Parecía que la noche iba a ser apacible a pesar de la lluvía.
Minuto cinco y ya íbamos ganando a un equipo muy inferior y con todos nuestros
rivales en la lucha por la
Champions habiendo perdido, a excepción del Sevilla que en
cuatro jornadas ha recortado nueve puntos y que dentro de tres estará por
delante.
El golde Agüero debería haber sido un acicate para cualquier
equipo con ambición para ir a reventar el partido cuantos antes, pero el Gil de
Madrid S.A.D. hace tiempo que dejó de ser un equipo de fútbol para convertirse
en una promotora inmobiliaria cuyo objeto social real es la especulación y la
venta de pisos en los solares del estadio Vicente Calderón y la cervecera Mahou
y si mientras nos hinchamos los bolsillos con comisiones de traspasos mejor que
mejor.
Es vergonzoso ver jugar a este equipo. No voy a entrar en el
pésimo estado de forma de Maxi, las filigranas de Luís García, la nulidad de
Eller, Pernía y Jurado, el flojo partido de Antonio López o la absurda expulsión
de Raúl García. Este equipo tiene un problema global de actitud y lo demás son
menudeces. En ningún momento los jugadores dan la sensación de querer ganar los
partidos y están los noventa minutos especulando y así no se va a ningún sitio.
El Gil de Madrid S.A.D. no juega al fútbol, especula con el
fútbol (y con sus instalaciones). No se puede tolerar que la gente juegue
andando y sin motivación, que si ponerte tercero no es suficiente aliciente con
el devenir de las jornadas y nuestro desplome en la clasificación esto va a ser
insufrible.
El martes pasado hable de los detalles que determinan los
partidos, pues pese a la pésima actuación arbitral, en la que no me voy a
entretener porque jugando andando no se le puede echar la culpa al árbitro, el
partido de hoy lo ha decidido otro detalle en el que mucha gente no habrá recaído.
Corría el minuto 15 de la primera parte y Raúl García hace
una falta absurda, porque el jugador del Bilbao ya había perdido la pelota y ve
una merecida amarilla. Veinte minutos después Luis García lanza una falta y el
Bilbao monta la contra. El primer jugador al que se enfrenta Llorente es Raúl
García que no le puede hacer falta porque se va a la calle. Esa contra acaba en
gol. Si no se hubiese hecho esa falta tonta es muy fácil que hubiésemos llegado
ganando al descanso.
Esto es sólo como apunte para que quede claro que no sabemos
jugar con inteligencia, ni leer los partidos y ahora todos nosotros con un
cabreo de tres pares de narices y Gil Marín, Cerezo y Maniche descojonándose en
su casa.
Señores aficionados en sus manos está si quieren seguir consintiendo que el Gil de Madrid S.A.D siga siendo un Racing cualquiera o vuelva a ser el club Atlético de Madrid.