Como bien saben todos aquellos que lleven mucho tiempo leyéndome, soy un cliente, de los que pagan, bastante habitual del Asador Donostiarra, incluso hubo una época que comía allí casi todos los días (pagando), por lo que mantengo una muy buena relación con su propietario Pedro Abrego, su yerno Antolín, los maîtres José, Victor, Juanma y Dani y todos los camareros.
La semana pasada en mi última visita al restaurante charlé con el personal sobre el suceso de la camiseta el día del cumpleaños de Cerezo. Pedro Abrego no se encontraba esa noche en el restaurante, así que si alguien tiene mucho interés en saber quien me ha contado la historia que le descarte.
Los hechos sucedieron tal y como voy a relatar, por mucho que luego todos los implicados, sobre todo Villar, se haya hecho el indignado alegando una conspiración contra él y un engaño.
Prosigo, en un momento de la cena Ramón Calderón empieza a hacer entrega de camisetas del Real a alguno de los presentes, se brinda, hay cachondeo y en ese instante aparece el fotógrafo del restaurante, que no sólo es fotógrafo del Asador, sino que hace fotografías en todos los restaurantes de la zona, a saber, Txistu, Portobello, Casa Juan…
La película de las fotografías es la completa que vimos a los dos días en la prensa, pero lejos de que el fotógrafo y el restaurante aprovechasen el momento de descuido para hacerse promoción, el envió no se hizo a espaldas de los presentes, ya que pasado el rato de haber tomado las instantáneas, el fotógrafo y uno de los responsables del establecimiento acuden a los presentes para textualmente, “pedirles permiso, para mandar las fotografías a su amigo Alfredo (Relaño)”.
Con la aceptación de todos los presentes del envío sin ningún tipo de objeción las fotografías se envían desde allí a la redacción del diario AS y al correo electrónico de Gaspar Rosety que además de ser un personaje de dudosa honorabilidad no se cual es su cometido real en el Madrid.
Lo que no sabemos es quien se las mandó al Marca al día siguiente.