
PIN... UNA DE CAL
Mezclar la sutileza de la música clásica con la electricidad del rock, sin por ello obtener un resultado conceptual, tan sólo está al alcance de unos pocos. Entre esa reducida lista de privilegiados compositores se halla Muse, cuyas cualidades técnicas le ha permitido mirar fijamente a los ojos de la ópera mientras, de fondo, resonaba el eco de una guitarras distorsionadas.
Porque tener al influyente pianista del último siglo Sergéi Rajmáninov como una de las influencias básicas del proyecto en cuestión es una clara prueba de la especial sensibilidad que corre por las venas de esa romántica formación originaria de Gran Bretaña. Elegantes o salvajes, esa no es la cuestión. Aquí se trata de un todo, de una unión entre dos polos opuestos, una suma de valores contrarios, una fusión a priori imposible, casi prohibida, ilegal incluso. Sin embargo, la osadía dio sus frutos, unos frutos que, en esta ocasión, se tradujeron en unas canciones de la talla de ‘Micro Cuts’ cuya hermosura resulta sencillamente indescriptible.
Fuente de emoción, Muse es algo más que un simple grupo de música a la caza de las listas de éxito. Son, quizá, por haber logrado acercar un género tan inaccesible al gran público, un antes y un después en la historia de la música moderna. Nadie discutirá que fueron The Who quienes popularizaron el término de Ópera Rock. No obstante, la banda liderada por Matthew Bellamy le ha dado una vuelta de tuerca a la idea inicial hasta convertirla en algo descomunal, en una de las formaciones más queridas entre los jóvenes del ayer, de hoy y, por supuesto, del mañana.
Un dato más, sólo uno. Sus entradas para los concierto de Madrid y Barcelona que se llevarán a cabo a finales del próximo mes de noviembre ya están agotadas desde hace varios meses.
Por algo será.
PON... UNA DE ARENA
Me parece increíble que Muse hayan llegado tan lejos empleando una fórmula tan sencilla como barata. De repente a tres lumbreras fans de Radiohead (otro día hablaremos de Coldplay) le dio por hacerlo todo más simple, centrarse en dos o tres riffs resultones y realizar amagos operísticos de medio pelo. Nada nuevo bajo el sol, pero un cóctel perfecto para las personas fácilmente impresionables.
Eso por no hablar de la megalomanía que se gastan en directo, los ridículos trajes de inspiración espacial y toda esa mierda que lo único que hacen es desviar la atención a terrenos no – musicales porque ahí es precisamente donde menos tienen que aportar. Muse es un grupo que pasará al olvido, y no porque lo diga yo, ojo, sino porque se han centrado en dejar a la gente boquiabierta haciendo amagos de que son mejores de lo que son (si lo son) en vez de preocuparse por hacer buenas canciones.
Me pongo a pensar una sola canción del trío que pueda convertirse en un clásico y es que me da grima, espero que dentro de diez años no tengamos que tragarnos ninguno de esos pseudo --himnos de opereta tan horteros y guiados por ese falsete tan irritante. No me gustaría que las generaciones venideras crecieran con un referente musical como Muse, y no me importa que me digáis que mejor que los jóvenes empiecen escuchando a Muse antes que Reggaeton, que si al menos es rock y tal y cual... pues no!!, cuando se trata de Muse hasta yo prefiero escuchar Reggaeton.