
PIN... UNA DE CAL
Posiblemente se pueda ser mucho más moderno y transgresor que David DeMaría, tanto en el contenido como en la forma. Porque hoy en día parece que si no llevas gafas de sol fluorescentes, si no escribes melodías abstractas e insufribles, entonces quedas relegado al plano más caducado de la actualidad musical. Sin embargo, ya ha quedado demostrado que la inmensa mayoría de los seudo vanguardistas acaban desapareciendo para siempre en cuanto se desinfla su momento de gloria. Y al final, quedan los de siempre, los clásicos, los que optan por dar vida a canciones bonitas y llenas de sensibilidad.
A eso mismo se lleva dedicando David DeMaría desde que publicó su primer disco en 1997. En estos casi 15 años de carrera, además de recibir varios premios, el artista originario de Cádiz ya ha vendido más de 1 millón de copias. ¿Cuántos grupos de ahora, tan aplaudidos por la prensa británica y dichos indies consiguen mantenerse vivos durante tanto tiempo? Ya sabemos que en sus casos, después de un par de discos desaparecen para siempre…
Esto demuestra una cosa. Demuestra que David DeMaría está por encima del tiempo, por encima de las modas y de las tendencias musicales. Con esa filosofía, el vocalista de 35 años se ha convertido poco a poco en uno de los artistas más importantes de la escena nacional… Y lo que le queda.

PON... UNA DE ARENA
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¿Cuándo llegará el bendito día en el que los músicos sepan hacer la diferencia entre “poesía” y “cursilada”? Es muy irritante tener que estar escuchando una y otra vez textos pretenciosos que buscan emocionar mediante palabras huecas cuando lo único que consiguen es provocar arcadas. Que si el cielo, que si el sol, que si el mar, que si el corazón, que si las lágrimas, bla bla bla. ¿Acaso el castellano es un idioma tan pobre como para verse obligado a recurrir una y otra vez a esos términos tan empalagosos? Que se lo pregunten a Cervantes…
Entre los grandes abusones de ese léxico azucarado está David DeMaría con sus relojes de arena, sus barcos de papel, sus caminos de ida y vuelta o sus colores del destino. Un bombardeo de rimas baratas, de insultos a la creatividad que, sin embargo, logra derrumbar las fachadas de sus oyentes cuyos gustos dejan mucho que desear. Porque en cuanto te dejas engañar por textos como ‘Niña Piensa En Ti’ o ‘La Magia Del Corazón’, ambas incluidas en su último (y prescindible) álbum Posdata (2011), entonces queda claro que lo tuyo es ir a los parques de atracciones, hacer botellón y ver los programas estrella de Tele 5.
Al fin y al cabo David DeMaría es libre de hacer la música que le plazca, para eso vivimos en una supuesta democracia. Sin embargo, lo único que le pido es que deje de poner poses de poeta cuando lo único que hace es escupir sobre la lírica.
