
PIN... UNA DE CAL
Aysss, los poetas. ¿Dónde se esconden? ¿Qué fue de ellos? Parece que la era cibernética del youtube y de los Iphones los ha devorado de golpe. Nos hemos convertido en una sociedad robótica, incapaz de pensar por sí misma. No obstante, bajo todos los escombros de una humanidad previsible y fotocopiada, aún sobreviven algunos seres humanos mágicos, especiales y sensibles capaces de comunicarse en verso a través de lindas melodías y preciosas metáforas. Es el caso de gente como Sabina, Ariel Rot o, sobre todo, el verdadero Dios argentino (con permiso de Messi): Andrés Calamaro.
A sus 49 años el cantautor originario de Buenos Aires ya nos ha dejado grandes tesoros sonoros de la talla de ‘Flaca’, ‘Te Quiero Igual’ o ‘Algo Contigo’. Es el último seductor, el último Don Juan de la música. Su guitarra, su voz y sus textos bastan para dar la vuelta al mundo y expresarnos desde los escenarios su visión urbana del amor, de la vida y de la muerte.
Humilde como pocos, Calamaro siempre reconoce que su debut en el mundo de la música es para olvidar y pide incluso disculpas por ello. ¿Dónde se ha visto a una celebridad de esa magnitud ser tan sincero y consecuente con sus errores? En cualquier caso, él no ha tropezado dos veces con la misma piedra y con el tiempo se ha ido convirtiendo en uno de los artistas de habla hispana más importantes del mundo.

PON... UNA DE ARENA
“140 caracteres pueden metérselos profundo en el medio del ojete”. Fue así como se despidió Andrés Calamaro del Twitter. Y la verdad es que tiene gracia, pero lo único en lo que pensé al leerlo fue: “Pues la verdad es que a ti no te vendría nada mal ceñirte a 140 caracteres en todo lo que dices”. Porque ese es el error de Calamaro, que es un bocazas.
Lleva desde finales de los 70 dando la murga y realmente se ha ceñido al tópico argentino. Y es que como dice el chiste: “¿Por qué en Argentina hay tantos casos de sietemesinos? Porque ni su madre los aguanta nueve meses.” Y ya llevamos casi 40 años con él. Y es verdad que ha tenido buenas ideas y ha intentado adaptarse a la generación online, pero lo ha hecho desde el prisma argentino. Mucho ruido, mucha labia pero poco resultado.
Un hombre que ha utilizado todas las herramientas a su alcance (desde la música a las redes sociales) para polemizar sobre temas delicados o simplemente innecesarios (su defensa de los toros) que se refiere a la comunidad online como “el carnaval careta, los falsos profetas de la nada misma y la resaca de la fauna humana irrespetable, insolente y desinteresante...” solo se puede definir con una palabra: Cínico malcriado.
Es verdad que todos conocemos a Calamaro, pero cuando dejas a un lado al personaje y te centras en su música, solamente recuerdas sonidos de su pasado, porque en el presente solo es una sombra desfigurada que no calla ni debajo del agua.
