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Artículos - abril 2009

# jueves, 30 de abril de 2009 10:22

JONAS BROTHERS

 

PIN... UNA DE CAL

 

Bah, pero si hemos pasado todos por ese periodo… y el que no, o miente o pertenecía al clan de los empollones maltratados a la hora del recreo. La adolescencia está hecha para eso, para equivocarse, aprender de los errores, madurar e incluso escuchar a los Jonas Brothers. No son Bob Dylan, de acuerdo, pero su música se casa a la perfección con ese período de la vida en el que predominan las fiestas, el coqueteo, los primeras amores, las primeras decepciones sentimentales…

¿Acaso a los 14 años escuchábamos a Pink Floyd? ¡Ni de broma! Hay una banda sonora para cada etapa de nuestra existencia y es recomendable no saltarse ninguna de ellas. La vida es evolución, paso a paso, sin prisas y disfrutando por igual de cada momento. Quizá dentro de veinte años nos ruboricemos ante las carátulas de nuestros antiguos álbumes, ¿pero qué más dará? Forma parte del juego.

Es como leer a Dostoievski o a Nietzsche mientras tus compañeros de clase juegan al fútbol en el recreo. ¿Qué clase de peligroso engendro podría salir de una mente tan adelantada? Ya hay suficiente dolor en este mundo como para ponerse ahora a censurar a las formaciones musicales que, a diario, regalan pequeñas dosis de placer a sus seguidores.

Ya habrá tiempo para rectificar, pero mientras tanto, seamos felices y dejemos vivir en paz a la gente radiante. 

 



PON... UNA DE ARENA

¡Pero si son los No Jodas Brothers! Hay que sufrir cierto retraso intelectual para pensar que este trío prefabricado se cataloga bajo la etiqueta de ‘artistas’. De hecho, si uno desea saber con exactitud si su cerebro está dañado, se están llevando a cabo pequeñas pruebas gratuitas en todas las farmacias. El interesado acude, se sienta en una sala trasera y los dependientes, equipados de pequeños lectores MP3, le colocan unos auriculares que emiten canciones de los Jonas Brothers. Si la persona en cuestión no siente nauseas, ni vomita, entonces se le impone un intenso tratamiento que puede derivar incluso en una delicada intervención quirúrgica.

Porque no es normal que esos tres niñatos disfrazados de adultos (hay que ver como van vestidos para sus respectivas edades) disfruten de tanto éxito… ¿O acaso el mundo está mayoritariamente poblado de jóvenes sin gusto? ¿Estas son las nuevas generaciones? Vaya futuro nos espera entonces… Ni la pandemia de la gripe cochina podrá acabar con ellos. Propuestas como estas son puro delito cultural, son contaminaciones sonoras, fatales para el medioambiente estético. Salieron de la factoría Disney y ahora sacan álbumes que hacen apología de las drogas, de la cocaína para ser más exactos. ¡Ese es el camino! Dando ejemplo a los más frágiles, a los más influenciables. ¡Muy bien! ¡Enhorabuena!

En cualquier caso, ¿qué nos podíamos esperar de un grupo que cuenta entre sus filas con un tal Nick Jonas, ex novio de la insoportable, irritable y repelente Miley Cyrus? 

 

# jueves, 23 de abril de 2009 11:01

BOB DYLAN

PIN... UNA DE CAL

Es una falta de respeto enorme, una aberración ponerse a buscar argumentos a favor de uno de los más grandes poetas que ha parido la historia de la música. Siempre nadando a contracorriente en un río teñido de sangre inocente, Bob Dylan le gritó a la censura cuando el mundo entero, poseído por el miedo, estrellaba sus respectivas miradas contra el suelo. El cantautor supo convertir el mango de su guitarra, sus cuerdas vocales, sus afilados versos y su insultante coraje en un arma pacífica, una esperanzadora llama para unos tiempos críticos, una era cínica. Más que artista, su papel ha sido el de mesías, el de un salvador espiritual, un guía, una luz en medio de la oscuridad.

La paz era utopía, pero él transformó tal quimera en una realidad palpable en cuanto sonaban las notas de himnos generacionales de la talla de ‘Blowing In The Wind’, ‘Knocking On Heaven’s Door’ o ‘Masters Of War’. Flower Power con criterio y despegado del césped dejó las lamentaciones para los que utilizaban esa supuestamente relajada filosofía de vida para vivir del cuento y pasar el resto de sus días arrastrándose sobre la hierba… o inhalándola.

Ser inmortal, Bob Dylan sigue en pie a sus 67 años publicando incluso nuevos álbumes que demuestran su amor sincero hacia el arte. Otros ya se hubiesen jubilado para vivir confortablemente desde las rentas. Sin embargo, él no. Comprometido con el pueblo y las causas justas, la estrella seguirá al pie del cañón hasta que la muerte nos separe. Amén. 

 

 

PON... UNA DE ARENA

No seré yo quien critique a Bob Dylan. Nadie tiene argumentos suficientemente sólidos para ello. No obstante, sí tengo motivos para reprochar la actitud de muchos españoles que van clamando su admiración hacia el músico en cuestión por los bares más progres de la ciudad. Claro, como el nivel de inglés en este país es tan alto, todo los ciudadanos parecen capacitados para entender los profundos mensajes recopilados en un catálogo apto para angloparlantes.

Si aquí ni siquiera entienden los textos de Amy Winehouse, ¿cómo pretenden captar la esencia de Bob Dylan? Pero queda tan bien decir que a uno le encanta Bob Dylan, ¿verdad?

-“¿Qué música escuchas?”

- “Pues me encanta el jazz, el soul, y cantautores como Leonard Cohen, Bob Dylan.”

¡Venga ya! Aberración. Mundo de poses, de apariencias baratas bajo las que se esconden las inseguridades, la necesidad de mostrarse tal y como uno no es. Porque Bob Dylan es mucho más que música. De hecho, esta última queda en un segundo plano. La prioridad son sus escritos, sus denuncias, sus reflexiones, sus dudas, sus miedos, su lucha… Jamás fue un buen cantante. Su voz fue, es y será siempre la de un mero emisario. 

Acercándose a los 70 años, quizá sea hora de retirarse… no vaya a ser que se vuelva senil y pierda esa coherencia que, hasta día de hoy, le ha caracterizado como uno de los artistas más importantes de las últimas décadas.

 

# jueves, 16 de abril de 2009 10:32

CHENOA

 

PIN... UNA DE CAL

Han sido muchas las ediciones de Operación Triunfo, demasiadas incluso si tenemos en cuenta el reducido número de jóvenes que han tenido finalmente la suerte de saborear los placeres del éxito. Entre los pocos afortunados, en lo alto, se halla Chenoa quien, sin lugar a duda, se ha convertido con el tiempo en la gran ganadora del popular concurso televisivo… por encima de Bisbal, Bustamante, Rosa, Edurne o Virginia Maestro. Ocho temporadas recorriendo de manera regular los tortuosos caminos de una industria musical cruel y desalmada es un claro ejemplo de la solidez de la intérprete de ‘Cuando Tú Vas’. 

Quizá no sea la que más discos haya vendido, ni la que más recintos haya llenado, pero es la que más se asemeja a la figura de lo que uno entiendo por “artista”. A diferencia de muchos compañeros suyos también salidos de la academia más popular de España, Chenoa cuenta con una personalidad forjada y un cerebro que le permite construir frases coherentes para, de paso, mantener su credibilidad durante las entrevistas. Algo que no pasa con, por ejemplo, Bustamante.

Porque de un cantante se espera algo más que sus discos o sus actuaciones en directo. Como buen personaje público, ha de ofrecer un comportamiento ejemplar convirtiéndose así en un espejo en cuyos reflejos desearán contemplarse millones de adolescentes. 

Sin hacer tanto ruido como otros, Chenoa sigue caminando paso a paso por el sendero de la gloria. Y esto no ha hecho más que empezar… ¿Hasta dónde llegará?

 

PON... UNA DE ARENA

En el fondo, Chenoa no tiene la culpa de creerse una estrella aunque sólo sea un mero producto prefabricado por la televisión. Habría que señalar a la industria discográfica, a sus engranajes, a esos malditos concursos mediáticos que se sirven de la ilusión de jóvenes ingenuos envueltos en un sueño que, demasiadas veces, se convierte en una terrible pesadilla.

Sin embargo, cuando uno sale ileso de la academia y encima saca discos, los vende, ofrece conciertos multitudinarios, entonces la humildad presente en el rostro de todos aquellos que se presentaron en los castings deja su sitio a unas engreídas expresiones dignas de cualquier diva del pop. Y eso mismo le ha pasado a Chenoa, quien lleva mucho tiempo mirando a los demás por encima de sus hombros.

Además, ¿cómo puede uno deambular por los platós de televisión con esa deficiente oferta musical sin sentir la mínima vergüenza o desconfianza? Queridos fans de Chenoa, ¿qué os pasa por favor? ¿No deberíais pedir una cita urgente con un especialista para que intente solucionaros ese grave problema de mal gusto del que, por lo visto, lleváis mucho tiempo sufriendo?

¡Su música es atroz! Sus letras parecen sacadas de una niña de ocho años y encima ahora se pone a componer, empeorando la situación (¿podía empeorar?). Estamos hartos de los triunfitos, hartos de tener que asistir a la decadencia del arte, a la destrucción no controlada de la estética.

Chenoa, antitesis de la belleza, ahórranos tu presencia. 

 

# miércoles, 01 de abril de 2009 8:27

CAMELA

PIN... UNA DE CAL

En la vida, se puede delirar, filosofar, debatir o incluso poner en duda la llegada del hombre a la luna en el año 1969. Sin embargo, contra las estadísticas, contra las matemáticas, contra las ciencias exactas uno no puede hacer otra cosa que no sea arrodillarse ante la evidencia aceptando las cifras como realidad inamovible y callarse. Por ello, nadie tiene derecho a discutir la popularidad de Camela, trío originario de la barriada madrileña San Cristóbal De Los Ángeles, que ha vendido millones de discos a lo largo de su extensa carrera.

Siempre se les ha tachado de grupo de gasolinera, pero ¿y qué tiene de malo vender cintas o discos en las estaciones de servicio de alguna carretera? La música también acompaña a los viajantes, a los conductores destinados a pasar horas y horas circulando sobre el arcén con, como única compañía, un simple equipo de sonido.

Quizá los discos de Camela no se distingan por ser vanguardistas, ni transgresores y quizá escucharlos tampoco resulte tan cool de cara a la galería. No obstante es un producto auténtico que, en ningún momento, busca darse aires intelectuales para seducir a un público lleno de poses que habla de Nietzsche pero que luego, en casa, se esconde para tragarse todas las ediciones de Gran Hermano.

Sobra hipocresía, falta sinceridad. Es como ‘Titanic’. A nadie le ha gustado. Pero todo el mundo la ha visto al menos una vez, o dos, o tres…

PON... UNA DE ARENA

Cuando camino por Madrid y paso por la puerta de la FNAC, me suelo topar con mendigos, vagabundos, vendedores ambulantes y bandas amateurs que nada tienen que envidiarle a ese fenómeno de masas llamado Camela. El mismo sintetizador ochentero que te regalan tus padres a los 12 años, pintas atemporales, antitesis del buen gusto, y unas canciones que si bien vienen directamente importadas de Rumania o Bulgaria hallan un lugar común en el territorio internacional de la música ‘hortera por excelencia’. A ese mundo decadente (estéticamente hablando) pertenecen los componentes de Camela cuya vestimenta se asemeja más a la de un actor X de serie B que a la de cualquier artista preocupado por su tan importante apariencia exterior.

No obstante, resulta desolador, casi doloroso observar el éxito comercial del que ha disfrutado, disfruta y seguirá disfrutando este trío. Las millones de copias vendidas dicen mucho de España, de sus habitantes y, sobre todo, de una cultura que, por lo visto, brilla por su ausencia. ¿Cómo puede haber logrado un proyecto tan tecno-barriobajero alcanzar los puestos más altos de las listas de éxito?

Y esos video-clips de bajísimo presupuesto que parecen rodados por la prima pequeña de la familia… Por Dios… Y esas letras tan ñoñas, cursis y seudo poéticas. En fin… Camela no es más que una parodia de ellos mismos, una caricatura que ni los mejores humoristas del momento lograrían superar. Reír para no llorar…

 

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