
PIN... UNA DE CAL
150 millones de copias vendidas por el mundo entero. ¿Se necesita algún dato más para demostrar la indiscutible grandeza de AC/DC? Son fuego, son electricidad, son maestros tanto en los estudios de grabación como sobre los escenarios. Hoy por hoy, ningún grupo de rock se atrevería a medir sus fuerzas ante esa robusta roca australiana; y por una simple razón… son los mejores.
Para querer, incluso amar a los autores de ‘Back In Black’ (quinto disco entre los más vendidos en territorio norteamericano) hay que compartir una misma filosofía de vida. Aquella que decía, dice y dirá: “vivir rápido, morir jóvenes.” Porque AC/DC es mucho más que música. Es pasión, es cultura, es emoción, es religión incluso. Dioses de la nueva era, todopoderosos creadores de un estilo impar e ilimitado, cambiaron la historia del arte y, de generación en generación, modificaron la existencia de incalculables jóvenes.
La humanidad se golpea, se mata para verles en directo. Es lo que ocurre cuando la demanda supera con creces a la oferta. Ríos de sangre para una entrada; lícita metáfora del todo vale. No hay reglas, no hay leyes. Cuestión de supervivencia cultural, de estabilidad estética. Un directo de AC/DC son dos horas en el infierno del rock; en las llamas del paraíso terrestre. Una experiencia única, recomendada, necesaria casi. ¿Quién se lo querría perder?
PON... UNA DE ARENA
Sencillamente incomprensible… ¿Nadie se ha dado aún cuenta de la pésima estrategia llevada a cabo por estos australianos? ¡Pero si ya son más de dos décadas componiendo la misma canción, sacando el mismo disco, ofreciendo el mismo espectáculo! Así cualquiera. Cambian el título, la letra y punto pelota. Se encontraron con la fórmula del éxito, la repitieron hasta la saciedad y, a partir de ahí, descansando sobre los laureles, pertenecen injustamente a la prestigiosa lista reservada a los mitos del rock.
Todo ello habla poco y mal de sus innumerables seguidores repartidos por los cuatro rincones del planeta. Conformistas e incapaces de distinguir lo verdadero de lo falso, esos freaks de pelo largo, cueros negros y poca cultura musical entregan su vida (y dinero) a una formación charlatana, llegando incluso a las manos cuando se trata de conseguir una entrada de concierto como se pudo comprobar recientemente. ¡Robo a mano armada!
Es hora pues de poner en su sitio a Angus Young y compañía. Ha llegado el momento, aunque tardío, de elevar la voz, gritar la Realidad con R mayúscula, saber enfrentarse a las falsas mitologías diseñadas por los medios de comunicación. Basta ya de timos, basta ya de inventos. AC/DC son un mismo riff de guitarra reciclado una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez… demostrando que incluso Donald Duck tiene su sitio sobre los escenarios internacionales.
Si te gusta un tema, te gusta la integridad del catálogo. Todo o nada… cuestión de extremos. ¿Pero qué podíamos esperar de un grupo cuyo nombre se hallaba escrito bajo la estructura de una aspiradora?