
PIN... UNA DE CAL
Es una falta de respeto enorme, una aberración ponerse a buscar argumentos a favor de uno de los más grandes poetas que ha parido la historia de la música. Siempre nadando a contracorriente en un río teñido de sangre inocente, Bob Dylan le gritó a la censura cuando el mundo entero, poseído por el miedo, estrellaba sus respectivas miradas contra el suelo. El cantautor supo convertir el mango de su guitarra, sus cuerdas vocales, sus afilados versos y su insultante coraje en un arma pacífica, una esperanzadora llama para unos tiempos críticos, una era cínica. Más que artista, su papel ha sido el de mesías, el de un salvador espiritual, un guía, una luz en medio de la oscuridad.
La paz era utopía, pero él transformó tal quimera en una realidad palpable en cuanto sonaban las notas de himnos generacionales de la talla de ‘Blowing In The Wind’, ‘Knocking On Heaven’s Door’ o ‘Masters Of War’. Flower Power con criterio y despegado del césped dejó las lamentaciones para los que utilizaban esa supuestamente relajada filosofía de vida para vivir del cuento y pasar el resto de sus días arrastrándose sobre la hierba… o inhalándola.
Ser inmortal, Bob Dylan sigue en pie a sus 67 años publicando incluso nuevos álbumes que demuestran su amor sincero hacia el arte. Otros ya se hubiesen jubilado para vivir confortablemente desde las rentas. Sin embargo, él no. Comprometido con el pueblo y las causas justas, la estrella seguirá al pie del cañón hasta que la muerte nos separe. Amén.

PON... UNA DE ARENA
No seré yo quien critique a Bob Dylan. Nadie tiene argumentos suficientemente sólidos para ello. No obstante, sí tengo motivos para reprochar la actitud de muchos españoles que van clamando su admiración hacia el músico en cuestión por los bares más progres de la ciudad. Claro, como el nivel de inglés en este país es tan alto, todo los ciudadanos parecen capacitados para entender los profundos mensajes recopilados en un catálogo apto para angloparlantes.
Si aquí ni siquiera entienden los textos de Amy Winehouse, ¿cómo pretenden captar la esencia de Bob Dylan? Pero queda tan bien decir que a uno le encanta Bob Dylan, ¿verdad?
-“¿Qué música escuchas?”
- “Pues me encanta el jazz, el soul, y cantautores como Leonard Cohen, Bob Dylan.”
¡Venga ya! Aberración. Mundo de poses, de apariencias baratas bajo las que se esconden las inseguridades, la necesidad de mostrarse tal y como uno no es. Porque Bob Dylan es mucho más que música. De hecho, esta última queda en un segundo plano. La prioridad son sus escritos, sus denuncias, sus reflexiones, sus dudas, sus miedos, su lucha… Jamás fue un buen cantante. Su voz fue, es y será siempre la de un mero emisario.
Acercándose a los 70 años, quizá sea hora de retirarse… no vaya a ser que se vuelva senil y pierda esa coherencia que, hasta día de hoy, le ha caracterizado como uno de los artistas más importantes de las últimas décadas.