
PIN... UNA DE CAL
Nadie discute la gravedad de la violencia machista. Nadie. Pero seamos serios… Las mujeres también matan. Quizá no físicamente, pero psicológicamente son capaces de destruir la mente de cualquier persona. Ellas no dejan huellas visibles, ni rastros aparentes. El dolor es interior e impalpable.
A nosotros sólo nos llega el final de la historia: “Chris Brown ha maltratado a Rihanna.” Terrible, todos de acuerdo. No obstante, ¿alguien piensa que el músico lo hizo así por así, sin motivos? Nadie tiene derecho a usar las manos para lamentarse, tampoco para protestar. Pero en ocasiones, la presión es tal que algunos hombres pierden el control de sí mismos y terminan llevando a cabo un acto del que, enseguida, se arrepienten. Y Chris Brown está arrepentido y avergonzado. Ténganlo por seguro.
Por lo tanto, aunque su acto no sea ni justificable ni perdonable, sería justo pasar ya página y centrarse en sus composiciones que son muchas y muy buenas. Porque si tuviésemos que dejar de escuchar el repertorio de artistas por sus comportamientos extra-artísticos, Michael Jackson, Oasis, Eminem y una larga lista de nombres dejarían de estar presentes en la actualidad musical.
Ha sido un error y un desliz, pero como decía Oscar Wilde, es importante diferenciar al ser humano del artista. Y a nosotros, como espectadores, nos interesa el artista. El ser humano, para su familia, sus novias o quienes tengan que aguantarle.

PON... UNA DE ARENA
Por lo visto, pegar a las mujeres se ha convertido en algo totalmente normal. De hecho, cuando los telediarios anuncian un nuevo caso de violencia de género, ya nadie se sorprende; como si tales sucesos formaran parte de la naturaleza de un ser humano incorregible.
A esa dinámica, por no llamarlo tendencia o moda escabrosa, también se han apuntado pequeños artistas en busca de protagonismo. Pero aunque existan múltiples opciones válidas a la hora de promocionarse, de dar a conocer su música, Chris Brown optó hace unos meses por la más lamentable y escandalosa de todas: propinarle una paliza a su entonces novia Rihanna. Desde entonces, lo queramos o no, su nombre se ha multiplicado por los medios de comunicación, ofreciéndole una publicidad gratuita de la que, anteriormente, no gozaba.
Sí, es posible que ahora muchos, y sobre todo muchas, le vean como ese peligroso machista que agredió a una mujer pero ¿cuántos nuevos oyentes se habrán acercado a sus canciones tras la disputa? Miles.
En cualquier caso, a Chris Brown nunca le debió de sentir muy bien ser la sombra de una verdadera estrella. Porque al lado de Rihanna, su discografía se empequeñece hasta resultar ridícula. Él nunca logró destacar y, hasta el fin de los días, se tendrá que limitar a ser uno más entre miles… y ahora exhibiendo además, cabizbajo, la etiqueta de delincuente.