
PIN... UNA DE CAL
Michael Holbrook Penniman Ismaili es a la música lo que el sol es a la oscuridad. Su discurso resplandeciente, optimista, abundante en Chupa Chups, pica picas, caramelos y chicles de todos los colores vierte toneladas de azúcar sobre un mundo agrio y necesitado de artistas de su índole. Mejor que cualquier antidepresivo químico, su extraordinaria ópera prima que responde al nombre de ‘Life in Cartoon Motion’ y carente de cualquier efecto secundario, difumina las malas noticias exhibidas a diario a través de los medios de comunicación, logrando incluso dibujar sonrisas sobre los labios más inconsolables.
A través de un sonido electrónico digno del nuevo siglo, Mika supo reactualizar el pop, un género que no entiende ni de edades, sexos o gustos personales. Quizá ese sea uno de los motivos por los que el artista de origen libanés haya superado la vertiginosa barrera de los 6.000.000 de álbumes vendidos por todo el mundo. O quizá porque haya llegado la hora de ser feliz, o quizá porque simplemente haya llegado la hora de unirnos para destronar a la reinante Apocalipsis.
Adaptando esa filosofía a sus directos, el hiperactivo autor de éxitos de la talla de ‘Love Today’, ‘Relax, Take It Easy’ o ‘Grace Kelly’ cuenta con unas funciones de una estética cuidadísima donde el montaje y las coreografías aportan ese plus a una propuesta singular aplaudida tanto desde la escena mainstream como desde los territorios alternativos.
Mika es fraternidad.
PON... UNA DE ARENA
Siempre me ha hecho mucha gracia lo atraída y fascinada que se siente la gente cuando algún artista adapta recursos operísticos a sus registros vocales e intentan venderlo como algo novedoso. Personalmente me parece una horterada, pero también es cierto que la historia musical me ha enseñado que esa mezcla suele funcionar y está claro que siempre existirá un estrato de público fácilmente impresionable ante este tipo de florituras baratas. Salvo honrosas excepciones como Jeff Buckley, Radiohead o Sigur Ros, todo lo que eche tufillo operil podría desaparecer ya mismo y estoy seguro que la música nos lo agradecería, estoy hablando de Queen, Muse pasando por Il Divo e incluso por esa entrañable megafreak filipina llamada Kimera que sólo una sociedad tan intrínsecamente bizarra como la marbellí pudo crear.
Por si no fuera poco con los que teníamos, en 2006 apareció un libanés viajado, culto y bastante amanerado llamado artísticamente Mika. Mika irrumpió en nuestras vidas con demasiado color y demasiado azúcar como para creérnoslo a la primera. Nadie puede olvidar sus contagiosos singles propagados como la peste (¿alguien es capaz de jurarme que no ha tarareado ‘Grace Kelly’ o ‘Relax, take it easy’?), sus ganas de crear ‘buenrollo’ del ‘grimoso’, o sus vídeos insufribles, pero sobre todo esos tonos pseudo-operísticos que provocan urticaria y lo único que demuestran es su mal gusto a la hora de componer.
Mika, como todo, pasará, y estoy seguro que los años no le sentarán nada bien a su obra, por eso cuanto antes le recomendaría que retomara su trabajo como compositor para el hilo musical de la British Airways, que se reenganche a eso de hacer jingles publicitarios, o mejor, que vuelva a su Líbano natal y monte una discográfica independiente con Khaled y Hakim que esos sí que tuvieron buenos singlelazos.