Los finales de temporada son últimamente un suplicio para el Atleti, bien sea porque el equipo llega sin jugarse nada, como el año de Ferrando, donde hasta el derbi del Bernabéu fue un suplicio, o lo que es peor, en unas pocas jornadas el equipo dilapida el trabajo de todo el año como la temporada de Manzano donde en tres minutos se nos fue la clasificación para la UEFA contra el Zaragoza o el año pasado donde un Celta descendido nos ganó en casa mandándonos a la Intertoto.
Precisamente de esos polvos de aquella penúltima jornada vienen estos lodos, ya que el equipo está acusando a estas alturas el exceso de haber tenido que empezar el trabajo en el mes de julio y haber disputado una competición a la que se vio abocado por la insuficiencia de ganar en casa a un equipo descendido. Todo ello sumado a una no planificación deportiva
Este final de temporada no está recordando mucho a los anteriores y es que toda la era Gil esta siendo cíclica, verano ilusionante, temporada con altibajos y final frustrante fruto de una planificación nefasta que creo un verano ilusionante gracias al humo vendido por la prensa con fichajes que no valían para nada.
Vista la actitud de los últimos partidos, el equipo necesita a alguien dentro del vestuario que tire del carro y de un paso al frente. Sobre el césped sólo Agüero da la sensación de querer ganar y sólo él da la sensación de estar dolido y frustrado con las derrotas. A los demás parece que les da lo mismo.
Por su juventud no puede ser el líder del vestuario, así que el paso al frente lo tiene que dar gente como Maxi, Leo Franco, Forlán o Simao que son los líderes de la caseta y deben entender lo que se están jugando y arengar al resto para que todos salgan a comerse la hierba los cuatro partidos que quedan, que hay mucho en juego y deberían saberlo.