
Partamos de la base de que no va a ser la tarde del año. Es
posible que no se recuerde más allá del final de la feria pero la corrida que
hemos visto esta tarde en Las Ventas puede ser la trazadora de un camino
diferente al que algunas figuras del toreo venían llevando últimamente. La
corrida de Victoriano Del Río, mansa, difícil y larga de entendederas les ha
exigido un esfuerzo que no están acostumbrados a hacer, y Castella, Manzanares
y Talavante han respondido a la llamada.
El único que ha cortado oreja ha sido Sebastián Castella,
que tras rozar el ridículo en Sevilla hoy ha vuelto a recordad el que siempre
fue y que llevaba tiempo desaparecido. Nada más comenzar la faena de muleta a
su primero el galo resultaba herido en su ingle derecha. Tras plantarse en los
medios y citar en la distancia, el toro se vino con fuerza y rebrincado. Entre
el viento que molestaba y el de Beziers no agitó su tela a tiempo el animal se
le vino de frente y le hundió su pitón 10 centímetros en su pierna derecha. La
profundidad de la herida y lo que pudo haber sido se supo luego, puesto que el
matador se levantó, despejó el ruedo y sin mirarse cogió el trapo para volver a
plantear la faena.
El burel había tocado carne y no estaba por la labor de
entregarse, por lo que Castella tuvo que tragar, emplearse a fondo y mandar
para recetar dos buenas series con la diestra. Labor de construcción, de menos
a más y rematada con una buena estocada que precedió a los pañuelos y a una
merecida oreja. Temeroso de no poder volver a salir, el francés decidió no
pasar a la enfermería y aguantar hasta su cuarto toro en el callejón. Con dos
bemoles.
El cuarto llevó la tónica de todo el lote llegado desde la
sierre madrileña. Salió fuerte, apuntó maneras y cuando llegó a la muleta
acortó el viaje y cogió sentido. Desde luego que Sebastián no se quedó en el
ruedo para cumplir el expediente y volvió a plantar las zapatillas en el albero
para intentar sacar lo poco que llevaba dentro su oponente. Valor sereno y poco
eco entre el respetable, que llegó a silbar a un diestro que llevaba hora y
media herido esperando poder tocar el cielo. Desmedida reacción de un sector
del público, que no supo apreciar el esfuerzo del matador.
Tras pasaportar al toro con una estocada trasera pasó a la
enfermería entre el silencio del tendido. Una vez examinado por el doctor
Máximo García Padrós se vio que llevaba esos 10 cm. de cornada y que gracias a
que el hueso del pubis paró el pitón no llevaba afectados vasos importantes.
Manzanares ha dado una de cal y una de arena. El primero de
su lote fue el más apto para el toreo, sin ser un ejemplar rotundo. Tras una
actuación perfecta de su cuadrilla el alicantino comenzó por la diestra con dos
series con muletazos hondos, largos y desde una distancia prudencial. Cuando
cogió la tela con la zurda el toro sacó el genio y le planteo unos apuros que el
triunfador de Sevilla no logró solventar. Oportunidad perdida y, tras matar
clavando la espada en dos tiempos saludo desde el tercio.
El quinto se llamaba "Guasón" y mucha guasa tuvo. Tras otra
lidia perfecta y tras desmonterarse Juan José Trujillo Manzanares mostró una
dimensión muy superior a la mostrada en su anterior toro. El de Victoriano del
Río miraba, topaba, se quedaba a mitad del viaje y buscaba el pecho del matador
a base de cabezazos. Carros y carretas ha tragado José Mari, que pese a no
conseguir la estética y la plasticidad habitual ha mostrado una disposición y
valor de la que no suele hacer gala.
Alejandro Talavante se vestía de luces un día después de
enterrar su abuelo y al cielo dedico su
primera faena, muy templada y técnica pero carente de toda emoción. El
ejemplar, de Toros de Cortés, fue el de menos chispa del encierro y pese a su
nobleza no permitía el lucimiento. El extremeño le sacó todo lo que tenía, pero
su trasteo tampoco caló en la grada.
Lo que si caló fue el saludo capotero al sexto de la tarde,
con verónicas de mano baja y ajuste templado. La tela rosa del pacense volvió a
levantar los aplausos de los aficionados con un gran quite por delantales y
chicuelinas, preludio de un inicio de faena con ajustados estatuarios. Parecía
que la faena iba ser de altos vuelos pero el burraco se acabó pronto.
Desclasado, con genio y a la defensiva, el astado no permitió un triunfo que
por ganas y temple se merecía Talavante. Se le fue baja la espada y Valentín
Luján se llevó una fuerte voltereta tras jugársela para sacar el acero.
Tarde diferente y, hasta ahora, la más interesante y entretenida
del serial. Está lejos de ser completa, pero por lo menos loas figuras han dado
la cara cuando se les ha exigido. Yo, sinceramente, hace mucho que no lo veía.
Ficha:
Lleno absoluto en la
plaza de toros de Las Ventas, con muchas caras conocidas en tendidos, barrera y
callejón. Seis toros de Victoriano del Río, bien presentados salvo segundo y
tercero. Mansos, sin clase y 4º y 5º con sentido.
Sebastián Castella:
Oreja y silencio
José María
Manzanares: Ovación y ovación
Alejandro Talavante:
Palmas y ovación
Parte médico de
Sebastián Castella: Herida por asta de toro en el tercio
superior de la cara interna del muslo derecho. Trayectoria de 10 centímetros
hacia dentro que alcanza el pubis. Pronóstico reservado
Foto: Aplausos.es