
PIN... UNA DE CAL
Ni tiene el culo de Beyoncé, ni los pechos de Christina Aguilera, ni el rostro angelical de Alicia Keys. En definitiva, con esos aires de abuela prematura de andar por casa, Susan Boyle lo tenía absolutamente todo para NO triunfar en una industria musical que sólo entiende de belleza exterior, sensualidad y glamour.
Sin embargo, cuando en el programa de televisión Britain's Got Talent, esa desempleada de 47 años abrió la boca para interpretar ‘I Dreamed A Dream’ del musical Los Miserables, tanto el jurado como el público tuvieron que rendirse a la evidencia. Todos ellos, en contra de los prejuicios iniciales, estaban presenciando un milagro de la naturaleza, una de esas voces sobrenaturales con la que uno se cruza una vez a lo largo de toda su existencia. En definitiva, se quedaron con cara de idiotas.
Pero los problemas experimentados por Susan Boyle surgieron desde el mismísimo día de su nacimiento cuando, tras un parto complicado, fue privada de oxígeno, causándole leves daños en el cerebro; se le diagnosticó entonces “dificultades de aprendizaje”. A pesar de todo ello, de sus limitaciones intelectuales y de su aspecto doméstico, aquí la tenemos, vendiendo millones de discos por el mundo entero e invadiendo las cimas de todas las listas de éxito.
La llegada de Susan Boyle a nuestra vida simboliza una lección de humildad y una patada en la boca a todos aquellos que pensaban que la fealdad física era incompatible con la belleza derivada del talento.

PON... UNA DE ARENA
Demasiado bombo le dieron a esa ama de casa llamada Susan Boyle. Me parece una pérdida de tiempo hablar de ella y de su ‘caso”. ¿Qué le pasa a la gente, es que nadie tiene madres, abuelas o tías que cantan igual o mejor de bien y la superan en pintas bizarras o qué? Sólo hemos de dar un garbeo por algunos de los barrios más castizos de nuestras ciudades para deleitarnos con los grandes éxitos de Gardel, Negrete, Panchos y demás, interpretados por entrañables señoras que entre rulos, batas rosas y furtivas caladas rozan el cielo tarareando sus éxitos de juventud.
Parece mentira que todavía en 2010 nos siga pareciendo extraño que una señora con pinta de ama de casa salga a un concurso de canto y clave una actuación. Todo, como casi siempre, es problema de los prejuicios. Estamos acostumbrados a las neumáticas, a las siliconadas, pero ¿porqué no nos acostumbramos un poco a las amas de casa?
Está claro que no podemos luchar contra una sociedad que vive de los impactos visuales, y siempre, por los siglos de los siglos, una chica joven y bien arregladita prevalecerá sobre una más mayor y desaliñada, pero por favor, mi consejo es que intentéis no escuchar con la vista.
