pegada al cuerpo
por la acumulación de un abundante sudor.
El verbo Coti se
escribe en pasado, siempre en pasado. Vive de la renta dejada por ese
vomitivo single cuyo nombre no pienso repetir, obstaculizando el paso a
las nuevas promesas con ganas de aportar originalidad a una actualidad
popular monótona llena de clichés aliados a las limitaciones
intelectuales de unos oyentes cegados por un Dios llamado televisión.
El
músico argentino lo sabe y aprovecha tales inaptitudes para seguir
aburriendo a los inocentes tanto a nivel visual (con sus retratos
pegados contra las paredes de la ciudad) como a nivel sonoro (¡Horror,
saca su nuevo disco!). A pesar de estar estancado en esa canción en la
que participaron la siempre respetable Julieta Venegas y la nunca
respetable muñeca hinchable llamada Paulina Rubio, Coti se piensa que
todos los días son fiestas y que logrará repetir tal hazaña.
No
obstante, sólo hace falta escuchar el primer adelanto de su próximo
álbum para darse cuenta del fiasco que, una vez más, representará
cualquier publicación de este hombre. Melodía horrorosa, lineal, unas
letras absurdas… en fin… el súmmum de la Fealdad con F mayúscula.