Te dispones a pasar toda una tarde viendo fútbol junto a tus amigos en el bar de siempre. Hay que buscar una buena ubicación porque van a ser seis horas sentado frente a la pantalla y no conviene emplazarte mal, pero cuando todavía no te ha dado tiempo a dejar el abrigo en el respaldo de la silla levantas la cabeza y ves que Sola la va a empujar solo ante Abbiati.
Lo que faltaba, si la cosa pintaba mal, salir perdiendo del vestuario. No ves al equipo capaz de reaccionar, primero por el estado moral en el que se encuentra y segundo, porque salvo Forlán, los otros diez son unos completos inútiles y mientras tratas de explicarle tu teoría a tus compañeros de mesa, Reyes la regala, la defensa vuelva a sestear y el segundo.
En ese momento coges el teléfono móvil y te dispones a hacer lo que siempre haces cada vez que hay un descalabro, aunque esta vez sin esperar al final del partido, enviarle un sms al presidente de la sociedad anónima deportiva. “Iros de una vez ladrones”. Cerezo nunca me suele responder pero esta vez a los treinta segundos mi móvil se pone a vibrar. “Tú el primero”. ¿Yo, qué?¿Ladrón o que me vaya?
Este equipo es un completo esperpento yo no se como Forlán no saca un día una metralleta y asesina a sus compañeros, a Aguirre, Pitarch y Gil Marín. No es ya el golazo que ha metido, es su entrega y profesionalidad durante todos los minutos del partido, pero un equipo donde el delantero centro tiene que bajar a pedirla constantemente al centro del campo tiene muy poco que hacer y eso lo sabemos muy bien aquí porque hemos estado varios años padeciéndolo con otro rubito que también metía golazos.
El tanto del uruguayo nos ha hecho albergar alguna esperanza e incluso se nos ha olvidado que los mediocentros eran Jurado y Cléber y que en la banda estaba Pernía que es más peligroso que llevar tu coche a pasar la revisión a las tiendas Aurgi.
Pero este equipo está muerto y ha sido incapaz de tirar entre los tres palos en toda la segunda mitad. No hay empuje, ni garra, ni orgullo. El Atleti tiene todas las carencias de los equipos pequeños, especialmente la falta de calidad y el único vicio de los equipos grandes, la ausencia de presión y sacrificio. Lo peor de todo es que no tiene ninguna de las cosas buenas de los dos anteriores porque Osasuna carece de calidad pero corren todos como tigres.
Como estos chavales no son capaces de encerrar a ningún rival cuando vamos perdiendo, ni siquiera dando pelotazos, y la defensa es la más blandita de la Liga, los navarros han tenido que hacer bien poco para anotar el tercero y dejar el partido sentenciado.
A partir de ese instante no esperen que les cuente lo que ha pasado porque he abierto “El Mundo” y me he puesto a leer las diez recomendaciones de Pedro J. a Rajoy para el debate del lunes que no es que me interese mucho pero para lo que había que ver en la tele.