
PIN... UNA DE CAL
Sobrevivir y triunfar 30 años en una industria tan caprichosa como la musical sólo está al alcance de los más grandes. Loquillo nació con el rock and roll en la sangre y, desde entonces, ha seguido sus pasos. Le cuida, le mima, le respeta como muy pocos. De hecho, su relación con el género rey es ejemplar y nada tiene que ver con lo que hoy en día muchas formaciones post-adolescentes entienden por “rock and roll”.
Devaluado en el mercado de la moda, ese sonido ha encontrado siempre en Loquillo a uno de sus grandes salvadores, a su Mesías, a su protector. Ya sea en compañía de Los Intocables, de Los Trogloditas o en solitario, sus álbumes han dejado huella en la irregular historia de la música nacional gracias a canciones de la talla de ‘Cadillac Solitario’ o ‘El Ritmo Del Garaje’.
Desgraciadamente, mucha gente recordará a este Johnny Cash español por su canción ‘Quiero Un Camión’, un tema divertido que ha de tomarse desde un punto de vista irónico sin llegar a pensar que se trata de su mejor composición. Provocativo, fan de baloncesto y de fuerte personalidad, Loquillo ha demostrado ser un rockero tanto dentro como fuera de las salas de conciertos. Recordemos que el 3 de diciembre de 2010 fue condenado a 3 meses de prisión por agredir a un hombre en un bar de San Sebastián, un gesto imperdonable pero muy compatible con la filosofía del siempre controvertido rock and roll.

PON... UNA DE ARENA
En el mundo de la música existen dos aspiraciones máximas, ser un músico o ser un icono. Cualquiera de las dos vías es perfectamente loable, pero la segunda conlleva un riesgo, pasar de icono a personaje patético. Creo que es el caso del aspirante a “rey macarra de instituto” que se presenta como “Soy EL cantante de rock de España. Lo digo con absoluta soltura y no me corto un pelo. Yo tengo raza y tengo escuela.” Verdaderamente lamentable.
Y es que Loquillo comenzó con un error, su nombre. Vale, la juventud. Vale, las drogas. Vale, el macarrismo de patio de colegio. Pero, ¿Loquillo? Sinceramente, lo mínimo que podía esperar con ese pseudónimo era un bate de beisbol encontrándose con su mandíbula. Pero a pesar de eso ha sabido permanecer en la “interesantísima” escena del rock de este país. ¿Magia? Más bien ignorancia.
Porque Loquillo no es solo un pseudoicono de segunda y un agitador ocasional, también se considera escritor y erudito periodista. Es verdad que tales valores pegarían con el personaje que quería encarnar, pero no cuela. En absoluto.
Aun así, mi mente por fin descansa tranquila cuando Loquillo editó el Rock & Roll Star, un espectacular (por favor, vuelvan a leer la palabra “espectacular” con toda la sorna que podáis) recopilatorio de sus 30 años de carrera. Uno de esos recopilatorios/epitafios, que enterró la figura de Loquillo en el fondo de las estanterías de los regalos incómodos de aquellas navidades.
Y desde entonces sigue parloteando, pero como quien oye llover…
