A las 5.45 nos dimos cita puntuales en la puerta de casa de Carlitos, ya que su padre, que trabaja cerca de Barajas, se ofreció gentilmente para llevarnos al aeropuerto. Nada más encontrarnos la pregunta fue obligada “¿Juanan habéis metido el mapa de Inglaterra en el GPS?”, negativa con la cabeza, “No, es que el pive que lo tenía que meter se puso malo”. Joder nos vamos a ir a un país que no conocemos, lo tenemos que cruzar entero en coche, no hablamos inglés y no tenemos GPS… todo pintaba en que la cosa iba a convertirse en el circo que se convirtió, hasta el punto de que no nos perdimos el partido de milagro y no por perdernos precisamente.
Un servidor que no había dormido nada en toda la noche se quedó frito nada más sentarse en el avión y al poner pies en tierras británicas empezó el cachondeo. Lo primero en el rent a car que allí nadie hablaba ni papa de español y además los ingleses son tan prepotentes que no hacen ni intento porque les entiendas, pero bueno, salimos del paso y nos dispusimos a ir por carretera desde Gatswich hasta Brixton, allí aparcar el vehículo e ir en metro al centro de Londres.
Nada más montar caímos en la cuenta de que podíamos haber traído algún Cd dada la cantidad de horas que íbamos a pasarnos en el coche y que la radio en inglés pues como aquel. “¿Aquí no hay top manta?”, preguntó Juanan, cuya presencia va a ser preponderante en estos relatos. Descojone general continuado por lo raro que supone conducir por la izquierda, tener que cambiar las marchas con la izquierda y empezar la travesía llevándote un pivote por delante.
Con Carlitos siendo un artista con los mapas, nos pusimos en un momento en Brixton y en seguida en el Metro donde se decidió que nos bajábamos en la estación de Greenpark para subir andando Picadilly street. Paradita a comer en un “Sushi and wasabi” cuyas delicias degustamos en medio de la calle apoyados en un regulador de semáforos ante el estupor de todos los viadantes y la gente que iba por la carretera.
Tras reponer fuerzas empezó la verdadera visita turística. Picadilly circus, Trafalgar Square, la casa de las guardianes, la residencia del primer ministro, Bing Ben, la abadía de West Mister, Buckingham Palace, la Catedral de Westmister y el metro de Victoria para volver a Brixton.

En todo el recorrido los bufandeos y muestras de colchonerismo fueron constantes ante el asombro de los oriundos de Londres que permanentemente nos preguntaban de que equipo éramos. El Atleti ha perdido mucho en Inglaterra, pero de eso ya hablaremos. La gente de allí lleva sobre todo cosas del Barça y alguno veías con cosas del Real, pero en mucha menos proporción.
La presencia española en la zona es además bastante escasa sólo vimos dos sucursales del Santander, una del Banco Sabadell, la CECA (Confederación española de Cajas de Ahorros), un Mango y un Zara. Eso sí en todos los bares había algún español trabajando. A parte de eso, Londres es una ciudad acojonante, mira que he estado en sitios del mundo y ninguna ciudad me había gustado tanto.
Sobre las 4 decidimos que era momento de coger el coche y partir hacía Liverpool donde teníamos el hotel y es alucinante los atascos que se forman en Londres. Nos quejamos de Madrid, pero tardamos más de 3 horas en salir de la ciudad. Todas las carreteras bloqueados de coches, una cosa increíble. No sé como son capaces de aguantar eso, más de 3 horas para recorrer 22 millas. Aunque el ataco nos sirvió para poder ver tranquilamente desde el coche los barrios del suroeste londinense.
A eso de las 9 llegamos a Liverpool donde no sólo no teníamos GPS, sino que ni siquiera un triste plano, así que ponte a buscar un hotel sin tener ni idea. Tras preguntar a muchísima gente, cuando ya estábamos por la zona, un farlopero, que llevaba medio gramo en la mano y los ojos fuera de las órbitas y su novia, se montaron en el coche y nos llevaron. El tio nos tocó bastante los huevos y de no ser porque sabía en que hotel estábamos se hubiera llevado su merecido, pero al final nos llevó hasta el hotel que es lo que cuenta.

Tras desembarcar en el hotel, llamamos a los atléticos que ya estaban tomándola en el centro de Liverpool y previa cena en uno de los Kebab más cutres y sucios del mundo, propiedad de un turco, hinca del Fernerbache, que no daba cr´dito con nuestro odio al Sevilla (su rival en Campions) y que está en frente del hotel Holiday Inn, nos dirigimos hasta de The Cavern para unirnos a los más de 30 atléticos allí congregados y disfrutar del ambiente, las pintas y la gran cantidad de grupos de inglesas borrachas que hay en todos los garitos y lo liberadas que están sexualmente, vamos que allí te entran. No es mi caso que yo soy feo en todas las nacionalidades pero si el de otros atléticos presentes, que alguno incluso hizo doblete en el mítico ‘Pop world’, al que a la mayoría no nos dejaron entrar.
Ahora mismo me voy a ir a la cama que he dormido 6 horas en tres días y luego por la tarde continúo el relato, que tiene telita lo del jueves…