He pasado un día como si hoy tuviésemos que jugar una final.
Desde que me he levanto sólo he pensado en dos cosas, una es rubia, tiene ojos
azules y se llama Bea y el partido de Montjüic. Tal era la tensión que hasta he
decidido no ir a trabajar, como si me tuviese que concentrar para jugar.
Mi madre se ha encargado de comentarle a todo el que ha
llamado por teléfono el día de nervios que llevaba y mis vecinos se tienen que
saber al dedillo el “vamos Atleti vamos, Forza Atleti oe”, porque me he pasado
media tarde cantándolo. He estado a punto de ponerme el pulsómetro, pero no he encontrado lo que se pone el pecho y me he pasado todo el partido con el reloj en la mano. El domingo me lo llevo.
Desde que llevo trabajando en prensa deportiva hace diez
años, no se la de veces que he comentado que el partido era trascendental, pero
es que hoy verdaderamente era un partido clave en el que el desenlace final iba
a determinar mucho el camino hacia la cuarta plaza.
Enfrente un Espanyol que en la ida hizo un partidazo y que mostraba
síntomas evidentes de ser un aspirante a jugar la Champions, pero que en
la segunda vuelta se ha ido descomponiendo y esta noche ha sido una nueva
muestra de ello, porque los periquitos no han tirado su primer tiro a puerta
hasta la falta que Luís García ha lanzado a la escuadra a punto de llegar al
minuto 80.
El Atleti ha estado muy serio todo el partido, con las filas
muy juntas y muchos apoyos en defensa, el equipo ha sido un bloque sujetado magníficamente
por Pablo, como piedra angular, que ha hecho uno de esos magníficos partidos a
los que nos tenía acostumbrados antes de su flirteo con el Real.
Además el manchego ha estado perfectamente complementado por
Perea, impecable en las coberturas en las bandas. Es una lastima que el
colombiano no pueda jugar el domingo, porque Eller tiene más peligro que una
piraña en un bidé y Ze Castro es demasiado blandito.
Pese a estar muy consolidado en el campo, el Atleti no
acababa de tener el dominio del juego en la primera mitad y justo cuando más
estaba achuchando el Espanyol ha venido el tanto del Kun que ha vuelto a dar
una lección de juego impresionante. Podría pasarme horas ensalzando sus
regates, como protege la pelota y cada una de sus acciones, pero todo lo resume
magníficamente la frase que han dicho los comentaristas “es como un base cuando
va de frente y como un pívot de espaldas”.
Forlán sigue sin ser Forlán, pero hoy la vuelto a enchufar
sentenciando prácticamente el partido y ha vuelto a ser un ejemplo de lucha,
coraje y compromiso defensivo. El uruguayo sabe que no está bien y lo intenta
en cada acción que se ve con opciones de marcar, pero su cara en el cambio
evidencia que está enfadado consigo mismo.
Durante todo el año con estos dos nos ha bastado para hacer
mucho y con el equipo siendo un bloque, jugando si fisuras y con actitud
ganadora el resultado gana en probabilidades de que sea una victoria, aunque
como hemos estado hablando durante todo el partido “falta sentenciar” en todos
los sentidos.