
PIN... UNA DE CAL
Con los dedos de la mano. Vamos a contar. ¿Cuántos grupos nacidos a principios de la década de los 80 se conservan tan bien musicalmente hablando? Mientras la inmensa mayoría de las formaciones han perdido fuerza, glamour y poder de seducción por la senda del tiempo, Metallica son de las raras excepciones que, a pesar de las modas, siguen reuniendo a miles y miles de seguidores fieles por todos los costados del mundo.
Cuando superas la barrera de los 100 millones de álbumes vendidos, entonces puedes creerte lo que eres: un Dios de la industria, un salvador del rock, un ejemplo para los jovencitos que acaban de comprarse su primera guitarra eléctrica y sueñan con convertirse en sus ídolos: Metallica. Además, la legendaria formación norteamericana autora de himnos de la talla de ‘Nothing Else Matters’ exhibe en su vitrina premios tan prestigiosos como nueve Grammys, dos premios de la Academia de Música Americana, un galardón concedido por la revista Billboard y un largo etcétera.
Son energía, son electricidad, son historia. Y, me apuesta lo que queráis, que de aquí al fin de los tiempos ningún grupo de rock logrará repetir lo conseguido por Metallica. ¡Sería un milagro!

PON... UNA DE ARENA
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Es evidente que Metallica es una de las bandas
más grandes del Metal, pero después del álbum con el nombre de la banda que
sacaron en el 91, se precipitaron en una espiral de mediocridad que
consiguieron detener (aunque no del todo) hace 3 años con la salida del Death
Magnetic.
Metallica comenzó como una apisonadora,
aplastaba todo lo anterior con cada nuevo disco. Pero esa precisión a la hora
de reventar el panorama musical con cada una de sus obras, se les subió a la
cabeza, y creó a los ególatras cortos de mente que todos pudimos apreciar en el
documental (cómicolamentable) “Some Kind of Monster”. Ya hace un año que Lars
Ulrich aceptaba que rodarlo “fue una idea
estúpida. Soy consciente de que muchos músicos han pasado por lo mismo, pero ellos
no fueron tan estúpidos como para filmarlo como hicimos nosotros y compartirlo
con el resto del mundo.”
Y aunque Ulrich tiene toda la razón del mundo,
para todos los fans de Metallica, fue un gran alivio el entender finalmente
porqué la banda hizo todas esas chapuzas entre el 91 y el 2008. La razón es
evidente, la fama, el dinero (en tal cantidad que empalaga), las drogas y la
muerte sucesiva de sus neuronas los convirtió en la parodia que apreciamos
durante varias partes del metraje.
Y es verdad que la incorporación de Robert
Trujillo (con un sonido que recuerda al del fallecido Cliff Burton) ha aportado
juventud a la banda, pero todo suena a ya escuchado, no percibes la llama de la
creatividad de los primeros trabajos de la banda. Y es que en el metal tendría
que pasar como en los deportes, que a partir de una edad te retiras sin hacer
el patético.
