
PIN... UNA DE CAL
Ya lo decía Oscar Wilde. Hay que saber diferenciar al artista del ser humano. ¿A quién le interesan los pensamientos de un músico si sus composiciones transmiten buenas vibraciones? Lo mismo ocurrió con el escritor francés Louis-Ferdinand Céline, autor del extraordinario ‘Viaje Al Fin De La Noche’ pero que, sin embargo, fue condenado por colaboracionismo durante la ocupación nazi en Francia. ¿Y el cantante Bertrand Cantat que mató a su novia, la actriz Marie Trintignant? ¿Y Phil Spector, condenado a 19 años de carcel por el asesinato de Lana Clarkson? Son dos dimensiones distintas, paralelas e incompatibles. Por un lado el genio, por otro, el ángel o el demonio.
El público no escucha a Oasis por la simpatía de sus integrantes y tampoco acuden a los conciertos de Ramoncín por su ideología al respecto de la piratería musical. Donde hay que juzgarle, es sobre los escenarios y en los estudios de grabación. Nada más. Y en ese aspecto, su trayectoria ha sido impecable, incluso infravalorada. Porque siendo uno de los pioneros del fenómeno punk en España, resulta lamentable que todos los comentarios actuales vayan siempre dirigidos hacia su vida privada y sus creencias que poco o nada tienen que ver con ‘Arañando La Ciudad’, quizá el mejor álbum de toda su carrera y una clara referencia dentro del panorama sonoro nacional.
Ramoncín, en época de resurrecciones, ha llegado la hora de volver a colgarte la guitarra eléctrica para que, de una vez por todas, te vean nuevamente como lo que eres: un músico, y no ese Rey Del Pollo Frito.
PON... UNA DE ARENA
Tranquilo Ramoncín… no pienso criticarte demasiado. No vaya a ser que me denuncies como ya lo hiciste en tu particular cruzada contra los dueños de aquella página web (www.alasbarricadas.org) que, tras sentencia, tuvieron que pagarte una indigna multa de 6.000 euros. ¿Acaso los de la SGAE no te dan suficiente? Sin embargo, tu labor por defender públicamente a esos cleptómanos está siendo muy buena. Quizá deberías pedirles una ligera subida de sueldo.
En cualquier caso, Rey Del Pollo Frito, es imposible caer bien a todo el mundo. A tu edad, ya deberías saberlo. Y menos ahora, después de haber aportado tu granito de arena a la desaparición de una libertad de expresión de la que los dirigentes se enorgullecen pero cuya existencia parece reservada a la ciencia ficción.
¿Pero qué se podía esperar de alguien como tú, que va paseándose de la mano con la hipocresía? Hace unos años, firmaste un convenio contra Operación Triunfo. Y hoy, ¡formas parte del jurado! ¿Qué ha pasado Ramoncín? ¿Qué se esconde detrás de tus aires de rockero frustrado, de seudo artista defensor de las injusticias sociales? No es de extrañar que Sabina se arrepintiera de no haber estado entre el público de aquel Viña Rock en el que te viste obligado a cancelar tu concierto por miedo a recibir alguna pedrada de todos los presentes dispuestos a descargar su ira contra tu irritante persona.
¿Anda, por qué no te quitas la chupa y te vuelves a los estudios de Televisión Española a presentar Lingo?